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jueves, 4 de agosto de 2011

Visiones de la High Line



La High Line es una sección de 2.3 kilómetros de largo que formaba parte de la llamada West Side Line, una línea del tren que cruzó Manhattan por buena parte de la primera mitad del siglo pasado. Sin embargo, el uso del tren empezó a decaer entre los neoyorquinos a partir de los años 50's (estamos hablando de locomotoras aquí, no de subterráneos) y ya para la década de los 60's la West Side Line había sido clausurada. Algunas de sus secciones fueron demolidas, pero otras, como la High Line, yacieron abandonadas por decenas de años.


En el año 2002, el fotógrafo estadounidense Joel Sternfeld se dio a la tarea de fotografiar todo el trayecto de la High Line, la cual, para aquel momento, ya había sido tomada completamente por la naturaleza. Las imágenes de Sternfeld nos muestran una especie de micro-ecosistema vegetal que convive "hombro a hombro" con los grandes rascacielos del lado este de Manhattan.


Las imágenes son atractivas por sí solas, pero también son importantes porque documentan algo que ya no está ahí. Esto porque la High Line, a partir del 2010, fue convertida en un parque público, abierto para el deleite y la recreación de todos los neoyorquinos. Lo que antes fue una vía de transporte y luego pasó a ser una imagen más del abandono y del decaimiento urbano, se convirtió en un ejemplo de renovación paisajista de carácter inclusivo.


Anoten una victoria para los utópicos urbanos.

Para más información de la renovación de la High Line, pueden leer este artículo en Domus o visitar su página oficial. Para más fotografías de Joel Sternfeld, den click aquí.

domingo, 29 de agosto de 2010

Requiem por Detroit? (Julien Temple, 2010)


En posts anteriores en Discos La Chop Shop he tocado brevemente temas relacionados con afro-futurismo y distopía musical post-industrial, principalmente en relación con Robert Hood, su más reciente disco Omega y su trabajo en general con Underground Resistance, la agrupación de detroit techno más militante y políticamente provocadora.

En esa ocasión mencioné que el hecho de que el lugar de nacimiento del techno haya sido en Detroit no fue ningún accidente, ya que los inquietantes sonidos del género se corresponden con la lenta caída y ruina de la que supo ser una de las mayores ciudades norteamericanas. La música básicamente nos presenta una visión de Detroit como ciudad pionera de la post-industrialización primermundista.

Es ese carácter de Detroit como ciudad post-industrial que el cineasta Julien Temple explora en su reciente documental "Requiem for Detroit?", el cual fue realizado para la BBC y estrenado a inicios de este año. La tesis del documental es que Detroit es una ciudad en ruinas, desierta, peligrosa, sumida en la pobreza y abandonada a su suerte por sus antiguos ciudadanos adinerados (la mayoría blancos) que decidieron irse a vivir a los apacibles suburbios situados en las afueras de la urbe.

La película aprovecha para realizar un repaso por la historia de Detroit, poniéndole especial atención a los inicios de la industria automotriz y su impacto en el desarrollo de la ciudad. Cuna del fordismo, de la línea de ensamblaje y hogar de las Tres Grandes compañías automovilisticas de Estados Unidos, Detroit era un símbolo del futuro de la humanidad, una ciudad a la vanguardia mundial en los campos de mecanización y tecnología. Debido a esto, miles de personas migraron hacia la ciudad en busca de trabajo, convirtiendo a Detroit en la cuarta ciudad más grande de los Estados Unidos a mediados de siglo pasado. Dentro de esos trabajadores, se encontraba una gran cantidad de negros quienes, huyendo de la pobreza y la discriminación que sufrían en el Sur del país, realizaron la Gran Migración hacia Detroit (entre otras ciudades del Norte y Pacífico).


Pero la discriminación y el prejuicio no estaban ausentes en Detroit y los trabajadores negros y sus familias fueron obligados a vivir en barrios designados especialmente para su raza. Si un negro quería pasarse a vivir a un barrio de blancos, Temple nos cuenta, estos lo acosaban de tal manera que no había remedio más que irse del barrio. Lo que había en Detroit, como en muchas otras ciudades estadounidenses, era un estado virtual de apartheid en el que las zonas pobladas por negros contaban con servicios de menor calidad, provocando el descontento de su población.

Además, varios barrios afroamericanos fueron destruidos por el gobierno local con la intención de construir más carreteras y autopistas, aprovechando así el ímpetu automovilistico de la ciudad. Eventualmente los ghettos estallarían en llamas en 1967 en rebelión abierta contra los intereses políticos, económicos y sociales que los seguían discriminando.

Ante esta revuelta, la mayoría de blancos abandonaron la ciudad por los suburbios, al punto de que actualmente Detroit es una ciudad con una población negra del 81.3%. Pronto, la industria automotriz se vería severamente afectada por la competencia europea y japonesa y, al no poder reestructurarse, comenzó a perder su cuota de mercado. Las fábricas empezaron a cerrar, el desempleo aumentó vertiginosamente y con él también lo hizo la pobreza y la criminalidad. Por mucho tiempo dependiente de una sola industria, Detroit no encontró forma de superar la caída de las Tres Grandes. La crisis inmobiliaria y financiera de los últimos años vendría a ser el golpe final a los ya falseados cimientos de la ciudad.


El documental le dedica buena parte de su tiempo a relatar toda esta historia, con base en fotografías, newsreels, extractos de otras películas, sonidos de la variada tradición musical de la ciudad y entrevistas con algunos de sus habitantes nativos. Pero lo que en realidad le interesa a Temple es el presente de Detroit y la aparentemente desesperada situación en la que se encuentra.

Y es aquí cuando la película entra en terreno problemático. La estrategia seguida por Temple para mostrarnos la degradación de la ciudad es la de filmar a varios de sus entrevistados mientras conducen, usualmente en descapotados, por las calles de Detroit. Pero no son cualquier calle ya que, con unas pocas excepciones, da la impresión de que las áreas más visitadas por nuestros conductores-guías son aquellas que pertenecen a los barrios más económicamente deprimidos de la ciudad.

No solo eso, sino que Temple siente la necesidad de enfatizar el aspecto post-apocalíptico de estos barrios con la introducción de efectos de sonido "dramáticos" y "peligrosos" como balazos y el ruido de vidrios rompiéndose, lo cual le da un aspecto artificial al documental y da la impresión de de que la película no es tanto una visión de la ciudad tal como es, sino que sigue una visión particular de sus creadores.


Eso no tiene en sí nada de malo. Todos sabemos que es mentira que los documentales son completamente objetivos, tal cosa es imposible. Pero Temple, quién no conocía Detroit hasta unos meses antes de empezar a filmar el documental, evidentemente quedó fascinado por aquellas zonas de la ciudad que más han sufrido las vicisitudes económicas y por lo tanto enfocó su película en esa dirección. Esto va unido con un pensamiento que se encuentra plasmado por todo el documental de que Detroit es el primer ejemplo de la ciudad desarrollada del futuro, una ciudad "post-Americana" y post-industrial en la que las ruinas de los edificios abandonados empiezan a ser tomadas por la vegetación, las bandas de criminales peligrosos controlan los barrios y las calles de la ciudad se encuentran perturbadoramente vacías.

El último ejemplo, el de las calles de la ciudad en estado de solitud, parece especialmente manipulado por el director. En una escena, uno de los conductores asegura estar manejando por una de las arterias principales de Detroit en "hora pico" y la imagen nos muestra si acaso a 3 o 4 carros más pasando por la autopista. Cierto, Detroit ha perdido casi 2/3 de la población que tenía en los 50's. Pero esta es una ciudad que todavía cuenta con más de 900.000 habitantes. Ciudades más pequeñas como la nuestra, San José, sufren de congestiones viales considerables a todas esas horas. Es imposible que una ciudad como Detroit no las experimente.


Ese ejemplo se inscribe en esa línea de mostrar a Detroit como una ciudad de un futuro distópico. Al ver el documental, uno jura que en Detroit ya no vive nadie, excepto negros desempleados y drogadictos, pero eso claramente no es así. Detroit se sabe que es una ciudad problemática que enfrenta enormes desafíos pero Temple parece encontrar particular interés en los aspectos negativos de la ciudad, dejando de lado cualquier otro tipo de consideración acerca del presente de la ciudad. A excepción de, y esto vale la pena resaltarlo, un breve rayo de esperanza al final del documental, básicamente la razón por la que el título de la película tiene un signo de interrogación al final.

No, el futuro de Detroit no está en la revitalización económica e infraestructural del centro de la ciudad, ni en la atracción de mayores inversiones o en un mejoramiento del servicio de transporte público. El futuro de la ciudad, según Temple, pareciera encontrarse en actividades innovadoras como la agricultura urbana, la cual ha tomado auge en algunos sectores de la ciudad, especialmente en aquellos en que propiedades han sido quemadas o abandonadas. Esos terrenos dejados al olvido ahora son utilizados por los habitantes de esos barrios para sembrar huertas, ayudando a regenerar el aspecto visual y social de los barrios al mismo tiempo que garantiza una alimentación saludable a quienes se benefician de los productos del huerto, incluso con la posibilidad de comerciar el excedente.

Lamentablemente la película no ahonda en detalle acerca de iniciativas como esta o la del Projecto Heidelberg, un proyecto artístico ideado por Tyree Guyton que busca regenerar un barrio de Detroit por medio del arte. Las menciones a estas actividades son incluidas en una especie de epílogo que busca dejar espacio para la esperanza, pero el grueso de la película se enfoca en el "réquiem" más que en el "?".


Requiem for Detroit? es un documental interesante y provocador, recomendado para aquellos que quieran conocer más del ascenso y caída de una gran ciudad. Pero una más profunda exploración de las posibilidades de regeneración e innovación en las ciudades post-industriales del siglo XXI quedará como tarea pendiente para otro documental.

Requiem for Detroit? se puede ver entera aquí por medio de YouTube.


martes, 27 de julio de 2010

Siempre quise ser un gángster (Samuel Benchetrit, 2007)




Pero no en el siglo 21.

Eso es lo que nos parece decir Samuel Benchetrit en esta nostálgica película llena de humor negro. Compuesta por 4 viñetas separadas más un epílogo, Siempre quise ser un gángster es un filme dedicado a criminales fracasados, ladrones amateur y delincuentes cuyos mejores momentos sucedieron hace mucho tiempo. Lejos de exaltar la figura del gángster, como hasta cierto punto lo hace la película que inspiró su nombre, lo que hace Benchetrit es demostrarnos humoristicamente que la era del criminal glamouroso, atractivo e ingenioso ya pasó a la historia.

Pero, más allá de las buenas actuaciones y el fino guión, lo que logró que la película se me grabara en la mente, hasta el punto que ya la he visto 3 veces, es la conexión que realiza entre la desaparición del clásico gángster y la creciente alienación urbana de los suburbios franceses. Benchetrit sitúa a su película no en una ciudad (ni siquiera sabemos en qué parte de Francia ocurre la acción) sino en un entramado interminable de autopistas, funcionales edificios de apartamentos y restaurantes al borde del camino. Todas estas carreteras y edificaciones se ven prácticamente iguales la una de la otra, lo que resalta el sentimiento generalizado de desorientación del que sufren estos criminales frustrados.



Esta desorientación se observa más explícitamente en el segmento dedicado a los viejos gánsters retirados, quienes, al volver a los lugares de sus antiguas fechorías, encuentran una cafetería (en vez de su escondite) y un McDonald's (en lugar de un banco al que solían robar). Su intento por un último golpe en ese restaurante se ve frustrado, como al igual se ven frustrados casi todas las fechorías retratadas en esta película.

El viejo arquetipo del gángster cinematográfico se encuentra a sí mismo perdido en el estéril entramado de concreto de los suburbios modernos. ¿La pérdida de un iluso sueño infantil como metáfora del fracaso del plan urbano modernista? ¿Un ejemplo cinematográfico de determinismo ambiental en la mente criminal? Siempre quise ser un gángster es un ejemplo de una película que trasciende su tema principal para explorar temas que afectan a nuestras sociedades y ciudades contemporáneas.



Viendo estas imágenes, es evidente la influencia de Antonioni (especialmente películas como L'Avventura y L'Eclisse) en la concepción visual de Benchetrit para esta película. Y al igual que las cintas de Antonioni, este filme tiene a una atractiva actriz en su centro. Sin tener esa expresión de vacío existencial que caracterizaba a Monica Vitti, Anna Mouglalis logra reflejar una combinación de seguridad, tristeza y humor que evita que la película se pierda en sus ocasionales diálogos Tarantinescos.

Mouglalis, además de ser su pareja en la vida real, también será la actriz principal de la próxima película de Benchetrit, Chez Gino. Ojalá que sea solo el inicio de una fructífera colaboración en la pantalla grande.