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viernes, 5 de marzo de 2010

Nuevos Cineastas Latinoamericanos: Claudia Llosa (Perú)

Visiten nuestro blog hermano, Discos La Chop Shop, para leer, bajar y escuchar un poco de la música "tradicional" peruana que aparece en estas películas.

Claudia Llosa nació el 15 de noviembre de 1976 en Lima, Perú. Es hija del director de cine Luis Llosa y sobrina del renombrado escritor y político peruano Mario Vargas Llosa. Se graduó como licenciada en Dirección de Cine en la Universidad de Lima y luego viajó a España para continuar sus estudios de cine en la Escuela de Artes y Cine TAI de Madrid. Luego tuvo la oportunidad de asistir al laboratorio de guiones del Festival de Sundance, en el que empezó a desarrollar el guión de lo que vendría a ser su ópera prima.

Madeinusa, lanzada en el 2006, se sitúa en un pequeño poblado indígena en los Andes peruanos llamado Manacuyana. Hasta ahí llega un hombre limeño, Salvador (Carlos de la Torre), quién, al no poder seguir su camino hasta una mina debido al mal tiempo, decide quedarse unos días en el pueblo. Ahí conoce a Madeinusa (Magaly Solier), quién se siente atraída por el extraño y tiene esperanzas de que él la lleve de regreso a Lima para buscar a su madre desaparecida. Aprovechando que se encuentran en la festividad del Tiempo Santo (los tres días desde Viernes Santo hasta el Domingo de Resurrección en los que, según la tradición del pueblo, Dios está muerto y por lo tanto puede ver los pecados), Madeinusa decide perder la virginidad con Salvador. Al mismo tiempo, Salvador encuentra una hostilidad cada vez mayor por parte de los pueblerinos quienes no están muy contentos con que un extraño haya arribado durante el Tiempo Santo.

Salgamos de lo evidente primero. La película se ve bellísima. Los dorados que uno imagina son comunes en un poblado a tanta altura sobre el nivel del mar (ya saben, el sol pega más directamente) están hermosamente retratados. Lo que es más, la locación en la que está filmada la película es idílica. Verdes campos, montañas nevadas, lagos cristalinos. Todos se ven hermosos. El primer tercio de la película incluso parece un documental etnográfico, todo es dedicado a las costumbres indígenas y el paisaje que los envuelve. La música es buen acompañante, lo único que pedimos de ella, y las actuaciones funcionan, especialmente la de Magaly Solier, que con suscara angulada y expresivos ojos negros puede decir mucho sin abrir la boca.

Bueno, todo eso muy lindo y correcto. Pero vamos a lo interesante. Como habrán notado al leer la sinopsis, la película está situada enteramente en un pueblo indígena durante la festividad del Tiempo Santo. Durante esta festividad, los indígenas, seguros de que Dios no los está viendo, le dan rienda suelta a sus instintos más primitivos. Toman chicha hasta el vómito, se roban los chanchos de las vecinas, manosean a las mujeres del pueblo y fornican con sus propias hijas. Difícilmente una muy buena imagen de los indígenas. ¿Qué termina de complicar el asunto? Que la fiesta del Tiempo Santo no existe. Ni tampoco existe el pueblo de Manacuyana. Todo es un invento de Llosa. Es cierto que los indígenas son bastante ignorados en la estrecha historia del cine peruano. Pero aquí llega Llosa, una limeña blanca de clase alta, al fin mostrándolos en el cine, pero como un grupo de borrachos y aprovechados incestuosos.

Y aquí entra en escena el personaje de Salvador. Éste es un personaje incomodo, colérico e ignorante de las tradiciones indígenas pero a la vez atraído por la belleza "exótica" de Madeinusa. El tipo nada más anda deambulando por el pueblo, tratando de perder el tiempo al mismo tiempo que se burla de los pueblerinos y, en una de esas, se la coge a Madeinusa mientras ésta está vestida de virgen (ya saben, por el Tiempo Santo y todo eso). ¿Qué nos quiere decir Llosa con este personaje y su interacción con los indígenas?

Aquí podemos escoger dos caminos: considerar que Llosa es racista (como más de uno considera a su tío) o que más bien está usando la ironía para criticar la típica representación del contacto entre blancos e indígenas. Veamos: el blanco limeño se llama Salvador (sí, el blanco protector de la civilización) quién llega al pueblo durante Tiempo Santo (en el que los indígenas caen en el oscurantismo) para salvar a Madeinusa (virginal, pura) de los indígenas primitivos con los que tiene que convivir y llevarla de regreso a Lima (la civilización, el centro). Eso es lo que la película nos presenta a primera vista. Pero me parece muy superficial considerar a esta como la lectura apropiada de la película.

Yo prefiero verlo así: el uso de Salvador como nombre del limeño blanco es irónico. Salvador no es ningún salvador ni mucho menos, es un tipo egoísta e incomprensivo que no soporta a los indígenas y cuyo destino final es una mina (o sea, la explotación). Lo único que consigue en el pueblo es cogerse (la forma en que tienen sexo solo merece el verbo coger) a la indígena atractiva y luego, un poco apenado, accede a llevarla a Lima con él. Pero Salvador no entiende a los indígenas y no solo no los entiende sino que no quiere entenderlos. Sus deseos, motivaciones y costumbres son inexplicables para él por lo que aún su tardía buena intención resulta fútil. Pero los indígenas no son ningunos santos, tampoco. Como los blancos, pueden ser egoístas, aprovechados e ignorantes.

Nadie se salva del ojo inquisidor de Llosa aunque su mensaje final resulta ser ambiguo. Es difícil negar que ante los ojos del público los indígenas quedan en una peor posición moral que Salvador. En mi opinión, y como ya lo expresé, Llosa está criticando solapadamente esa costumbre a simpatizar con el blanco y a horrorizarnos por las "salvajes" tradiciones indígenas. Pero es debatible si ese es el mensaje que la mayoría de la audiencia se va a llevar a casa.

La segunda película de Llosa, La Teta Asustada (2009), se enfoca en Fausta (Magaly Solier, de nuevo), una joven que vive con su familia en uno de los pueblos jóvenes a las orillas de Lima, asentamientos informales fundados a partir de los años 80 por inmigrantes del campo que huían de la violencia de las guerrillas. Fausta sufre lo que se conoce como "la teta asustada", una enfermedad en la que las madres que fueron violadas por los guerrilleros (o el Ejército) le transmiten el miedo y el sufrimiento a sus hijos por medio de la leche materna. Tal es el miedo que le tiene Fausta a la violación que recurre a meterse una papa en la vagina como forma de asegurarse que ningún hombre la querrá penetrar. La película comienza con la muerte de la madre de Fausta y sigue los esfuerzos de ésta para conseguir el dinero que le permita darle sepultura a su madre en el pueblo del que son originarias.

La Teta Asustada guarda muchas similitudes con su predecesora. Primero, cuenta con Magaly Soler en el papel principal. Segundo, se enfoca en una comunidad indígena. Tercero, presta gran atención a las costumbres y tradiciones de sus personajes. Cuarto, tiene influencias del realismo mágico, en el que la superstición se mezcla con la realidad para conformar las creencias de los indígenas. Pero si Madeinusa llevaba a un limeño a los Andes peruanos, en esta ocasión son los indígenas los que arribaron hasta Lima. Y llegaron para quedarse.

Como lo explica la sinopsis, los indígenas de La Teta Asustada emigraron debido a la violencia terrorista que castigó las zonas rurales del Perú, provocado por el largo conflicto entre la guerrilla del Sendero Luminoso y el Ejército peruano. A raíz de eso se provocaron gran cantidad de atrocidades, como las violaciones indiscriminadas, que obligaron a los habitantes de esas zonas a migrar a las dunas que rodean Lima. Esto provocó que las tradiciones propias de los indígenas y campesinos rurales se vieran mezcladas con las influencias modernizantes de la gran capital peruana.

Llosa le presta amplia atención a las prácticas culturales de estos personajes ya que la familia de Fausta tiene un negocio de planificación de matrimonios. Estas fiestas inevitablemente le parecerán, a nuestros ojos occidentalizados de clase media pa' arriba, como algo increíblemente kitsch y poco sofisticado, en el que los pobres de los barrios marginales intentan sin éxito imitar las costumbres de los citadinos al mismo tiempo que se niegan a eliminar a algunas de sus tradicionales rurales.

Esto le valió muchas críticas a Llosa, a quién acusaron de querer explotar una imagen atrasada del Perú para gusto de los mercados europeos en busca de exotismo tercermundista. A mí eso me parece a la típica reacción de la élite aburguesada que responde con escándalo ante cualquier trabajo que no presente a su país como una "sociedad moderna y avanzada". La película, al igual que Madeinusa, tiene una vocación etnográfica que me parece rescatable. Si así celebran sus matrimonios los habitantes de estos pueblos jóvenes, pues entonces vale la pena mostrarlo.

Con respecto a la película en sí, pues tiene un ritmo lento, más lento que Madeinusa. Llosa es una directora de lo que gusta llamarse cine-arte/cine-de-autor/cine-de-repertorio y esto usualmente implica que las películas se salen de los patrones convencionales de representación del tiempo y espacio. La cámara elige prestar su atención la mayor parte del tiempo a Fausta, la vemos cantando, caminando, limpiando, observando, cortándose las raíces de la papa que tiene en la vagina (no explícitamente, claro), etc. Toda la película descansa entonces en los hombres de Magaly Soler.

Para mí Soler cumple. Pero fiel al estilo de la película, su actuación es muy discreta y callada. El personaje de Fausta canta en quechua más de lo que habla. Pero como ya lo mencioné en relación con Madeinusa, el rostro y los ojos de Soler se me hacen muy expresivos y la joven guarda una belleza innegable. Más allá de los elementos culturales y etnográficos, esta es la historia de Fausta y de su miedo paralizante hacia los hombres y al mundo exterior en general. La represión interna de su personaje y de la actuación de Soler tienen sentido dentro del mundo de la película y, de alguna manera, representan la forma en que las heridas del pasado impiden a sociedad latinoamericanas como la peruana de avanzar en el camino al llamado progreso (sea lo que sea).

Claudia Llosa es una cineasta controversial que ha sido acusada de presentar una visión exótica del Perú, enfocándose en sus aspectos regresivos, primitivos y ordinarios. Pero también es de las pocas directoras latinas que se ha enfocado en las comunidades indígenas y en su cultura, incluso escogiendo a una indígena como actriz protagonista de sus dos películas (algo todavía más raro). En mi opinión, la mayoría de las críticas que le han sido dirigidas provienen de aquellos que estallan en furia ante cualquier representación negativa de su país o que consideran que los indígenas solo deben ser presentados como seres angelicales que viven en un contacto lírico con la naturaleza y que escapan de todos los vicios de nuestra vida moderna. O sea, los indígenas son todo lo que nosotros no somos. Llosa nos dice que no son tan distintos en ciertos aspectos como algunos piensan.

El asunto es complejo y se presta para mucha discusión. Yo no soy peruano ni experto en culturas indígenas por lo que puede que este análisis esté muy equivocado. Lo único que puedo afirmar es que Llosa me parece una cineasta valiente al tocar estos temas como el indigenismo, la pobreza y las secuelas del terrorismo y, aunque ninguna de sus dos películas me ha parecido particularmente sobresaliente, ciertamente la establecen como una de las cineastas más interesantes y comentadas de Latinoámerica. Para bien o para mal. Decídanlo ustedes, vean las películas.

La Teta Asustada se encuentra nominada al Premio Oscar a Mejor Película Extanjera. Es la primera película peruana en lograr esa distinción.

viernes, 28 de agosto de 2009

Nuevos Cineastas Latinoamericanos: Paz Encina (Paraguay)

Paz Encina nace en 1971 en el Paraguay, un país con una historia cinematográfica muy limitada. Como lo de ella era el cine, se va a Argentina a estudiar en la Universidad del Cine de Buenos Aires, institución en la que consigue licenciarse en Cinematografía en el año 2001. Pero desde 1996 ya había empezado a obtener aclamación y galardones con cortos como "Rastros", "La siesta", "Los encantos del jazmín" y "Supe que estabas triste". Gracias a ese temprano éxito, logró atraer la atención de productores internacionales de la talla de Lita Stantic que la ayudarían a realizar su primera película.

La Hamaca Paraguaya (2006), primer película hablada en guaraní, se desarrolla íntegramente en un solo día, de amanecer a anochecer, en un aislado paraje selvático del Paraguay. El año es 1935 y la Guerra del Chaco, entre Paraguay y Bolivia, se encuentra en su etapa final. Nuestros protagonistas, Cándida (Georgina Genes) y Ramón (Ramón del Río), son una pareja de ancianos cuyo hijo, Maximiliano, se marchó con el ejército para combatir en la guerra. La mayor parte del día la pasan discutiendo acerca del paradero de su hijo, el extenuante calor que los envuelve, la perra que no deja de ladrar y la tristeza que los embarga a ambos. En el transcurso del día, se darán cuenta que la Guerra ya ha terminado y que su hijo nunca volverá a su lado.

Este filme ha sido reconocido por emplear un lenguaje visual muy riguroso y restrictivo, con un número muy limitado de planos y encuadres y una cámara completamente estática; durante más de la mitad de la película lo único que vemos es una lejana toma estática del claro en la selva en el que está colgada la hamaca. Los diálogos (todos en guaraní) aparecen solamente en voice-over, incluso los personajes nunca mueven sus bocas en cámara (aún cuando están hablando). El efecto es un poco desorientador, resaltando una falta de unidad interna, tal vez causada por la muerte del hijo soldado (el cual también tiene una aparición exclusivamente vocal que se podría describir como fantasmal).

La rigurosidad continúa con la cara de los dos personajes, las cuales nunca aparecen en close-up y lo más que vemos de ellas son tomas de perfil. Nunca vemos a los personajes de frente, la mayoría de tomas se encuentran a una distancia que hace difícil distinguirles los rasgos. Esto puede ser un comentario acerca de cómo los paraguayos, al prácticamente no tener un cine nacional, no tienen una cara ante el mundo exterior. O a lo mejor para indicar que estos dos personajes no son solo individuos sino que son representativos de toda la paraguayada, con su melancólico y colectivo anhelo por un futuro mejor. Lo que es cierto es que la relativa radicalidad formal de la película no está ahí por pura indulgencia sino que es el cimiento que sostiene toda la película.

Claro que Hamaca Paraguaya no es solamente una película aplaudible por su austeridad formal. El relato del filme vale la entrada por sí mismo, una conmovedora historia acerca del paso del tiempo, la desesperanza, la melancolía y la mortalidad contada de la manera más simple posible: con la incesante discusión de dos viejos cuyo deseo por la vida parece haber terminado y que parecen unirse solo por medio de la hamaca paraguaya, el símbolo del puente entre la vida y la muerte. Paz Encina ha comentado en entrevistas que en su película buscaba representar el temperamento del paraguayo: tranquilo y melancólico. Esa impresión es lo que nos queda después de ver Hamaca Paraguaya la cual cierra, en sus últimos segundos, con una tormenta que se avecina. Premonición tal vez de que, a pesar de que la Guerra ha terminado, los problemas para el Paraguay están lejos de resolverse.

La Hamaca Paraguaya ha sido presentada como la primera película producida en Paraguay desde los 70’s y la primera en haberse estrenado en Cannes. Investigando un poco más, me encontré con otras películas paraguayas (algunas en coproducción con Brasil) que se han filmado desde los años noventa. Pero encontrar algo de estas películas en la Internet es prácticamente imposible. Sospecho que en el mismo Paraguay las cosas no deben ser muy diferentes. Algo que no debería sorprender ya que, si consideramos su pobreza y estrecho mercado interno, Paraguay no es un país optimo para servir de terreno fértil para una industria cinematográfica. Aún así, cada pueblo se merece un cine nacional, un cine que permita darle una cara humana de ese país al resto del mundo. Paz Encina ha empezado ese proceso con su sobresaliente Hamaca Paraguaya, una de las mejores películas latinoamericanas de los últimos años y un más que digno debut del Paraguay en la escena cinematográfica internacional.

Encina se encuentra trabajando actualmente en su segunda película, "La belleza de la infancia".

miércoles, 5 de agosto de 2009

Nuevos Cineastas Latinoamericanos: Chile

Tony Manero (Pablo Larraín, 2008)

Santiago, 1978. Estamos en plena dictadura de Pinocho y en el apogeo de su represión de disidentes al régimen pero, para Raúl Peralta (Alfredo Castro), un hombre taciturno e intenso de unos cincuenta años, lo más importante no es la política, sino una película. Saturday Night Fever, para ser exactos. Decidido a imitar perfectamente todo los movimientos de Tony Manero, el personaje interpretado por John Travolta en esa película, Raúl visita diariamente el cine local en el que, acompañado con su traje de Tony, recita en voz alta todos los diálogos de la película al mismo tiempo que estudia las rutinas de baile. Esto porque Raúl planea realizar una presentación coreográfica basada en la película en el pequeño escenario del bar-pensión en el que vive Para asegurarse de que tal presentación sea lo más exitosa posible, Raúl no se detendrá ante nada ni aceptara un no como respuesta. Aunque eso implique que tenga que recurrir al homicidio.

Raúl es un personaje inescrupuloso, frío y sin emociones que aún así pareciera tener un magnetismo que lo hace atractivo ante la gente. O por lo menos ese es el caso con las tres mujeres con las que vive quienes lo desean (inexplicablemente). sexualmente. lnescrupuloso pero atractivo? Suena familiar? Suena a típico dictador, suena a Pinocho. Raúl es el prototipo de hombre fuerte que nace en un ambiente de represión y autoritarismo. Individualista (él TIENE que ser el mejor imitador de Tony Manero), impune (comete sus asesinatos sin que nadie lo culpe de ellos), opuesto al cambio (rompe en furia cuando el cine deja de presentar Saturday Night Fever), obsesionado con las influencias externas (creo que ya quedó claro que el tipo es un imitador de Tony Manero) e incapaz de mantener relaciones afectivas (se muestra indiferente ante las mujeres que se sienten atraídas por él).

Y el resto de personajes? En realidad, no son muy diferentes. Obviando el comportamiento destructivo de Raúl, los demás miembros de la casa se sienten atraídos ante su virilidad (aunque irónicamente al tipo ni se le para) y combatividad. Y cuando no están tratando de llevarse a la cama a Raúl, prefieren ver shows de variedades en la televisión y montar coreografías de películas estadounidenses antes que actuar en contra del régimen (con la excepción de uno de los personajes, al cual Raúl casi que literalmente le caga encima). Visualmente, la película está filmada con cámara handheld y una iluminación oscura que le da un toque de claustrofobia muy apropiado. El mensaje es claro. Una sociedad que prefiere mirar al otro lado en vez de denunciar la impunidad es terreno fértil para la aparición de un ser humano inmoral.

Esta es la segunda película de Larraín. Anteriormente había debutado en el 2006 con Fuga.

La Sagrada Familia (Sebastián Campos, 2004)

Es Viernes Santo en una casa de playa en la costa chilena. Marco (Néstor Cantillana) y sus padres esperan la llegada de la novia de este, una estudiante de actuación llamada Sofía (Patricia López), quien pasará el fin de semana con ellos. Pero poco después del arribo de Sofía, la madre de Marco debe irse de emergencia a Santiago por lo que nada más quedan Sofía y los dos hombres, hijo y padre. Este ultimo empezará a sentir una atracción cada vez mayor por Sofía al mismo tiempo que Marco comienza a sentirse disgustado con el comportamiento provocativo de su novia por lo que busca la compañía de sus vecinos: la solitaria y callada Rita (Macarena Teke, mi futura esposa) y Aldo (Mauricio Diocares) y Pedro (Juan Pablo Miranda), una pareja gay en crisis.

Esta es probablemente la película chilena que me gustó más (sin que por eso sea la mejor, claro). Poco puedo hacer para resistirme ante este tipo de dramas medio romanticones que involucran a familias aburguesadas, locaciones atmosféricas y chicas sutilmente atractivas (ya mencioné a Macarena Teke?). Fuera de esos fetiches personales, el punto fuerte de la película es su naturalismo. Filmada en cámara digital y con la mayoría de diálogos improvisados, el filme tiene un carácter documentalesco muy marcado. Esto me parece bienvenido en este tipo de dramas familiares. Con eso no me refiero a que sea necesario que parezcan documentales pero si que tengan un naturalismo que nos permita pensar que estas personas puedan existir en vez de ser simplemente creaciones de un guionista.

Por ahí el punto débil de la película es que trata de incluir demasiados temas taboo en un solo paquete. El nombre de la película y el hecho de que sus acciones transcurran en un fin de Semana Santa evidentemente apuntan a criticar la doble moral en una sociedad que se dice públicamente religiosa pero que en el ámbito privado se comporta lejos del ideal católico. Pero el subplot de la pareja gay honestamente no va a ningún lado y pareciera ser incluido solo para molestar a los conservadores. Y bueno, hay un momento de la película en el que Marco se le viene en la cara a su novia. Pero eso ya es otro asunto.

Esta es la opera prima de Campos. Su segunda película, Navidad, fue estrenada este año.

En la cama (Matías Bize, 2005)

Daniela (Blanca Lewin) y Bruno (Gonzalo Valenzuela) hacen el amor apasionadamente en una habitación de motel apenas horas después de conocerse en una fiesta. Confrontados con tener que pasar todo el resto de la noche juntos, deciden empezar a hablar para conocerse un poco mejor. Para cuando amanezca y sea la hora de partir caminos, ambos habrán llegado a un clímax, no solo físico, sino también emocional.

En La Cama es un interesante experimento minimalista que bien podría funcionar de mejor manera como una obra de teatro (la trama de la película literalmente ocurre en una cama). Esto porque cinematográficamente no es muy interesante, el centro de atención son el guión y los actores. Más bien las pocas escenas en que el director trata de hacer algo “creativo” (como el uso de una split-screen) se sienten fuera de lugar. Los actores son adecuados, no tienen un exceso de carisma ni magnetismo pero son lo suficiente interesantes y realistas. El guión, lo principal, tiene altos y bajos. Las partes más emocionales suelen lograr su cometido, pero cuando los personajes hablan de banalidades para pasar el tiempo, pues uno desearía pasar el tiempo en otro lado. Al final, la película nos parece decir que no hay sexo sin amor. Lo uno es el complemente de lo otro. Y el sexo por puro placer carnal? Poco más que masturbación en pareja.

Esta es la segunda película de Bize. La primera, filmada en una sola toma ininterrumpida, fue "Sábado, una película en tiempo real"(2003). Su más reciente filme, ambientado en Barcelona, es Lo Bueno de Llorar.

Mi Mejor Enemigo (Alex Bowen, 2005)

Diciembre de 1978. Chile y Argentina están a días de comenzar un enfrentamiento armado por la disputa de la soberanía sobre un grupo de islas patagónicas. En el sur del país y cerca de la frontera con Argentina, una patrulla encargada con la misión de servir de avanzada para el ejército chileno rompe accidentalmente su brújula y se pierde en la inmensa monotonía de la Pampa. Sin saber si se encuentran en Chile o Argentina, deciden cavar una trinchera en espera de refuerzos. Pero, para su sorpresa, pronto encontrarán que una patrulla argentina se ha instalado a tan solo unos metros de donde se encuentran. Ambas patrullas, perdidas y sin saber exactamente cual es el estado bélico entre sus respectivos países, deberán escoger entre la cooperación o la hostilidad en medio de la soledad patagónica.

Para ser franco, las películas de guerra ya me tienen hasta el cuello. Y eso lo digo sabiendo que una de ellas, La Delgada Línea Roja, es (dependiendo al día) mi película favorita de todos los tiempos. Pero muchas películas de guerra se contentan con ponerte unas cuantas escenas épicas, muchas lagrimas, una decena de caras anónimas con casco con las que uno debería identificarse, un par de litros de sangre y empalagarte con el mensaje de que la guerra es fútil y estúpida. Y esta película nos dice lo mismo. La guerra es fútil y tonta porque en realidad todos somos hermanos. Nada nuevo. Claro, que en esta ocasión en realidad no hubo guerra. El conflicto chileno-argentino nunca estalló y ese es el punto curioso de este filme, ya que esa guerra-que-no-fue es un hecho que ha pasado desapercibido en los anales de la historia. Pero hasta ahí. llega lo interesante Si les gustan las películas pacifistas de guerra, no es mala opción. Está bien hecha, de eso no hay duda. Pero si ya están aburridos de ellas como yo, esta no aporta nada especial que no se haya visto antes.

Hasta el momento, esta es la única película de Bowen.

Paréntesis (Francisca Schweitzer y Pablo Solís, 2005)

Camilo (Francisco Perez-Bannen) tiene 28 años, sufre de insomnio, toma un coctel de pastillas cada mañana y trabaja por las noches en un negocio de video. Cansada de su actitud irresponsable e impredecible, su novia Pola (Sigrid Alegría) decide pedirle una semana de distanciamiento mutuo (el paréntesis del titulo) para reflexionar acerca de la dirección hacia la que va su relación. Camilo acepta deprimido resignándose a la idea de que ya perdió a la Pola. Pero durante esa semana, Camilo conoce a Mikela (Carolina Castro), una excéntrica adolecente de 16 años que le enseñará (sin darse cuenta) a vivir una vida más armoniosa, saludable y normal en cuanto a patrones de dormir se refiere.

Paréntesis se siente como una película realizada por estudiantes de cine recién graduados. Filmada en cámara digital y con poco presupuesto, Schweitzer y Solis condensan aquí todas sus influencias cinematográficas y todos los trucos que aprendieron en la universidad. Tanto así que da la sensación de que agotaron todas las herramientas del programa de software que utilizaron para editar la película. Pero no está mal, eh. La película se ve barata. Y la constante referencia a personajes del cine estadounidense ya perdió su gracia hace unos años (hay un personaje principal que es una obvia versión chilena de Silent Bob, por ejemplo). Pero es una película bonita con personajes excéntricos y entrañables (muy al estilo del cine indie gringo) pero que también explora, aunque no a mucha profundidad, el lado oscuro de esa excentricidad: los desordenes mentales (Mikela es esquizofrenica).

Este es el único largometraje realizado por ambos directores.

Play (Alicia Scherson, 2005)

Cristina (Viviana Herrera) es una enfermera indígena proveniente de las zonas rurales que cuida en un espacioso apartamento santiagueño a un moribundo anciano de descendencia húngara. Tristán (Andrew Ulloa) es un joven y exitoso arquitecto judío que acaba de ser abandonado por su esposa. A pesar de tener orígenes tan dispares, los caminos de ambos personajes se entrecruzarán cuando Cristina encuentra en la basura el maletín de Tristán y, con la información de él que encuentra ahí, decide empezar a seguirlo/espiarlo para averiguar más de este hombre tan diferente a ella.

De esta película no entendí nada. En serio, nada. Bueno, la película sí la entendí. Lo que no entiendo es el buen recibimiento que obtuvo (fue la película chilena más aclamada de su año) ¿Aparentemente la gente conectó con estos personajes? A mi me parecieron lo más aburridos del mundo. Imposible que me importara un comino lo que les pasara. A la esposa de Tristán (que supuestamente era la esposa perfecta y lo había dejado por ser un desinteresado) se le congelaba la sangre de lo fría que era. Tristán mismo era una hoja en blanco. Cierto, estaba sufriendo porque su esposa lo había dejado y su vida no iba a ningún lado. Pero no había mayor profundidad emocional, y la tibia actuación de Ulloa no ayuda en nada. Y Cristina, nuestra heroína, pues a la chica le gustaba Santiago. Y caminar. Y jugar Street Fighter. Y se sentía un poco sola entonces empezó a seguir a Tristán. Na’ más.

La película si le hace honor a su nombre, es juguetona. Algunas escenas tienen toques creativos (los tres personajes persiguiéndose sin darse cuenta, Cristina agarrando a golpes a una mujer como si fuera una pelea de Street Fighter). Y el filme nos deja con el mensaje perdurable de que los encuentros y separaciones de la vida son simplemente resultado de un juego de azar en el que un día nos podemos encontrar solo para nunca vernos más. Pero hasta ahí llega lo positivo que pude encontrar. A mucha gente le gustó, eso es claro, pero en lo que a mí me concierne, fue una perdida de tiempo.

Esta es la primera película de Scherson. Su segunda película, Turistas, fue estrenada recientemente.
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Próxima estación: el altiplano boliviano. Pero antes, una breve escala en Paraguay.

sábado, 25 de julio de 2009

Nuevos Cineastas Latinoamericanos: Andrés Wood (Chile)

Hace unos días debería haber publicado una entrada relacionada con varias películas uruguayas que tuve la oportunidad de ver. Pero, a pesar de que ya la tenía terminada y lista para publicar, mi computadora murió súbitamente (aunque no el disco duro). Apenas pueda recuperar el artículo, lo subo. Pero mientras tanto, seguimos el recorrido cruzando los Andes hasta llegar a Chile.

Andrés Wood, nacido en 1965 y de descendencia irlandesa y escocesa, es probablemente el director más aclamado del cine chileno contemporáneo. A pesar de que siempre había sido aficionado del cine, sus estudios universitarios se orientaron inicialmente por el lado de la Economía. Pero una vez graduado, la afición pudo más y se trasladó a Nueva York para estudiar dirección de fotografía. A inicios de los 90 comenzó a trabajar en la realización de anuncios para la televisión al mismo tiempo que trabajaba en la creación de sus propios cortometrajes. Uno de ellos, Reunión de Familia, tendría gran suceso en festivales tanto en Chile como en el resto del mundo lo cual le daría el impulso a Wood para filmar su primera película.Historias de Fútbol (1997) está compuesta por tres segmentos, cada uno relacionado con el deporte más popular del mundo: el fútbol. La primera historia está basada en un cuento de Mario Benedetti y narra las tentaciones que hacen a un jugador de fútbol amateur de Santiago sucumbir ante los intentos de un dirigente por sobornarlo. La segunda historia, basada en un cuento de Raúl Pérez Torres y situada en pleno desierto de Calama, nos cuenta la alegría de un niño que logra hacerse dueño de una nueva bola de fútbol al mismo tiempo que debe enfrentar las carencias económicas que llevan a su madre a empeñar muchas de sus pertenencias. Y en la ultima historia, la única que es completamente original de Wood y sus co-guionistas, nos encontramos con un joven santiagueño que se encuentra varado en una isla del Archipiélago de Chiloé justo el mismo día que la selección chilena juega un importante partido eliminatorio para el Mundial. Por lo tanto, será invitado a la casa de un par de mujeres de la isla para que vea el partido, mujeres que están dispuestas en probar que la verdadera pasión de multitudes se encuentra en la cama en vez del campo de juego.

Los tres segmentos de la película están emparentados con el fútbol, por supuesto, pero primordialmente con el sacrificio que los diferentes personajes realizan por este juego. En la primera historia, el jugador de fútbol debe escoger entre aceptar el soborno y así sacrificar el espíritu del deporte y las esperanzas que tiene toda su comunidad en él o, por otro lado, anteponer su amor por el fútbol y negarse a recibir la recompensa monetaria. En la segunda historia, el niño debe tomar la decisión de empeñar su preciada bola de fútbol con tal de que su familia pueda seguir adelante económicamente, sacrificando de esta manera el juego ante necesidades más apremiantes. Y en la tercera historia, que tiene un tono más cómico y juguetón que las otras dos, son los hombres los que deben elegir cual “pasión de multitudes” es más importante: el fútbol o el sexo.

Historias de Futbol es un filme light, las historias no son más que adaptaciones de pequeños cuentos y eso se nota. Mayor profundidad no tienen. Pero Wood lo que quería era mostrar como el fútbol (o el deporte en general) siempre está presente en diferentes aspectos de nuestras vidas. Y al situar cada segmento en lugares diferentes de la geografía chilena, la película resalta el poder del fútbol para unir a una nación. Ya sea en un barrio de Santiago, en el desierto de Calama o en una isla en Chiloé, siempre se podrá encontrar esa obsesión por el llamado “juego más bello del mundo”.

Historia de Fútbol llegaría a tener gran aceptación por parte del público y la critica. Wood decidió seguirlo con El Desquite, una mini-serie para la Televisión Nacional de Chile basada en un trabajo del cantautor Roberto Parra acerca de la vida en los latifundios chilenos. Después de su emisión en televisión, Wood editó el documental y lo lanzó en 1999 a las salas de cine en una versión reducida de dos horas. Esta película es prácticamente imposible de encontrar en Internet y, aunque puse a trabajar horas extras al Google, no la pude encontrar. Por lo que pasamos ahora a la que en realidad es su segundo largometraje propiamente para el cine.

La Fiebre del Loco (2001) se centra en la caza del loco (un tipo de crustáceo marítimo en peligros de extinción muy degustado por los asiáticos) y los efectos que esta tiene en la pequeña localidad de Puerto Gala. El Canuto (Emilio Bardi), un oriundo de la zona que se fue a las ciudades a conseguir mejor suerte, logra convencer a su amigo Jorge (Luis Dobó) y a todo el pueblo de que vendan todo el “loco” que logren cazar a un empresario japonés que se asegurará de venderlo en su país natal. Por supuesto, el empresario japonés es un farsante y El Canuto simplemente está tratando de acumular una fortuna timando a todos los pescadores de su pueblo natal, incluido su supuesto amigo Jorge. Al mismo tiempo, un barco de prostitutas ancla en Puerto Gala con la intención de aprovechar la fuerte mezcla de deseo carnal y dinero que envuelve a los pobladores durante la caza del loco.

Más allá de que la película tenga sus personajes principales que son los encargados de realizar los eventos catalizadores de la trama, La Fiebre del Loco se enfoca más que todo en la comunidad entera de Puerto Gala y los efectos que la avaricia causada por la caza del loco tiene sobre ellos. Por supuesto, está el hombre capaz de engañar a su propio pueblo con tal de hacer dinero. Pero también están los demás hombres del pueblo quienes alegremente celebran su cacería acostándose con prostitutas sin siquiera tratar de escondérselo a sus esposas. Y estas últimas, las cuales al final de la película confrontan violentamente a las prostitutas, parecen estar más enojadas por el dineral que gastaron sus maridos en ellas más que por el hecho de que estos les hayan sido infieles. La avaricia lleva a estos personajes a herir a sus seres queridos. Los hombres hieren a sus esposas. Las esposas a las prostitutas. Y el Canuto a toda su comunidad. Todo por el dinero. Todo por la fiebre del Loco.

La Fiebre del Loco probablemente es mi película preferida de Wood. Aunque su trama principal no sea nada del otro mundo ni tenga el peso dramático de Machuca, su construcción de una comunidad pesquera en un lugar olvidado de Chile es memorable, llena de personajes idiosincráticos y de pequeños toques, como el programa de radio que se transmite cada noche en el pueblo, que le dan gran vitalidad a la película. Ya quisiera uno quedarse en Puerto Gala por más tiempo.

La tercera y más exitosa película de Wood es Machuca. Lanzada en el 2004 pero ambientada en el Chile de 1973, el filme se enfoca en los convulsos últimos meses del gobierno de Allende y los inicios del golpe de Estado de Augusto Pinochet. Gonzalo (Matías Quer) es un chico de clase media-alta que asiste a Saint Patrick, un exclusivo colegio católico de Santiago. El director de este colegio, el Padre McEnroe, decide adoptar una política de integración social que consiste en integrar gratuitamente a niños de clase baja provenientes de las poblaciones cercanas al colegio. Uno de estos niños es Pedro Machuca (Ariel Mateluna) quien desarrolla una amistad con Gonzalo, amistad que se verá amenazada conforme la sociedad chilena se va polarizando cada vez más y más.

Machuca es políticamente simplista, la película se reduce a presentar todo el conflicto chileno como si fuera solo una disputa entre ricos y pobres, con los ricos vestidos con ropas a la moda y siendo infieles con sus maridos y los pobres viviendo entre latas y sin siquiera agua potable. La misma película no busca tomar posiciones políticas muy fuertes pero aún así queda claro de que Wood (quien, al igual que el personaje de Gonzalo, estuvo en un colegio católico muy parecido al retratado en la película) tiene una visión negativa de los golpistas y de un sector de las clases altas a las que considera egoístas e insensibles con el sufrimiento de los menos afortunados. Pero esto no significa que el filme sea un panfleto izquierdista pro-Allende. Los héroes de la película no son los simpatizantes de uno u otro movimiento político, sino que son aquellos individuos, como el Padre McEnroe (basado en el director del colegio católico al que asistió Wood en su juventud), que buscaban la unión y la solidaridad entre todos los chilenos, sin importar su origen o condición socioeconómica.

Más allá del mensaje sociopolítico que nos quiera transmitir o no esta película, su éxito radica en lo humana y poderosa que es su trama principal. Abstrayéndose lo más que pueden del oscuro panorama político que se avecinaba, Gonzalo y Machuca buscan divertirse como los chicos que son, incluso experimentando los inicios de su despertar sexual. Pero esta amistad idílica y apolítica mucho no podría durar. Pronto incluso Gonzalo y Machuca se verían afectados por las fuerzas que llevaron a la partición de una sociedad, a la victoria de unos y a la derrota de otros. Fuerzas que provocaron heridas que perduran en la sociedad chilena, cicatrices que no han sanado.

Su ultima película, y probablemente la más ambiciosa, es La Buena Vida del 2008. Basada en historias verdaderas, la película relata eventos en la vida de cuatro personas que parecieran no tener nada que ver la una con la otra pero que inevitablemente se encontrarán en algún punto de la gran metrópolis santiagueña. Seguimos a Teresa (Aline Kuppenheim), una educadora sexual que sorpresivamente se da cuenta de que su hija quinceañera (Manuela Martelli) , con la que tiene una relación difícil, se encuentra embarazada. También tenemos a Edmundo (Roberto Farías), un cosmetólogo que sueña con abrir su propio salón de belleza por lo que solicita un préstamo al banco y ahí se enamora de Esmeralda (Manuela Oyarzún), la empleada bancaria que lo atiende. Mario (Eduardo Paxeco), por su parte, es un clarinetista talentoso y educado en Alemania pero que ve como su deseo de pertenecer a la Orquesta Filarmónica de Chile se desvanece en el aire al ser inexplicablemente rechazado después de realizar su audición. Y, por ultimo, está la historia de una prostituta (Paula Sotelo) afectada por algún tipo de enfermedad venérea pero que no puede recibir tratamiento ya que no tiene con quien dejar a su hijo pequeño.

Generalmente le tengo una gran desconfianza a las películas “corales”. Muchas veces el exceso de personajes, la gran cantidad de mini-tramas y la dependencia en convenientes coincidencia para que estas tengan sentido hacen que estas películas traten de hablar mucho pero sin decir nada. La Buena Vida, lamentablemente, no es la excepción. Todas las cuatro historias se sienten incompletas y no hay mayor hilo que las una. Cierto, todas tienen que ver con personajes que han experimentado algún tipo de perdida y que buscan cambios en su vida. También tienen en común que se sitúan en la ciudad de Santiago. Pero nada más. No se profundiza en las motivaciones y vicisitudes de estos personajes (los cuales, con la posible excepción de Edmundo, no son particularmente simpáticos ni interesantes), las historias no presentan nada nuevo y, lo más devastador en una película como esta, ninguna tiene algún “punch” emocional ya que no hay incentivo para involucrarse emocionalmente.

El personaje de la prostituta enferma es el más grande ejemplo de todos estos problemas. Ella pareciera representar a la parte de Santiago que es olvidada, por la que nada se hace, aquellos para los que los imponentes rascacielos de la ciudad son poco más que una imagen lejana que ven por su ventana. Pero hasta ahí llega la caracterización. El personaje no es más que un símbolo. No sabemos nada de ella. Aparece en un par de escenas y ya. Y se supone que tenemos que sentir algo ante su inevitable destino?

La Buena Vida sufre debido a que sus historias individuales no son lo suficientemente interesantes y dependen demasiado de las coincidencias y los encuentros aleatorios entre personajes para provocar un efecto emocional, como todas las películas corales. Pero, en este caso, no hay ningún efecto emocional. La película parece limitarse a decir “en Santiago viven toda clase de personas y todos están interconectados”. También dicen que existe el agua tibia, eh.

Andrés Wood se podría decir que es uno de esos directores que traen lo mejor de dos mundos: sus películas son lo suficientemente entretenidas y emocionales como para ser disfrutadas por el público en general pero son lo suficientemente estimulantes intelectualmente como para apaciguar a los snobs (como yo). Pero esa habilidad para entretener, emocionar y poner a pensar pareciera estar disminuyendo para pasar a una sensibilidad no tanto Hollywood-esca sino que más bien Miramax-esca, por definirlo de algún modo. Con esto me refiero a que pareciera compartir algunos atributos (como lo son el sobre-uso de música dramática, exceso de histrionismo; en fin, abuso de efectismos cinematográficos) con esas típicas películas que llegan a nuestros cines a fines e inicios de año con la expresa intención de lograr premios Oscar.

Algunas de esas tendencias ya se encuentran en Machuca (como ejemplo: ver la escena de la represión en la población en que vive Machuca casi al final de la película) pero ahí el hilo dramático era lo suficientemente fuerte como para sobreponerse. En su ultima película el hilo dramático es inexistente y tanto personaje y recurso técnico lo que pareciera buscar más bien es esconder la mediocridad inherente al guión. Aunque valga la aclaración La Buena Vida fue aclamada por muchos y ganó premios importantes, incluido el Goya a Mejor Película Extranjera. Seguro estoy en la minoría. Pero, por mi parte, espero que Wood se recupere de ese traspié y continué haciendo películas tan conmovedoras, interesantes y únicas como sus tres primeras.

viernes, 10 de julio de 2009

Nuevos Cineastas Latinoamericanos: Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll (Uruguay)

Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll nacieron en Montevideo en 1974. Se conocieron en la Universidad Católica de esa ciudad mientras estudiaban Comunicaciones, ahí empezaron a colaborar en cortometrajes. Luego de graduarse, pasarían a trabajar en publicidad y televisión, co-escribiendo y dirigiendo una serie animada titulada “El Service” y dos aclamados cortos: “Buenos y Santos” y “Victor y los Elegidos”. Al mismo tiempo, empezaron a trabajar en lo que vendría a ser su primera película.

25 Watts (2001), filmada en blanco y negro de 16 mm con un presupuesto de 200.000 dólares, retrata un día en la vida de tres jóvenes montevideanos: Leche (Daniel Hendler), un aparente bueno-para-nada quién está enamorado de su tutora de italiano, Javi (Jorge Temponi), quien tiene un trabajo conduciendo un carro cuyo altavoz anuncia las delicias de una marca de pasta y Seba (Alfonso Tort), un chico en plena (y retardada) maduración sexual que nunca ha visto una porno en su vida. A lo largo del día se encuentran con un sinnúmero de personajes, que van desde el vecino “especial” de Leche quien busca a su perro perdido por todo el vecindario hasta un frenético vendedor de droga conocido del hermano de Seba pasando por un repartidor de pizzas esquizofrénico y un chico que dice ser capaz de romper el record mundial de series con su bola de futbol.

La película es divertida y entretenida, con un estilo de comedia muy parecido al de las películas independientes americanas de finales de los 80’s e inicios de los 90’s. Directores como Richard Linklater, Kevin Smith y especialmente Jim Jarmusch (quién es mencionado en los créditos) aparecen como influencias, tanto en la manera de contar la historia como en el aspecto visual. Lo más aplaudible de la película es la naturalidad de sus actuaciones pero también lo bien estructurado de su guion. Algunas películas como estas dependen mucho del carisma de sus actores para tapar las carencias de un guión que no va a ninguna parte. Aquí Stoll y Rebella llevan a sus personajes a ninguna parte pero con un guión lleno de sutiles detalles comédicos (la película es dedicada a las abuelas de cada uno pero el personaje de la abuela pareciera estar en un permanente estado catatónico), ingeniosos hechos recurrentes (como la visión del perro en un coche de supermercado) y personajes secundarios que con sus breves apariciones dejan una gran impresión (como el patrón de Javi).

Por supuesto, 25 Watts es más que una simple comedia de chicos en el barrio. Al igual que los directores de la escena indie americana noventera, lo que Stoll y Rebella quieren reflejar es el vacío existencial de estos jóvenes, de ellos mismos y de la juventud uruguaya en general. No saben adonde ir ni adonde pertenecen ni cuales son las expectativas que se tiene de ellos ni cual es el futuro que un país como Uruguay les puede dar. Una anécdota contada repetidamente a lo largo del filme, que dice que el único uruguayo en el libro de records Guinness es un hombre que aplaudió sin parar por cinco días, representa este sentimiento de desencanto con una sociedad mediocre y conformista a la que no quieren pertenecer pero de la que tampoco parecieran poder escapar.

25 Watts obtuvo varios reconocimientos en festivales y se presentó en muchos de ellos pero fue con Whisky (2004) que Rebella y Stoll pondrían firmemente a Uruguay en el mapa cinematográfico mundial. El filme cuenta la historia de Jacobo Koller (Andrés Pazos), un solitario judío dueño de una pequeña fabrica de medias en un sector dilapidado de Montevideo, y de Marta (Mirella Pascual), la atenta y fiel supervisora de la fabrica. Ante la inminente visita de su hermano Herman (Jorge Bolani) quien viene desde Brasil para una ceremonia en honor de su difunta madre, Jacobo le pide a Marta que pretenda ser su esposa por unos días. Herman es un exitoso hombre de negocios, cuya fábrica de medias exporta a todo el Cono Sur, además de que se encuentra felizmente casado con dos hijas ya adultas. Jacobo es todo lo contrario a esto por lo que en un intento desesperado por no mostrarse tan patético ante su hermano, busca en Marta el papel de esposa temporal.

Si 25 Watts se inspiró en gente como Jarmusch, Whisky se inspira en directores como Aki Kaurismaki. Al igual que las películas del gran director finés, Whisky es un filme triste y, si no fuera por las constantes sonrisas que nos saca, se podría decir que es francamente deprimente. Jacobo bien podría ser una versión envejecida de alguno de los personajes de 25 Watts; viejo, solitario, antisocial, envidioso, en guerra con el mundo. Los mejores y más melancólicos momentos de la película ocurren en su segunda mitad cuando los tres viajan a Piriapolis, un balneario uruguayo que evidentemente ha vivido mejores épocas en el que los dos hermanos y Marta parecen querer recuperar un poco de su espíritu de juventud. El final, apropiadamente, es agridulce. Whisky nos habla de la soledad y de la tristeza de una manera sutil y económica en la que, para usar una frase cliché, un solo gesto de sus personajes dice más que mil palabras.

Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella, con solo dos películas, estaban dejando claro que su destino era convertirse en unos de los mejores y más aclamados cineastas contemporáneos de Latinoamérica. Sus películas presentaban una visión divertida, crítica y melancólica de la vida en un país pequeño como Uruguay y, aunque sus influencias eran evidentes, lograban mostrar una voz particular que los diferenciaba del resto.

Lamentablemente, ese futuro de premios y aclamación no pudo concretarse. El 5 de julio del 2006, Rebella fue encontrado muerto de un disparo en la cabeza en su apartamento en Montevideo. Tenía una pistola a su lado y aparentemente, antes de suicidarse, había consumido media botella de whisky. Apenas tenía 32 años. Una gran pérdida para el cine uruguayo y latinoamericano.


Al momento de su muerte, Rebella y Stoll se encontraban trabajando en el guión de lo que sería su tercera película juntos. Stoll ahora se dedica a dirigir anuncios publicitarios.

jueves, 25 de junio de 2009

Nuevos Cineastas Latinoamericanos: Lisandro Alonso (Argentina)

Lisandro Alonso, el más minimalista de los nuevos directores argentinos, nació en Buenos Aires en 1975. Estudió cine en la Universidad del Cine y trabajó como sonidista a finales de los 90’s en Mundo Grúa de Pablo Trapero. También fungió como director asistente en Sobre la Tierra de Nicolás Sarquis hasta que en el 2001, a los 26 años, logró realizar su primera película.

La Libertad nos muestra un día en la vida de Misael (interpretado por Misael Saavedra), un solitario leñador que trabaja en una finca en La Pampa argentina. Vemos a Misael cortando leña, defecando, almorzando, mojándose el pelo para combatir el calor, entregando troncos a un comprador de madera, conduciendo un carro, llenando el tanque de gasolina, matando un armadillo, escuchando la radio, etc. Y eso es básicamente todo. La película es sumamente naturalista y documentalesca con la cámara posicionada sobre Misael prácticamente durante la totalidad de su duración (excepto por una breve escena en que la cámara se “libera” y da vueltas por todo el bosque mientras Misael descansa), documentando todos sus movimientos y sus mínimas interacciones con otras personas (Alonso en general no es muy amigo del dialogo). Pero a pesar de su simplicidad, la película es también una exploración de la relación del hombre con la naturaleza.

Micael, quien vive solo adentro de la finca en que trabaja, pareciera tener una relación conflictiva con la vegetación que le rodea. No hay armonía, no hay sostenibilidad; el bosque es amenazante y hostil lleno de una cacofonía de sonidos que inundan los oídos en todo momento y no dan espacio para la tranquilidad. Micael responde quemando leña para sus fogatas, cortando arboles desde la raíz para ganarse su vida y cazando animales para alimentarse (en este caso, un armadillo). En la escena final de la película, el resplandor de los relámpagos de una tormenta en formación inunda la pantalla mientras Micael come armadillo. La naturaleza amenaza, Micael no claudica. La confrontación está puesta.

Alonso seguiría explorando la relación entre el hombre y la naturaleza en su segunda película, Los Muertos (2004), en la que un hombre llamado Argentino Vargas (interpretado por Argentino Vargas) es liberado de una prisión en Corrientes y viaja en búsqueda de su hija y nietos quienes viven en unas islas internadas en el corazón de un lago. Siguiendo el formato naturalista de su anterior película, aquí seguimos a Vargas en todas sus labores y predicamentos (incluida una extendida escena en la que degolla y destripa a una cabra). Pero si La Libertad llevaba esa contemplación a un punto de tedio, aquí la historia se mueve con un mejor ritmo que evita el aburrimiento (probablemente gracias a que esta es una road movie mientras que la anterior era, bueno, un tipo cortando leña).

En Los Muertos, la batalla entre la naturaleza y el hombre pareciera haber sido ganada por este último. Argentino es un hombre tranquilo y taciturno que, aún así, pareciera tener completo dominio sobre su entorno. Las islas y el lago en el que viaja durante gran parte de la película podrán ser calientes, misteriosas, llenas de insectos y de animales extraños para el espectador; pero Vargas pareciera conocer todos sus secretos. Aún cuando un enjambre de mosquitos o abejas se hace presente, Vargas ni se inmuta: sigue en su camino confiado de que nada le pasará. Pero si esa batalla parece haber sido ganado por el hombre, Los Muertos sugiere un confrontamiento mayor entre los mismos humanos: un personaje sugiere que el crimen por el que Vargas acabó en prisión fue el homicidio de sus hermanos, Vargas tiene sexo con una prostituta mientras las hijas de esta juegan semi-vestidas cerca de donde se consume el acto, la película inicia con cuerpos humanos ensangrentado en la selva mientras un hombre camina con sus manos llenas de sangre, en la ambigua escena final Argentino sostiene un machete antes de entrar a la choza con su nieto; todas estas escenas son un indicador de esa nueva tensión. Una vez que el hombre dominó a la naturaleza y los animales, solo le quedaba dominar a su propia especie.


Fantasma (2006), de apenas una hora de duración, es una especie de conclusión a la historia de Misael y Argentino, una manera para Alonso de unir el destino de estos dos personajes. A diferencia de los campos abiertos de las dos anteriores películas, el escenario de Fantasma se reduce a un solo edificio en el que se encuentra un pequeño cine en el cual se está exhibiendo Los Muertos. El actor principal de esa película, Argentino Vargas, deambula desorientado por el edificio hasta llegar a la sala en la que él y una joven, cuyo nombre y profesión nunca conocemos, son los únicos espectadores de la función. Al mismo tiempo, Misael ronda sin destino aparente los pasillos oscuros del edificio, algunos de los cuales parecen tan amenazantes y hostiles como la vegetación salvaje de La Libertad.

Lo que Alonso hace en Fantasma es resaltar la alienación del ser humano en la sociedad contemporánea. Lejos de la vitalidad y hostilidad con el entorno natural que los acompañaba en sus películas anteriores, Misael y Vargas se encuentran perdidos en un ambiente frío, estéril, descuidado y alienante. Fuera de su elemento natural, estos dos personajes no hacen más que perderse en esta selva de concreto. Pero Fantasma también pareciera cumplir una doble función: por un lado se puede considerar como un experimento con el que Alonso juega con las percepciones de naturalismo documentalista de sus películas. Al presentar a los actores (interpretándose a si mismos) viéndose pasivamente en la pantalla (interpretándose a si mismos), Alonso resalta el carácter ambiguo de sus películas, en el que los personajes no son tanto personajes sino que son figuras detenidas en el punto limítrofe entre la realidad y la ficción. Y por otro lado, Fantasma, muy al estilo de Goodbye Dragon Inn de Tsai Ming Liang, funciona como un comentario acerca de la muerte de los cines alternativos. Alonso se pone a sí mismo como ejemplo, poniendo en el centro de su película a un viejo cine casi desierto exhibiendo Los Muertos. Las audiencias abandonan los cines alternativos. Estos cines alternativos cierran. Y lo único que queda son fantasmas de un tiempo pasado.


En Liverpool (2008), seguimos a un marinero de nombre Farrel quien, al atracar su barco en el puerto patagónico de Ushuaia, decide bajar a tierra y visitar a su familia con la cual no tiene contacto desde hace mucho tiempo. Al mejor estilo de Alonso, la cámara se queda en Farrel recorriendo Ushuaia, viajando hasta el pueblito en el que vive su familia, comiendo, tomando licor (una botella es su fiel acompañante), durmiendo, viendo al horizonte, etc. Una vez que Farrel llega adonde su familia, queda claro que la conexión emocional entre estas personas es nula por lo que a la primera oportunidad él decide escabullirse de la casa y volver a su barco. Si esto fuera Los Muertos o La Libertad, seguiríamos con Farrel en el barco hasta que la película llegara a su fin. Pero en Liverpool Alonso hace algo que no había hecho en sus películas anteriores: cambia el punto de vista. Le decimos adiós a nuestro personaje principal y por los últimos 20-30 minutos de la película nos quedamos con su distanciada familia en el pequeño y frío pueblo en el que pasan su existencia, alejados de todo símbolo de civilización o de argentinidad.

Liverpool es notable también por su desarrollo de personajes, algo casi inexistente en sus anteriores películas. Aquí, si bien mínimamente, somos llamados a hacer una conexión emocional con los personajes, nos vemos forzados a reaccionar de alguna manera ante sus vicisitudes y su estilo de vida. Liverpool no es una película de conflictos entre el hombre contra la naturaleza o del hombre contra el hombre, es una película de la soledad de un hombre y su incapacidad para forjar relaciones afectivas con sus “seres queridos” ni con los lugares que visita. Un día es Ushuaia, otro día es Liverpool. No hay diferencia. Pero su familia, que se queda atrás, no tiene otra opción más que seguir con las labores diarias en un lugar congelado y olvidado por el tiempo.

Lisandro Alonso es un director único en el cine Latinoamericano. Jugando entre el límite de la ficción y el documental, se va meses antes de empezar la filmación a conocer la locación de sus películas, se queda viviendo ahí un tiempo, se mezcla con los nativos, aprende de su forma de vida y de su manera de pensar y los utiliza como actores principales en sus filmes. Sus películas se enriquecen de este naturalismo pero no se limitan a simplemente documentar, están llenas de subtextos y de significados cuya interpretación puede variar de espectador a espectador. La filmografía de Lisandro Alonso nos presenta un mundo en conflicto con la naturaleza, con los animales, con los seres humanos, con las emociones y con la cultura. Pocos directores latinos actuales han comunicado tanto con tan poca parafernalia técnica o histriónica.

En el próximo artículo de esta serie cruzamos el Río de la Plata para realizar una breve visita al cine de Uruguay.