jueves, 25 de junio de 2009

Nuevos Cineastas Latinoamericanos: Lisandro Alonso (Argentina)

Lisandro Alonso, el más minimalista de los nuevos directores argentinos, nació en Buenos Aires en 1975. Estudió cine en la Universidad del Cine y trabajó como sonidista a finales de los 90’s en Mundo Grúa de Pablo Trapero. También fungió como director asistente en Sobre la Tierra de Nicolás Sarquis hasta que en el 2001, a los 26 años, logró realizar su primera película.

La Libertad nos muestra un día en la vida de Misael (interpretado por Misael Saavedra), un solitario leñador que trabaja en una finca en La Pampa argentina. Vemos a Misael cortando leña, defecando, almorzando, mojándose el pelo para combatir el calor, entregando troncos a un comprador de madera, conduciendo un carro, llenando el tanque de gasolina, matando un armadillo, escuchando la radio, etc. Y eso es básicamente todo. La película es sumamente naturalista y documentalesca con la cámara posicionada sobre Misael prácticamente durante la totalidad de su duración (excepto por una breve escena en que la cámara se “libera” y da vueltas por todo el bosque mientras Misael descansa), documentando todos sus movimientos y sus mínimas interacciones con otras personas (Alonso en general no es muy amigo del dialogo). Pero a pesar de su simplicidad, la película es también una exploración de la relación del hombre con la naturaleza.

Micael, quien vive solo adentro de la finca en que trabaja, pareciera tener una relación conflictiva con la vegetación que le rodea. No hay armonía, no hay sostenibilidad; el bosque es amenazante y hostil lleno de una cacofonía de sonidos que inundan los oídos en todo momento y no dan espacio para la tranquilidad. Micael responde quemando leña para sus fogatas, cortando arboles desde la raíz para ganarse su vida y cazando animales para alimentarse (en este caso, un armadillo). En la escena final de la película, el resplandor de los relámpagos de una tormenta en formación inunda la pantalla mientras Micael come armadillo. La naturaleza amenaza, Micael no claudica. La confrontación está puesta.

Alonso seguiría explorando la relación entre el hombre y la naturaleza en su segunda película, Los Muertos (2004), en la que un hombre llamado Argentino Vargas (interpretado por Argentino Vargas) es liberado de una prisión en Corrientes y viaja en búsqueda de su hija y nietos quienes viven en unas islas internadas en el corazón de un lago. Siguiendo el formato naturalista de su anterior película, aquí seguimos a Vargas en todas sus labores y predicamentos (incluida una extendida escena en la que degolla y destripa a una cabra). Pero si La Libertad llevaba esa contemplación a un punto de tedio, aquí la historia se mueve con un mejor ritmo que evita el aburrimiento (probablemente gracias a que esta es una road movie mientras que la anterior era, bueno, un tipo cortando leña).

En Los Muertos, la batalla entre la naturaleza y el hombre pareciera haber sido ganada por este último. Argentino es un hombre tranquilo y taciturno que, aún así, pareciera tener completo dominio sobre su entorno. Las islas y el lago en el que viaja durante gran parte de la película podrán ser calientes, misteriosas, llenas de insectos y de animales extraños para el espectador; pero Vargas pareciera conocer todos sus secretos. Aún cuando un enjambre de mosquitos o abejas se hace presente, Vargas ni se inmuta: sigue en su camino confiado de que nada le pasará. Pero si esa batalla parece haber sido ganado por el hombre, Los Muertos sugiere un confrontamiento mayor entre los mismos humanos: un personaje sugiere que el crimen por el que Vargas acabó en prisión fue el homicidio de sus hermanos, Vargas tiene sexo con una prostituta mientras las hijas de esta juegan semi-vestidas cerca de donde se consume el acto, la película inicia con cuerpos humanos ensangrentado en la selva mientras un hombre camina con sus manos llenas de sangre, en la ambigua escena final Argentino sostiene un machete antes de entrar a la choza con su nieto; todas estas escenas son un indicador de esa nueva tensión. Una vez que el hombre dominó a la naturaleza y los animales, solo le quedaba dominar a su propia especie.


Fantasma (2006), de apenas una hora de duración, es una especie de conclusión a la historia de Misael y Argentino, una manera para Alonso de unir el destino de estos dos personajes. A diferencia de los campos abiertos de las dos anteriores películas, el escenario de Fantasma se reduce a un solo edificio en el que se encuentra un pequeño cine en el cual se está exhibiendo Los Muertos. El actor principal de esa película, Argentino Vargas, deambula desorientado por el edificio hasta llegar a la sala en la que él y una joven, cuyo nombre y profesión nunca conocemos, son los únicos espectadores de la función. Al mismo tiempo, Misael ronda sin destino aparente los pasillos oscuros del edificio, algunos de los cuales parecen tan amenazantes y hostiles como la vegetación salvaje de La Libertad.

Lo que Alonso hace en Fantasma es resaltar la alienación del ser humano en la sociedad contemporánea. Lejos de la vitalidad y hostilidad con el entorno natural que los acompañaba en sus películas anteriores, Misael y Vargas se encuentran perdidos en un ambiente frío, estéril, descuidado y alienante. Fuera de su elemento natural, estos dos personajes no hacen más que perderse en esta selva de concreto. Pero Fantasma también pareciera cumplir una doble función: por un lado se puede considerar como un experimento con el que Alonso juega con las percepciones de naturalismo documentalista de sus películas. Al presentar a los actores (interpretándose a si mismos) viéndose pasivamente en la pantalla (interpretándose a si mismos), Alonso resalta el carácter ambiguo de sus películas, en el que los personajes no son tanto personajes sino que son figuras detenidas en el punto limítrofe entre la realidad y la ficción. Y por otro lado, Fantasma, muy al estilo de Goodbye Dragon Inn de Tsai Ming Liang, funciona como un comentario acerca de la muerte de los cines alternativos. Alonso se pone a sí mismo como ejemplo, poniendo en el centro de su película a un viejo cine casi desierto exhibiendo Los Muertos. Las audiencias abandonan los cines alternativos. Estos cines alternativos cierran. Y lo único que queda son fantasmas de un tiempo pasado.


En Liverpool (2008), seguimos a un marinero de nombre Farrel quien, al atracar su barco en el puerto patagónico de Ushuaia, decide bajar a tierra y visitar a su familia con la cual no tiene contacto desde hace mucho tiempo. Al mejor estilo de Alonso, la cámara se queda en Farrel recorriendo Ushuaia, viajando hasta el pueblito en el que vive su familia, comiendo, tomando licor (una botella es su fiel acompañante), durmiendo, viendo al horizonte, etc. Una vez que Farrel llega adonde su familia, queda claro que la conexión emocional entre estas personas es nula por lo que a la primera oportunidad él decide escabullirse de la casa y volver a su barco. Si esto fuera Los Muertos o La Libertad, seguiríamos con Farrel en el barco hasta que la película llegara a su fin. Pero en Liverpool Alonso hace algo que no había hecho en sus películas anteriores: cambia el punto de vista. Le decimos adiós a nuestro personaje principal y por los últimos 20-30 minutos de la película nos quedamos con su distanciada familia en el pequeño y frío pueblo en el que pasan su existencia, alejados de todo símbolo de civilización o de argentinidad.

Liverpool es notable también por su desarrollo de personajes, algo casi inexistente en sus anteriores películas. Aquí, si bien mínimamente, somos llamados a hacer una conexión emocional con los personajes, nos vemos forzados a reaccionar de alguna manera ante sus vicisitudes y su estilo de vida. Liverpool no es una película de conflictos entre el hombre contra la naturaleza o del hombre contra el hombre, es una película de la soledad de un hombre y su incapacidad para forjar relaciones afectivas con sus “seres queridos” ni con los lugares que visita. Un día es Ushuaia, otro día es Liverpool. No hay diferencia. Pero su familia, que se queda atrás, no tiene otra opción más que seguir con las labores diarias en un lugar congelado y olvidado por el tiempo.

Lisandro Alonso es un director único en el cine Latinoamericano. Jugando entre el límite de la ficción y el documental, se va meses antes de empezar la filmación a conocer la locación de sus películas, se queda viviendo ahí un tiempo, se mezcla con los nativos, aprende de su forma de vida y de su manera de pensar y los utiliza como actores principales en sus filmes. Sus películas se enriquecen de este naturalismo pero no se limitan a simplemente documentar, están llenas de subtextos y de significados cuya interpretación puede variar de espectador a espectador. La filmografía de Lisandro Alonso nos presenta un mundo en conflicto con la naturaleza, con los animales, con los seres humanos, con las emociones y con la cultura. Pocos directores latinos actuales han comunicado tanto con tan poca parafernalia técnica o histriónica.

En el próximo artículo de esta serie cruzamos el Río de la Plata para realizar una breve visita al cine de Uruguay.

lunes, 8 de junio de 2009

Nuevos Cineastas Latinoamericanos: Pablo Trapero (Argentina)

Continuamos este repaso por los nuevos cineastas latinoamericanos con un director desconocido para mí hasta este momento: Pablo Trapero. Nacido en Ramos Mejía, provincia de Buenos Aires en 1971, realiza sus estudios como director en la Universidad del Cine en Buenos Aires. Durante este tiempo, filma dos cortometrajes: Mocoso Malcriado (1991) y Negocios (1993). En 1996 fundó junto con otros directores la compañía de producción “Cinematográfica Sargentina” con la que produjo en 1999 su opera prima.


En Mundo Grúa, Luis Margani interpreta a Rulo, un exitoso músico en la década de los 70’s que ahora se ve reducido a ser un obeso y divorciado desempleado en busca de cualquier trabajo que le permita ganar un poco de dinero. Con él vive su hijo veinteañero Claudio (Federico Esquerro, frecuente colaborador de Trapero tanto detrás como delante de la cámara), un perezoso y desmotivado músico de rock que pareciera estar siguiendo el mismo camino de su padre hacia un futuro de penurias económicas. El nombre de la película viene de un trabajo que consigue Rulo operando grúas en proyectos de construcción en Buenos Aires.

Mundo Grúa es una película en la tradición neorrealista más pura. Filmada en blanco y negro en stock de 16 mm, con varios actores no profesionales y un presupuesto casi inexistente; Trapero presenta la vida de la clase trabajadora argentina con un tono cómico y afectivo pero también presentando su lado más oscuro y desesperante (la ultima toma de la película muestra la mitad de la cara del Rulo iluminada por la luz y la mitad oscurecida por la sombra). La trama de la película es mínima, la película viene a preocuparse más por estos personajes lo cual puede llevar a escenas extendidas que parecen no adelantar la historia. Usualmente soy abierto a este tipo de enfoque narrativo, pero en algunas partes me dio la impresión de ser un mediometraje extendido innecesariamente. Algunos personajes no son lo suficientemente desarrollados como Adriana (con quien Rulo pareciera empezar una relación) o el mismo Claudio. Pero a pesar de mis reservas, Mundo Grúa es un debut muy auspicioso, con un personaje central memorable, que sorprendió a propios y extraños cuando fue estrenada en 1999.

El buen recibimiento obtenido por su debut le permitió a Trapero más recursos para realizar su segunda película, El Bonaerense (2002), la cual incluso fue seleccionada para la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes. Aquí el personaje principal es el Zapa, un cerrajero de un pequeño pueblo que se ve involucrado en un robo por lo que, para evitar ser apresado, huye a Buenos Aires. Una vez ahí, y gracias a las conexiones de su tío, logra entrar a la academia policial a pesar de tener una edad mayor al límite.

El Bonaerense es filmada a color pero con un estilo neo-realista, crudo y granulado muy parecido a Mundo Grúa. Pero si esa película se enfocó más que todo en el tema del desempleo, está trata este tema pero lo une con el problema de la corrupción sistematizada del aparato policial argentino. Pero la corrupción no se encuentra solo en la policía, esto es solo un síntoma de un problema cuyas raíces se encuentran en lo más profundo de las clases gobernantes. Para Trapero, Buenos Aires, el centro político y económico de Argentina, es sinónimo de corrupción y esta logra manchar tanto al político más ladrón como al policía de la estación más cercana. Pero por toda su crítica, El Bonaerense no moraliza, sino que toma un paso atrás y simplemente se encarga de mostrarnos su historia con una impersonalidad casi objetiva. Esta es la película más aclamada y conocida de Tropero; y con buena razón.

Justo cuando pensábamos que Trapero se iba a convertir en el director de la degradación social, nos tira una bola curva con Familia Rodante (2004), película en la que, como bien lo indica su nombre, una familia hace un viaje en una casa rodante de Buenos Aires hasta Misiones con la intención de asistir a una boda de un familiar que ni siquiera conocen. Esta es la película más light y accesible de Trapero por lo que tal vez pueda ser considerada como su menos estimulante. Pero si bien no es tan cargada como sus otros filmes, Familia Rodante es muy entretenida y disfrutable; con un gran ensemble de personajes que logran que los minutos se pasen volando.

Si bien la película no puede evitar caer en algunos clichés del genero de road movies (los desperfectos mecánicos del carro son la orden del día) las conflictivas relaciones entre los personajes y un subtexto de tensión sexual entre algunos de ellos mantienen la tensión dramática en un alto nivel. Mención especial tiene que ir para Graciana Chironi, la abuela de Trapero en la vida real, que interpreta a la matriarca de la familia y es la responsable de mantener unida a esta disparatada amalgama de personajes. Su expresión facial en los segundos finales de la película, que pareciera resumir todo su descontento con su familia y el estado de la sociedad en general, es un momento sobresaliente de toda la filmografía de Trapero.

Nacido y Criado, su cuarta película lanzada en el 2006, inicia de la manera más blanda y poco interesante posible: con una joven pareja de acaudalados y atractivos diseñadores de interiores quienes viven en su impecable casa modernista con su adorable hija de 7 años. Los primeros quince minutos de la película se encargan de presentar con lujo de detalles lo idílicamente aburrida que puede ser la cotidianidad de esta familia, hasta el punto que rápido se hace evidente que una catástrofe es inminente. En esto Trapero no falla: la familia sufre un grave accidente automovilístico y todo se va a la mierda.

En un tiempo indeterminado después del accidente, nos volvemos a encontrar con Santiago, el padre de la familia, quien ahora está viviendo una existencia precaria trabajando como operario de un aeropuerto prácticamente abandonado en la Patagonia argentina. Las condiciones climatológicas son hostiles, el trabajo es casi inexistente, el entretenimiento se reduce a una sola taberna de pueblo y la única compañía son sus compañeros de trabajo Robert y Cacique. Rápidamente se hace claro que Santiago está escapando de la memoria del accidente, por lo que frecuentemente es victima de ataques de rabia, convulsiones y alucinaciones. Nacido y Criado es una exploración de la culpa y el conflicto emocional en el que la severidad y adversidad del paisaje patagónico funcionan como reflejos del conflicto emocional que sufre Santiago en su interior. Un filme difícil, desconcertante y doloroso, Nacido y Criado es, en mi opinión, el punto alto de la filmografía de Trapero (aunque no sea una opinión muy compartida) y un gran ejemplo de su creciente dominio del lenguaje cinematográfico.

Leonera es la ultima película de Trapero y tuvo el merito de haber competido en la Selección Oficial del Festival de Cannes del año pasado. Julia (interpretada de una manera casi visceral por Martina Gusman, esposa de Trapero en la vida real y quien, en un mundo perfecto, se hubiera ganado toda clase de premios por esta actuación) es una joven acusada por el asesinato de su novio en confusas circunstancias que no quedan del todo claras. Mientras se determina si es inocente o culpable de ese delito, Julia es enviada a una prisión para mujeres en las afueras de Buenos Aires. Pero hay un dato de no menor importancia: Julia está embarazada por lo que es recluida con las demás prisioneras embarazadas o con hijos (aparentemente según la ley argentina, una mujer encarcelada puede criar a su hijo en prisión hasta que este cumpla 4 años) . Julia, quien al inicio no pensaba en otra cosa más que abortar, se ve confrontada con la obligación de criar a su hijo en un ambiente completamente inapropiado para esta labor.

Leonera es muchas cosas: una critica del sistema judicial argentino, una mirada a las deplorables condiciones carcelarias, una exploración de la organización social y personal formada por las reclusas de estos centros de detención. Pero, principalmente, Leonera trata de una mujer y el amor que tiene por su hijo. Instinto maternal a su más crudo es lo que Trapero nos presenta en esta película por medio de la habilidad de estas madres para hacer todo por sus hijos aún en las condiciones más desfavorables. Con Leonera, Trapero termina de explotar en la escena cinematográfica mundial con un trabajo maduro que demuestra notable seguridad narrativa y una excelente dirección de actores.

Antes de cerrar este articulo, un par de consideraciones con respecto a la filmografía en general de Trapero. La primera tiene que ver con la manera casi impresionista en que se desarrollan los personajes en estas películas. No siendo amigo de dar demasiado trasfondo en la vida de estos, Trapero se limita a darnos en cada escena breves pinceladas de la vida y personalidad de estos personajes, pinceladas que para el final de la película terminan formando un cuadro entero en el que nos sentimos familiarizados con estos personas aún cuando sabemos relativamente poco de su vida pasada. Los personajes son desarrollados poco a poco, sus cambios y sus transformaciones son manejadas de manera sutil y casi que sorpresiva; Trapero humaniza a estos personajes frente a nuestros propios ojos de una manera casi imperceptible.

El segundo aspecto tiene que ver con las locaciones en las que se desarrollan estas películas. En una reciente entrevista que leí, un músico holandés que vivió durante varios años en Argentina respondía a una de las preguntas (no recuerdo exactamente cuál era) diciendo que los bonaerenses, por su condición de vivir en un puerto, siempre habían tenido su mirada dirigida hacia afuera, hacia el otro lado del Atlántico. Pero que desde la crisis política y económica de inicios de década, los bonaerenses cada vez más veían para adentro y mostraban más interés por los encantos que guardaba su inmenso país. No sé que tan cierto sea esto, pero a como sea, Trapero es el representante cinematográfico de ese “ver para adentro”. Identificando a la ciudad capital directamente con esa corrupción que llevó a la crisis, Pablo Trapero busca en el interior de su país un lugar para exorcizarse de esa desintegración social con la que relaciona a los conglomerados urbanos de Buenos Aires. Ya sea Comodoro Rivadavia en el caso de Mundo Grúa, o Misiones en Familia Rodante, la Patagonia en Nacido y Criado o la frontera con Paraguay en Leonera; los personajes de estas películas siempre buscan escapar hacia un lugar más seguro, más inocente, más humano.

Si este artículo suena excesivamente positivo en algunas partes, me tendrán que disculpar. Estas películas no son perfectas y a todas se le pueden encontrar problemas, ya sea en su pacing, en el desarrollo de sus personajes secundarios o en su tendencia a dar vueltas alrededor de la trama antes de llegar al desenlace. Pero mi entusiasmo se debe a la siempre grata sorpresa de encontrar a un director del que no conocía nada y del que ahora ya no puedo esperar para ver su siguiente propuesta.

viernes, 29 de mayo de 2009

El Eternauta

El Eternauta es una historieta argentina escrita por Hector Germán Oesterheld y dibujada por Francisco Solano Lopez. Fue publicada de 1957 a 1959 en la revista Hora Cero Semanal y ha sido reeditada en forma de libro varias veces a lo largo de los años. Se le considera uno de los trabajos más importantes de la historia del cómic argentino.

A grandes rasgos, El Eternauta trata de una invasión extraterrestre a la Tierra y de los esfuerzos de un puñado de argentinos para proteger al planeta y, de paso, salvarse a ellos mismos. Los extraterrestres, para apoderarse del planeta y esclavizar a los humanos, utilizan todo un arsenal de malévolas herramientas como nevadas radioactivas (prácticamente toda la historia se sitúa en una desolada Buenos Aires cubierta por la nieve), temibles bestias llamadas Gurbos que destruyen el pavimento con solo caminar en él, lanzarayos pulverizadores, etc. Pero a pesar de que las posibilidades de victoria son casi nulas, los pocos humanos sobrevivientes siguen luchando convencidos de que es mejor morir valientemente en batalla antes que pasar el resto de sus días como esclavos a merced de los invasores.

El Eternauta es una obra profundamente humanista en la que se rescatan valores como el coraje, la esperanza y, especialmente, la solidaridad al mismo tiempo que funciona como una critica contra el imperialismo y la amenaza de los golpes de estado militares que siempre estuvo latente en la Argentina de los tiempos de Oesterheld. Después de esta primera parte del Eternauta, Oesterheld publicaría una secuela con un contenido político más marcado lo que lo llevó a tener problemas con los regímenes autoritarios que gobernaron Argentina durante los años 60's y 70's.

El mismo Oesterheld resultó ser una víctima más de estos regímenes militares al ser secuestrado por la junta del llamado Proceso de Reorganización Social en 1977. Sus restos nunca fueron encontrados. Pero antes de morir, dejó una marcada influencia en el cómic argentino siendo El Eternauta probablemente su obra cumbre. Entretenida, emotiva, inconformista, triste y, a la vez, esperanzadora; El Eternauta es una prueba más del gran poder subversivo que pueden tener las historietas en nuestras sociedades.

Si pueden, comprenlo. Pero si no, en Taringa es posible encontrar muchos links para bajar el cómic original y sus secuelas. Aquí va uno de ellos y otros links de interés.

El Eternauta en Taringa
Hector German Oesterheld en Wiki
El Eternauta en Wiki

Lucrecia Martel actualmente se encuentra en pre-producción de una adaptación para el cine de El Eternauta. Se espera que sea estrenada en el 2010/2011.

viernes, 15 de mayo de 2009

Breves Notas Sobre Mi Reciente Viaje a Asia



Viaje cinematográfico, por supuesto. Ya quisiera tener la plata para ir de verdad. Pero mientras eso ocurre, el cine tendrá que ser suficiente. Y con la calidad del cine asiático contemporáneo, hay con que mantenerme ocupado. Pero para empezar, un breve regreso en el tiempo.

Advertencia: estas notas serán todo menos breves.

Prólogo.


Tokyo Story (Yasujiro Ozu, 1953) . Necesité dos intentos diferentes para poder ver este clásico de la cinematografía mundial. La primera vez me quedé dormido a la mitad y la segunda vez tuve que luchar más de una vez contra el sueño. Esto no significa que la película sea mala pero si quiere decir que tiene su propio ritmo (sí, eso quiere decir que es bien lenta). Es una película contemplativa y sutil aún para estándares art-house y hay que entrar en su ritmo para poder disfrutarla, algo que no logré. Aún así, los temas que trata y las imagenes de la película son lo suficientemente poderosas como para resonar tiempo después de haberla visto. Y es el tema principal de la película la razón de esta regresión en el tiempo: la historia de Tokio en la posguerra es una de incesante urbanización e industrialización en la que las relaciones familiares tradicionales se ven desmembradas ante la nueva obsesión por la acumulación de riquezas materiales. Tokyo Story fue una de las primeras películas en documentar este cambio por lo que es notable su influencia en películas más actuales que también abordan esta tensión entre tradición y modernidad.


Ikiru (Akira Kurosawa, 1952). Mientras que Tokyo Story (lanzada apenas un año después) se enfocaba en el resquebrajamiento del núcleo familiar, Ikiru del maestro Kurosawa se enfoca en la obsesión por el trabajo como vía para mejorar el estatus socio-económico (el trabajo como estilo de vida, básicamente). Ikiru se puede traducir al español como "vivir" y eso es exactamente lo que la película trata de rescatar por medio de la conmovedora historia de un anciano moribundo en busca de un significado para su vida luego de años malgastados en un irrelevante trabajo burocrático. Si bien las observaciones planteadas por estas dos películas se reducían en ese momento a Japón, pronto, como veremos, se harían aplicables al resto de Asia.

Ahora si, a lo que vine.

Japón


Café Lumiere (Hou Hsiao Hsien, 2003). Hou en realidad es uno de los directores más aclamados de Taiwán pero esta película, concebida como manera de homenaje por el centenario del nacimiento de Yasujiro Ozu, fue filmada en su totalidad en Japón. En ella, Yoko es una reportera que se da cuenta sorpresivamente de que se encuentra embarazada. Ante las objeciones de sus padres, toma la decisión de criar a su hijo por su propia cuenta al mismo tiempo que desarrolla una especie de relación platónica con el dueño de una librería a la que suele frecuentar. Café Lumiere, como se podría esperar al ser un homenaje a Ozu, se encarga de explorar las complejidades de las relaciones familiares y las diferencias entre una nueva generación más liberal y la vieja generación tradicionalista de padres y abuelos. También es una meditación acerca del irresistible paso del tiempo y avance de la modernización (representado, como Ozu, por constantes tomas a trenes en movimiento). El estilo de Hou es sumamente calmado y sutil y la película en realidad no logra mayor efecto emocional en el espectador, pero los temas que trata la convierten en un apropiado inicio para este “viaje”.


Milennium Actress (Satoshi Kon, 2001). Aunque a muchos les guste tirarlo debajo del bus, el manga y el animé indudablemente son un aspecto importante de la cultura popular japonesa. Yo no soy un fanático del género (y honestamente no comprendo la FASCINACION de algunas personas por él) pero de vez en cuando aparecen películas que trascienden las idiosincrasias del género para convertirse en éxitos internacionales, por lo menos a nivel de festival. De Satoshi Kon había visto hace un tiempo su Tokyo Godfathers la cual me impresionó mucho por lo que decidí hurgar más en su filmografía. En Millenium Actress, Tachibana es un documentalista obsesionado por Chiyoko, una famosa actriz de tiempos de la posguerra que se ha convertido en una reclusa al llegar a la vejez. Tachibana decide filmar un documental acerca de su vida y es durante la entrevista con Chiyoko que la trama se desenvuelve ya que su vida es presentada por medio de flashbacks y clips de las películas en que actuó. Además, Tachibana y su camarógrafo aparecen como espectadores de los flashback de la vida de Chiyoko e incluso aparecen como actores en los clips de las películas. Esto hace que el distinguir entre lo que sucedió en la vida real, lo que es fantasía cinematográfica y lo que es la imaginación de Tachibana sea una misión prácticamente imposible.

Pero enfocarse excesivamente en comprender esto es perderse el punto de la película ya que el objetivo de esta es representar precisamente eso: la dificultad de separar entre la ficción y la verdad a la hora de contar una vida y los múltiples "personajes" que una persona puede encarnar a lo largo de los años. Y obviamente, con su recreación de clips de películas japoneses, Millenium Actress también termina siendo una celebración del cine y del papel que este puede tener en nuestras vidas.

Taiwán


Rebels of the Neon God (Tsai Ming Liang, 1992). Quien pensará en los niños? Tsai piensa en ellos. O mejor dicho, en los adolescentes., cuyas crisis de identidad provocadas por los vertiginosos cambios sociales los convierten en uno de los grupos más afectados psicológicamente por la globalización. En este caso, tenemos a Hsiao Kang, un colegial alienado de sus padres que decide huir de casa y perderse en las calles y centros comerciales del Dios de Neón:la ciudad de Taipei. Ahí encontrará a Ah Tze, un joven ladronzuelo a quien Hsiao admira y envidia por su habilidad para manejarse en la ciudad de manera suelta y relajada. Rebels of the Neon God es la primera película de Tsai, uno de los directores más importantes del cine asiático contemporáneo, por lo que se pueden esperar las típicas fallas de una opera prima: falta de enfoque, problemas de estructura, poca experiencia del director, etc. Pero para aquellos como yo que tienen una fascinación por las representaciones cinematográficas de las grandes metrópolis, Rebels of the Neon God es una disfrutable travesía por la desorientación física y psicológica provocada por una ciudad ultra moderna pero a la vez emocionalmente fría como Taipei.

Filipinas


Summer Heat o Kaleldo (Brillante Mendoza, 2006). Filipinas tiene una industria de cine independiente y underground de larga tradición, a pesar de que su impacto en el tour festivalero ha sido mínimo. O así lo era hasta que llegó Brillante Mendoza, director cuyas películas han recibido reacciones muy mezcladas pero que ha logrado una de las hazañas necesarias para ganar prestigio internacional: convertirse en un favorito del Festival de Cannes. Mendoza ha filmado 8 películas desde su debut en el 2005 con la controversial Masajista, siendo esta su segunda película. Kaleldo es un drama familiar que sigue a tres hermanas, sus problemas amorosos y las cicatrices emocionales que les ha dejado su dominante padre. La historia no es nada que no se haya visto antes y la película en sí no es innovadora pero lo que si presenta una seguridad narrativa que permite a Kaleldo convertirse en un drama solido que empieza dubitativamente pero termina siendo interesante y conmovedor, especialmente el segmento enfocado en la hermana lesbiana y la interacción de la familia con su novia.

Tailandia


Tears of the Black Tiger (Wisit Sasanatieng, 2000). Tres años antes de que Apichatpong Weerasethakul alcanzara aclamación internacional con Blissfully Yours, Tears of the Black Tiger fue la película que puso al cine tailandés contemporáneo en el mapa al convertirse en la primera película tailandesa en ser seleccionada para competir en Cannes. Pero mientras que el cine de Weerasethakul está lleno de simbolismos a veces difíciles de descifrar, Tears of the Black Tiger es una película de puro entretenimiento que funciona como parodia de las películas de acción tailandesas de los 60’s (las cuales parecieran ser una mezcla de clichés provenientes del western de Hollywood y Bollywood) y como una celebración de todo lo kitsch y excesivo. Apropiadamente, los diálogos son genéricos y la trama, un romance imposible entre un bandido de clase baja y la correcta hija de un gobernador, no podía ser más predecible. Pero la explosión de colores sobresaturados, las escenas de acción exageradas, la “épica” banda sonora y la inventiva visual generalizada son suficientes como para hacer de Tears of the Black Tiger todo un espectáculo. A Tarantino de seguro le encantó esta mierda.

Hong Kong


Election (Johnnie To, 2005). Hablando de Tarantino, esta fue su película favorita del 2005. Election es una película del género de crimen en la que dos hombres pelean por el poder interno en una de las tríadas de Hong Kong. Al oír esa descripción uno bien podría pensar en que la película es pura matazón y baño de sangre. Pero en realidad la violencia es relativamente mínima (lo más seguro con la intención de que cuando aparezca se sienta como algo significativo en vez de algo monótono) y el filme se enfoca más en la conflictiva relación entre los dos hombres luchando por el liderazgo de la organización. Al parecer, no solo las familias tradicionales se han desintegrado durante la época de globalización. La “familia” criminal de la Tríada también ha sufrido problemas en la Hong Kong verticalmente celestial (podrá verse el cielo en Hong Kong estando uno en la calle?). Pero la película se queda a medio camino entre ser un estudio psicológico o una película de acción por lo que en ninguno de los dos frentes satisface. Es entretenida y para los fanáticos de este tipo de películas puede ser una muy buena opción, pero probablemente no es la mejor introducción al cine contemporáneo de Hong Kong.


Chungking Express (Wong Kar Wai, 1994). Esa introducción se la dejamos al mundialmente aclamado Wong Kar Wai, conocido por sus exploraciones de la cultura urbana de su natal Hong Kong. Wai favorece las escenas de noche, las calles congestionadas, los silencios atmosféricos y las miradas cómplices, todo acompañado con nostálgicas bandas sonoras. Y en Chungking Express es posible encontrar todas estas características. La película está dividida en dos historias relacionadas que comparten la “soda” Midnight Express como locación principal: en una un policía llamado He Qiwu, quien tiene dificultades para superar el rompimiento de su relación con su novia, intenta seducir el día de su cumpleaños a una misteriosa mujer de peluca amarilla y conexiones en el bajo mundo. En la segunda historia otro policía (quien no pareciera tener ningún tipo de relación con el primero) de igual manera sufre un reciente rompimiento sentimental al mismo tiempo que Faye, la nueva empleada del Midnight Express, se enamora de él.

Chungking Express muchas veces resulta ser visualmente intoxicante; pocos pueden filmar el caos organizado de una ciudad como Hong Kong de la manera tan estilizada que lo hace Wai. Pero si bien la película siempre logra mantener la atención, algunas secuencias se pasan de largas y pueden resultar excesivamente "quirky". Esto principalmente aplica para la segunda historia, la cual dura el doble que la primera pero es menos interesante que esta. Pero Wong Kar Wai rara vez falla y aunque esta película no llega a las alturas de un In The Mood for Love sí tiene suficientes elementos como para hacerla una parada recomendada.

Y bueno, hasta aquí llegó la plata (o el espacio en el disco duro). Quedan pendientes países como China, Malasia y Corea. Será para la próxima.

El autor recientemente se dio cuenta de que le atraen perdidamente las mujeres asiaticas. Probablemente estas películas tuvieron algo que ver.

lunes, 27 de abril de 2009

Nuevos Cineastas Latinoamericanos: Israel Adrián Caetano (Argentina)

Israel Adrían Caetano nació en Montevideo, Uruguay pero desde su adolescencia vive en Argentina, país en el que ha realizado la mayor parte de su carrera profesional. Después de estudiar cine en Francia y Argentina, se dedicó a trabajar en televisión, filmar videos musicales y producir cortometrajes (uno de los cuales, Cuesta Abajo, ganó en 1994 un premio especial del Instituto Argentino de Cine). Su debut en la gran pantalla se daría hasta 1998 con la película que, según algunos, dio inicio a lo que se conoce como la Nueva Ola del Cine Argentino. Sea o no el verdadero responsable de iniciar este pseudo-movimiento (más un nombre dado por la prensa que otra cosa), no hay duda de que Caetano es uno de los cineastas más reconocibles y premiados (y evidentemente el más bonachón) de esta camada de directores argentinos.

Pizza, birra, faso es el nombre de este primer largometraje. Realizado con bajo presupuesto y actores novatos con una banda sonora cargada de cumbia (la música de los barrios populares argentinos), la película es una tragicómica visión de la juventud argentina en tiempos de cambio e incertidumbre socio-económica. Cordobés (Héctor Anglada) y Pablo (Jorge Sesan) son los líderes de una pequeña banda de ladronzuelos que se dedican a robar a los clientes de taxistas cómplices. Aunque Cordobés tiene una novia embarazada que le exige buscar un trabajo legítimo, los personajes masculinos no parecen estar muy preocupados por ganarse la vida honradamente prefiriendo timar y vagabundear la mayor parte del tiempo.

Como quedará evidente pronto, el interés de Caetano por los excluidos y outsiders de la sociedad es una característica de su filmografía y en esta película los personajes son victimas de una doble exclusión; además de jóvenes, son criminales y vagabundos. Aún con esto, la película no es un drama de realismo social sino que se encuentra más interesada en explorar las incertidumbres de una juventud que no está del todo segura acerca de cual es su lugar en la sociedad. La película misma no está muy segura del tono que desea lograr, ya que si bien se puede considerar como una tragicomedia, en general no es lo suficientemente cómica y se podría considerar que termina siendo demasiado trágica. Pero Pizza, birra, faso, a pesar de esos problemas que se le pueden achacar a la inexperiencia, es un debut auspicioso que retrata de manera convincente a un sector de la juventud argentina durante los años Menem.

Caetano repite el tema de los excluidos ahora sí siguiendo una vena más de denuncia social, con Bolivia lanzada en el 2001. Producida durante 3 años y filmada en blanco y negro con stock de 16mm que recuerda al neorrealismo europeo de la posguerra (tanto así que todos los personajes llevan el nombre de los actores que los interpretan), Bolivia cuenta la historia de un cocinero boliviano (Freddy Flores) y una mesera paraguaya (Rosa Sánchez) que trabajan como ilegales en una cafetería de Buenos Aires y la discriminación que enfrentan en su diario vivir.

A pesar de que Caetano simpatiza claramente con estos inmigrantes (recordemos que él mismo es uno de ellos), se cuida de no santificarlos en exceso e, incluso, nos lleva a simpatizar un poco con la situación económica que también afecta a los argentinos nativos que los lleva a desahogarse por medio de la xenofobia y el racismo. Contrario a lo que parece ser por el tema que toca, Bolivia es una película discreta y sobria (por lo menos hasta el final) que no busca sentimentalismo falsos o simplificaciones convenientes. Una mención especial se merece la música de Los Kjarkas, agrupación boliviana de música andina, cuyas canciones acompañan los pocos montajes con música no-diegética que ocurren en el filme.

La cumbia vuelve con un western contemporáneo ambientado en los barrios populares de la ciudad capital, Un Oso Rojo de 2002. Oso (Julio Chávez, actualmente en Epitafios de HBO) es un ladrón recientemente liberado de prisión quien busca volver a empezar una relación con su hija a quien apenas conoce al mismo tiempo que regresa a sus viejas andadas en el crimen. Oso es un criminal al mejor estilo del western o cine noir; duro, serio, de pocas palabras, temperamental y con un cigarro colgado perpetuamente de su boca. Otros aspectos de la película dibujan paralelismos con esos géneros: las calles sin asfaltar del barrio en que vive la hija de Oso recuerdan ligeramente a un pueblo del Oeste, el bar al cual frecuenta Oso se asemeja a una versión moderna de la vieja taberna y su exesposa recuerda a una clásica “damisela en peligro” que se enamora del anti-héroe en contra de su mejor juicio.

Lanzada justo después de los peores momentos de la crisis económico-política de Argentina, Un Oso Rojo trata temas tópicos como las penurias económicas de las clases populares y el creciente anti-autoritarismo. La correlación de un robo a mano armada con el himno nacional argentino representa una critica explicita hacia la clase política del país pero toda la película es un ejemplo de anti-autoritarismo al seguir las andanzas de un criminal quien se encarga de abatir símbolos de autoridad y de resolver cuentas pendientes con aquellos supuestos aliados que terminaron traicionándolo. En esta ocasión, Caetano utiliza otra vez al outsider pero con la intención de representar parte de la furia e impotencia que se encontraba en la sociedad argentina a inicios de década.

Si en Un Oso Rojo Caetano experimentó con elementos del western y el cine noir, con Crónicas de una Fuga (2006), su más reciente película, se encargaría de utilizar elementos del cine de terror para relatar la historia verdadera de Claudio Tamburrini (Rodrigo de la Serna), un portero de futbol que fue acusado erróneamente de pertenecer a un grupo terrorista en tiempos de la dictadura militar en Argentina. La película se enfoca en el tiempo que Claudio tuvo que estar detenido en la Mansión Seré, lugar en el que fue victima de torturas y abusos hasta que, junto con otros prisioneros, decidió jugarse la chance y escapar.

La Casa, tanto en su exterior como en su interior, es filmada al estilo de una típica casa embrujada, con ángulos distorsionados, sombras y colores oscuros por todo lado interrumpidos por el ocasional relámpago, y, especialmente, un diseño de sonido lleno de sonidos inquietantes, truenos en la lejanía y notas de piano desorientadoras. Interesantemente, la película resulta ser más claustrofóbica y tenebrosa en las pocas escenas que ocurren afuera de la casa ya que aquí es donde la película logra dar aunque sea una pincelada de la atmosfera que uno podría encontrar en una sociedad atemorizada bajo un estado policial. Pero a excepción de esos momentos, Crónicas de una Fuga es la película más débil de Caetano, con un enfoque demasiado limitado y excesivamente estilizado de lo que pudo ser una interesante exploración del sufrimiento de una sociedad durante una de sus etapas más oscuras.

Israel Adrian Caetano podrá no ser el director más simbólico, conceptual o visualmente interesante del Nuevo Cine Argentino, pero si es el más accesible. Lo positivo de esa accesibilidad es que no implica que su trabajo sea superficial y genérico, más bien todo lo contrario; su filmografía (especialmente sus primeras tres películas) nos muestra a un director de películas con un alcance universal pero al mismo tiempo muy personales al que no le da miedo experimentar con géneros y estilos diferentes. Y si se le presta atención, sus películas revelan sutilezas que presentan una visión intensamente política de la Argentina contemporánea.

Caetano se encuentra actualmente en la filmación de su quinto largometraje, No Necesitamos de Nadie.

jueves, 16 de abril de 2009

Las Ciudades Invencibles de Camilo José Vergara


Camilo José Vergara es un sociólogo chileno radicado en Nueva York desde 1970. A partir de ese año, Vergara se ha dedicado a tomar miles de fotografías de su ciudad adoptiva, documentando en el proceso los profundos cambios que esta metrópolis ha sufrido en las ultimas cuatro décadas. Especial atención le ha deparado Vergara a las zonas más pobres o descuidadas de la ciudad y los libros que hasta el momento ha publicado se encargan de re-evaluar la importancia de estas zonas por medio de un estudio de las causas del descuido que las llevaron hasta ese punto de deterioro y los procesos de revitalización y gentrificación (en los cuales usualmente se expulsa a los pobres de la zona para atraer a la clase media-alta) que se han llevado a cabo en los últimos años.

Mi primer contacto con Vergara fue fortuito. Buscando un libro fotográfico dedicado a trenes y sus estaciones (sí, desde hace unos años tengo una fascinación por los trenes, especialmente los subterráneos) me encontré en internet con "Subway Memories", libro en el cual Vergara presenta una colección de sus fotografías dedicadas al subterráneo neyorquino. Lo que más me llamó la atención al leer el libro fue la abundancia de imagenes dedicadas a los barrios más pobres por los que pasa este subterráneo. En esas imagenes el centelleante centro de Manhattan con su infinidad de rascacielos no es más que un espejismo lejano para aquellos neoyorquinos que se ven confinados a los deprimentes ghettos o slums de la ciudad. Sus otros libros, los cuales no he tenido la oportunidad de leer, también tratan temas relacionados a estas comunidades y demás construcciones como iglesias y cementerios que se pueden encontrar en ellas.


A partir del 2004, y gracias a una donación de la Fundación Ford, Vergara ha subido a la internet su proyecto más ambicioso. Bajo el nombre de Invincible Cities, esta página web almacena todas sus fotografías tomadas en tres comunidades: Harlem, Richmond (California) y Camden (Nueva Jersey). Lo que hace a este proyecto especialmente interesante es que Vergara suele fotografiar los mismos edificios y barrios repetidamente a través de los años entonces, por ejemplo, podemos observar 5 fotografías de la misma esquina del Harlem pero una tomada en 1976, otra en 1988, otra en 1995 e incluso se encuentran imagenes capturadas en este mismo año 2009. Todo esto nos da una perspectiva privilegiada para poder comparar los cambios que han sufrido estas comunidades, cambios que muchas veces suceden sin que los mismos residentes se den cuenta. El poder darle seguimiento a estos cambios inevitablemente desemboca en una mayor apreciación por los ambientes urbanos que nos rodean y las historias que llevan consigo a través de los años.


Sería interesante realizar un proyecto de esta manera en San José, especialmente en tiempos en que una modernización de esta ciudad se plantea como una seria posibilidad. Lo consideremos esteticamente agradable o no, el paisaje urbano que nos rodea es parte importante de nuestra historia e identidad y no merece ser olvidado.

Invincible Cities

Libros de Camilo José Vergara en Amazon

Wiki

martes, 7 de abril de 2009

Favela Chic?


Desde ya hace unos años se ha hecho evidente un interés internacional por los asentamientos informales de los países en vías de desarrollo. Aunque estos asentamientos siempre han existido en las mayores ciudades del mundo, en los últimos 30 años se han multiplicado debido a las crisis económicas y al descuido del sector público que sufrieron estos países por muchos años. Pero es en las favelas de Río de Janeiro en las que la mayor cantidad de atención se ha depositado. Recopilaciones de música, pinturas, exposiciones fotográficas, páginas de internet, series de televisión y películas han proliferado en los últimos años dando muestra del creciente interés por estas comunidades tanto adentro como afuera de Brasil. Este interés internacional por las favelas no es exactamente algo nuevo, Michael Jackson ya había grabado este video musical a mediados de los noventa, pero se puede decir que se intensificó con el lanzamiento en el 2003 de la película Ciudad de Dios del director Fernando Meirelles, uno de los mayores éxitos del cine mundial de los últimos tiempos, al punto que obtuvo cuatro nominaciones para los Oscar (usualmente poco inclusivos con películas en idiomas extranjeros).

Enfocándose en las vivencias de un chico aspirante a fotógrafo apodado Busca pé, la película sigue, con un ritmo pulsante y mucha creatividad visual, la historia de la comunidad de Cidade de Deus desde sus inicios en los años 60 como un bien intencionado proyecto urbanístico hasta finales de los 80 cuando Busca pé busca salir de lo que ahora se ha convertido en una densamente poblada y peligrosa favela.

Ciudad de Dios es una película excitante, siempre entretenida, siempre energética; es una intoxicante explosión de color y pólvora en el medio de un lugar que rara vez se ha visto fuera de Brasil. Pero, al final de cuentas, Ciudad de Dios es una película enamorada de los criminales que retrata. Es cierto que el personaje principal, Busca pé, es un joven que se ha mantenido alejado del crimen. Pero también es cierto que es uno de los personajes menos interesantes y menos desarrollados. Su labor se reduce a ser la personificación en cámara de nuestros ojos. Si alguien hiciera una versión de la película sin Busca pé, la diferencia sería mínima (algo irónico considerando que la película dice ser basada en sus vivencias). Lo que a los creadores de Ciudad de Dios les interesa es Ze Pequeño, el narcotraficante sociópata que no lo piensa ni medio segundo antes de de desatar una lluvia de balas; y Benny, su mejor amigo y la voz de la cordura que evita que Ze Pequeño cause un derramamiento de sangre más grande de la cuenta.


Benny es el típico criminal con corazón de oro. Trafica drogas pero en realidad se preocupa más por pasarla bien y mantener la paz y buena vibra que otra cosa. Es un hippie que vende drogas para ganar dinero pero en realidad su corazón no está en ello. Es el personaje con el que más se simpatiza y, por supuesto, acaba muerto. Su completo opuesto (los opuestos se atraen aparentemente) es Ze Pequeño, quien a los 9 años ya había efectuado una masacre innecesaria en un motel al que estaba robando. Benny es la roca que mantiene en terreno seguro el edificio tambaleante que es Ze Pequeño. Al morir Benny, Ze Pequeño llora y nosotros lloramos con él.

La película parece decirnos que Ze Pequeño es un humano también. Que los criminales de la favela como él también son humanos capaces de formar relaciones afectivas. Pero mi principal problema con la película es que durante todo el resto del tiempo Ze Pequeño es mostrado como un psicópata adicto a la sangre que igual hubiera cometido asesinatos aunque hubiera nacido en un lindo suburbio de algún país primermundista. No hay nada que nos haga creer que el haber nacido en un ambiente violento es la causa de su comportamiento ya que la imagen de la favela que se nos presenta durante su niñez en los años 60 es una dominada por criminales inofensivos que reparten sus ganancias con el pueblo. Si acaso Mané Galinha, un personaje secundario que apenas aparece en el último tercio de la película, puede verse como un ejemplo de una persona normal empujada a cometer actos criminales debido a las circunstancias sociales que lo aprisionan. Pero Ze Pequeño simplemente mata por matar.

Mi otro problema con la película es su aspecto visual. En resumidas cuentas, la película es una belleza. Los colores son exóticos y provocadores. La cámara se mueve como si estuviera en el centro de acción. La banda sonora está llena de ritmos frenéticos. Nos emocionamos, nos deleitamos con ella, nos deja al borde de nuestro asiento. Hasta el punto de que a veces queremos estar ahí. En el medio de una favela. Con balas pasándonos a centímetros de nuestros cuerpos. Pero si hay algún lugar en el que no quisiéramos estar en la vida real es en una favela.

Ahora, no dudo de que estos lugares puedan tener su colorido y su idiosincrasia. Pero como otros documentales y películas nos lo muestran, las favelas son lugares sumamente peligrosos en los que una vida inocente puede extinguirse en cuestión de segundos. En Ciudad de Dios casi todo lo vemos desde la perspectiva de los criminales, invencibles con sus pistolas en mano y listos para abatir al que se les ponga enfrente. La policía, frecuentemente acusada de abusos, está prácticamente ausente. De la misma manera, los conflictos entre pandillas de favelas vecinas ni se mencionan.

Como ya lo mencioné, la película termina en los años 80, justo cuando unos niños peligrosamente violentos empiezan a aterrorizar a la Ciudade que años después, nos informa la película, vendrían a dominar. Nos queda la sensación de que a partir de ese momento las cosas en la favela solo empeoraran. Pero si la situación de verdad empeoró, entonces Ciudad de Dios funciona poco más que como un nostálgico álbum de recuerdos en la que las fotos de Punta pé nos devuelven a una época en la que los criminales tenían un corazón de oro y los únicos que causaban problemas eran aquellos con serios problemas mentales. Esto resulta evidente en una de las escenas de la película en la que Ze Pequeño celebra cuando una foto de él y su pandilla aparece en la portada de un periódico. Da la sensación de que si Ze Pequeño hubiera visto esta película, hubiera comprado cientos de copias para regalárselas a todos sus conocidos.


Pero entonces que otras perspectivas cinematográficas de las favelas podemos encontrar? Perspectivas que nos den un mayor contexto y nos permitan conocer más de la realidad social de estos lugares y el peligro que en ellas abunda. Con ese propósito escogí cuatro de las películas relacionadas con el tema que han sido lanzadas en los últimos años .

La primera de ellas y, la más vieja, es Noticias de una Guerra Particular, documental dirigido por Kátia Lund (luego co-directora de Ciudad de Dios) que funciona como una especie de estado de la cuestión y que causó controversia cuando fue transmitido en la televisión brasileña en 1998 debido a su presentación sin tapujos de la vida en las favelas. En el documental, Lund se interna en una de las favelas de Río para entrevistar tanto a civiles como a vendedores de droga los cuales explican el funcionamiento de la comunidad y los desafíos que enfrentan cada día.

Lo que queda claro al escuchar a los entrevistados es que la autoridad civil en las favelas es inexistente. Ni el gobierno ni la policía tienen mayor autoridad ya que, desde la perspectiva de los residentes de la favela, estos solo existen para proteger a las elites y así mantener el status quo de una sociedad injusta. Los narcos dominan el morro y, aunque son una autoridad inestable y peligrosa, desde la perspectiva de los civiles por lo menos son una autoridad.


Del lado de los narcotraficantes, se muestra como estos son involucrados en el negocio desde niños ya que es, irónicamente, lo único que los va a sacar adelante. Los modelos a seguir de estos niños no son doctores, ingenieros o artistas, son los tipos duros de la calle que se enfrentan sin miedo a la policía en mortales tiroteos que acaban con la vida de cualquiera que se atraviese. El objetivo final no es obtener una educación. Es matar policías, conseguir dinero, vestirse bien y conseguir mujeres.

La policía también se encuentra representada en el documental con entrevistas a varios oficiales. Uno de ellos se muestra especialmente crítico, no con los narcos de las favelas, sino con la clase alta y las elites políticas. El mencionado oficial critica que son los ricos los principales proveedores de dinero para los narcos ya que son los que les compran las mayores cantidades de droga. Por lo tanto, los “playboys” y los “alemanes” (como les llaman en las favelas) son también un enemigo. Se quejan de la policía pero la policía es la ultima línea que defiende los resorts exclusivos de estos ricachones del ataque de los criminales de las favelas (se resalta el hecho de que estos narcos tienen armas rusas, israelíes, estadounidenses y suizas que ni siquiera la policía de Rio tiene).

La imagen que termina pintando este documental es la de un desalentador círculo vicioso. Los policías odian a los narcos debido a los policías que estos matan. Los narcos odian a los policías debido a los excesos de estos al entrar a la favela. La guerra se termina volviendo personal. El resultado final siempre es el mismo: la muerte. Ya sea de un policía, de un criminal o de un inocente.


La siguiente película es Bus 174, documental del director José Padilha y lanzado en el 2002. Tomando como punto de partida el secuestro del autobús 174 por parte de un joven llamado Sandro en Rio de Janeiro, este documental explora el mundo de las favelas y de los niños que terminan saliendo de ellas solo para vivir una existencia deprimente en las calles de la ciudad. El documental se enfoca en Sandro quien nació en una de las favelas más peligrosas de Río y presenció como asesinaban a su madre a puñaladas cuando tenía tan solo 6 años. Huérfano, se va a vivir a las calles con otros niños de la favela. Ahí pasaban su tiempo drogándose con pegamento, pidiendo dinero a turistas y, cuando esto no era suficiente para sobrevivir, robándolo. Cuando tenía 10 años, Sandro presenció la Masacre de la Candelaria, suceso en el que un grupo de policías asesinaron a sangre fría a 8 de los niños con los que Sandro vivía en la acerca enfrente de la Iglesia de la Candelaria.

El resto de la vida de Sandro se limitaría a drogas, asaltos y estancias en la cárcel. Eso seguiría así hasta ese día de junio del 2000 en el que, aparentemente drogado, secuestraría un bus cerca del parque Jardim Botánico de Río de Janeiro. Exactamente que buscaba lograr Sandro con este secuestro es algo difícil de explicar. Sandro no tenía demandas específicas que hacerle a la policía. No tenía cómplices. No buscaba dinero. No buscaba matar a nadie. El secuestro de la única manera que puede dársele sentido es viéndolo como un grito de auxilio desesperado. La película deja claro que Sandro cometió un crimen. Pero también resulta evidente que Sandro no es ningún Ze Pequeño, no era alguien que secuestraba buses o robaba por el puro placer de hacerlo. Al contrario, era un joven cuya vida entera había sido una sucesión de tragedias hasta que en una de esas tragedias encontró el final de su vida.


La segunda película de Padilha y su primera de ficción es Tropa de Elite, una de las películas más populares en la historia reciente de Brasil y sorpresiva ganadora (inexplicablemente si me preguntan) del Oso de Oro en el Festival de Berlín del 2007. Mientras que Bus 174 se enfocaba más en las dificultades de crecer en una favela al mismo tiempo que presentaba una imagen un tanto negativa de la policía carioca, Tropa de Elite busca presentar el lado de la policía y su visión particular de los problemas en las favelas. Por eso, Tropa de Elite es basada en un libro del mismo nombre escrito por un sociólogo brasileño junto con miembros del Batallón Policial de Operaciones Especiales (o BOPE) de Rio de Janeiro. Es este batallón el encargado de entrar en las favelas más peligrosas de la ciudad.

El filme se enfoca en tres personajes: el Capitán Roberto Nascimento quien, debido al reciente nacimiento de su hijo, decide retirarse y sus dos posibles reemplazantes Gouveia y Matías. El Capitán es fuerte, violento y frío) Gouveia es impulsivo pero determinado a mantener el orden y Matías es abierto, calmado y analítico. Es a este ultimo al que la película le dedica el mayor tiempo ya que, al mismo tiempo que trabaja en la policía, estudia filosofía en la universidad lo que lo lleva a entablar amistades con varios jóvenes que critican regularmente las acciones de la policía.

En la película, vemos las carencias con las que tiene que lidiar el departamento de policía. Carencias que llevan a muchos policías a pasarse al “lado oscuro” y colaborar con las mismas pandillas que deberían estar deteniendo (por ejemplo, oficiales corruptos proveen muchas de las armas que se utilizan en las favelas a cambio de una buena suma de dinero). Lo que es más, es tanta la corrupción que se encuentra en la policía que un policía honesto eventualmente va a ser eliminado por sus mismos colegas debido al riesgo que representa. El punto más interesante que hace la película, y que ya había sido mencionado en los dos documentales anteriores, es la culpa implícita que tiene una sociedad que se indigna fácilmente por los abusos de los policías al mismo tiempo que no hacen mayor cosa por mejorar la situación de los habitantes de las favelas.


Varios críticos en el tiempo que salió esta película la atacaron por “fascista” y por favorecer un exterminio total de los narcos de las favelas por parte de la policía. Esto debido a que la BOPE es representada como poco más que una maquina de matar bien aceitada. En mi caso, el efecto fue todo lo contrario. A pesar de sus intentos, es claro que Padilha no tiene la misma simpatía con los policías que la que tiene con los habitantes de las favelas. La de Sandro en Bus 174 era una historia relatada como una tragedia humana de alto nivel emotivo. En Tropa de Elite, prácticamente todos los policías excepto Matias son retratados como monigotes violentos, corruptos y sin conciencia. Incluso el Capitán Nascimento, a pesar de que se le intenta dar un lado más humano con el inminente nacimiento de su primer hijo, termina siendo poco más que un matón uniformado. La película deja claro que fueron las circunstancias de violencia imperante las que llevan a estos policías a convertirse en miembros del escuadrón elite (elite en asesinatos y torturas), de la misma forma que fue la violencia y muerte imperantes las que llevaron a Sandro a secuestrar un bus. Pero la BOPE es retratada de una manera tan mecánica y desinteresada que pronto el desenlace se vuelve predecible y aburrido.


Favela Rising es la última de las películas que reseñaré en este artículo con la idea de cerrar en una nota optimista, después de tanta violencia y muerte. Este documental de Jeff Zimbalist habla acerca de Anderson Sá, creador y líder del movimiento cultural Afro-Reggae, el cual combina poesía y denuncia social con ritmos africanos y altos niveles de energía. Afro-Reggae nace cuando Anderson se da cuenta que la única manera de que él y otros como él puedan salvarse de un sangriento destino es por medio de la cultura y la información. Pero competir con el crimen, las drogas y el dinero no es una tarea fácil y Sá es muy consciente de que por cada niño o joven que logre involucrar en su movimiento habrá otros tres listos para unirse a las bandas de narcotráfico. Aún así, él y sus colaboradores del movimiento Afro-Reggae están comprometidos con lo que llaman el efecto Shiva, la habilidad de sacar algo nuevo, creativo y bello de la destrucción de las favelas.

Favela Rising es la primera película de las reseñadas en la cual sus sujetos se abstienen de criticar a la sociedad y al gobierno. Incluso las críticas a la policía son menores comparadas con los otros documentales. Es aquí en la que por primera vez se plantea la idea de un cambio desde adentro; si el gobierno y la seguridad no llegan a las favelas, entonces en las mismas favelas nacerá una conciencia de que solo ellos como residentes son los que tienen la obligación de mejorar las condiciones de vida de sus comunidades. Ciertamente algo difícil, como lo muestra en detalle el mismo documental, pero no imposible.


Las audiencias en general buscan el escapismo. Y aún cuando se busca una visión de la realidad, se espera que contenga filtros que eliminen la crudeza existente en el mundo. En Ciudad de Dios se nos dan las herramientas para celebrar la emocionante vida de los criminales en todo su colorido y pulsante esplendor (escapismo) al mismo tiempo que se nos presenta a cuentagotas la cruda realidad detrás de los bailes al ritmo de James Brown (visión de la realidad filtrada). Al ver Ciudad de Dios pretendemos asquearnos de la violencia al mismo tiempo que nos entrenemos al observar al equivalente de ratones corriendo en su jaula.

Las otras películas aquí mencionadas podrán tener sus fallas (particularmente Tropa de Elite) pero por lo menos buscan que entendamos a estos personajes, no que simpaticemos con ellos. Intentan hacernos comprender la tragedia de sus vidas, no que sintamos la emoción de sus persecuciones a balazos. La favela es un lugar serio, desesperanzador y sofocante. Claro que hay colorido y hay intentos de superación. Pero como nos lo muestra Favela Rising, aún esos rayos de sol siempre están bajo el riesgo de ser eclipsados por una violencia siempre presente.

Noticias de una Guerra Particular, Bus 174, Tropa de Elite y Favela Rising se hacen preguntas importantes acerca de la sociedad, el arte, la autoridad, la corrupción, el consumo y venta de drogas y como se relacionan con la condición de las favelas. Gracias a Ciudad de Dios estas otras películas se han hecho más conocidas alrededor del mundo. Pero gran la parte de la audiencia no cinéfila va a ver solo Ciudad de Dios y va a pensar que las favelas son un lugar violento y peligroso pero a la vez excitante y exótico. No encontramos causas ni consecuencias, la violencia es simplemente obra de sociópatas de fácil dedo en el gatillo. Estando las favelas tan lejos de nosotros, se corre el riesgo de eliminar el sonido de las balas y enfocarnos solo en lo atractivo. En lo chic.