sábado, 25 de julio de 2009

Nuevos Cineastas Latinoamericanos: Andrés Wood (Chile)

Hace unos días debería haber publicado una entrada relacionada con varias películas uruguayas que tuve la oportunidad de ver. Pero, a pesar de que ya la tenía terminada y lista para publicar, mi computadora murió súbitamente (aunque no el disco duro). Apenas pueda recuperar el artículo, lo subo. Pero mientras tanto, seguimos el recorrido cruzando los Andes hasta llegar a Chile.

Andrés Wood, nacido en 1965 y de descendencia irlandesa y escocesa, es probablemente el director más aclamado del cine chileno contemporáneo. A pesar de que siempre había sido aficionado del cine, sus estudios universitarios se orientaron inicialmente por el lado de la Economía. Pero una vez graduado, la afición pudo más y se trasladó a Nueva York para estudiar dirección de fotografía. A inicios de los 90 comenzó a trabajar en la realización de anuncios para la televisión al mismo tiempo que trabajaba en la creación de sus propios cortometrajes. Uno de ellos, Reunión de Familia, tendría gran suceso en festivales tanto en Chile como en el resto del mundo lo cual le daría el impulso a Wood para filmar su primera película.Historias de Fútbol (1997) está compuesta por tres segmentos, cada uno relacionado con el deporte más popular del mundo: el fútbol. La primera historia está basada en un cuento de Mario Benedetti y narra las tentaciones que hacen a un jugador de fútbol amateur de Santiago sucumbir ante los intentos de un dirigente por sobornarlo. La segunda historia, basada en un cuento de Raúl Pérez Torres y situada en pleno desierto de Calama, nos cuenta la alegría de un niño que logra hacerse dueño de una nueva bola de fútbol al mismo tiempo que debe enfrentar las carencias económicas que llevan a su madre a empeñar muchas de sus pertenencias. Y en la ultima historia, la única que es completamente original de Wood y sus co-guionistas, nos encontramos con un joven santiagueño que se encuentra varado en una isla del Archipiélago de Chiloé justo el mismo día que la selección chilena juega un importante partido eliminatorio para el Mundial. Por lo tanto, será invitado a la casa de un par de mujeres de la isla para que vea el partido, mujeres que están dispuestas en probar que la verdadera pasión de multitudes se encuentra en la cama en vez del campo de juego.

Los tres segmentos de la película están emparentados con el fútbol, por supuesto, pero primordialmente con el sacrificio que los diferentes personajes realizan por este juego. En la primera historia, el jugador de fútbol debe escoger entre aceptar el soborno y así sacrificar el espíritu del deporte y las esperanzas que tiene toda su comunidad en él o, por otro lado, anteponer su amor por el fútbol y negarse a recibir la recompensa monetaria. En la segunda historia, el niño debe tomar la decisión de empeñar su preciada bola de fútbol con tal de que su familia pueda seguir adelante económicamente, sacrificando de esta manera el juego ante necesidades más apremiantes. Y en la tercera historia, que tiene un tono más cómico y juguetón que las otras dos, son los hombres los que deben elegir cual “pasión de multitudes” es más importante: el fútbol o el sexo.

Historias de Futbol es un filme light, las historias no son más que adaptaciones de pequeños cuentos y eso se nota. Mayor profundidad no tienen. Pero Wood lo que quería era mostrar como el fútbol (o el deporte en general) siempre está presente en diferentes aspectos de nuestras vidas. Y al situar cada segmento en lugares diferentes de la geografía chilena, la película resalta el poder del fútbol para unir a una nación. Ya sea en un barrio de Santiago, en el desierto de Calama o en una isla en Chiloé, siempre se podrá encontrar esa obsesión por el llamado “juego más bello del mundo”.

Historia de Fútbol llegaría a tener gran aceptación por parte del público y la critica. Wood decidió seguirlo con El Desquite, una mini-serie para la Televisión Nacional de Chile basada en un trabajo del cantautor Roberto Parra acerca de la vida en los latifundios chilenos. Después de su emisión en televisión, Wood editó el documental y lo lanzó en 1999 a las salas de cine en una versión reducida de dos horas. Esta película es prácticamente imposible de encontrar en Internet y, aunque puse a trabajar horas extras al Google, no la pude encontrar. Por lo que pasamos ahora a la que en realidad es su segundo largometraje propiamente para el cine.

La Fiebre del Loco (2001) se centra en la caza del loco (un tipo de crustáceo marítimo en peligros de extinción muy degustado por los asiáticos) y los efectos que esta tiene en la pequeña localidad de Puerto Gala. El Canuto (Emilio Bardi), un oriundo de la zona que se fue a las ciudades a conseguir mejor suerte, logra convencer a su amigo Jorge (Luis Dobó) y a todo el pueblo de que vendan todo el “loco” que logren cazar a un empresario japonés que se asegurará de venderlo en su país natal. Por supuesto, el empresario japonés es un farsante y El Canuto simplemente está tratando de acumular una fortuna timando a todos los pescadores de su pueblo natal, incluido su supuesto amigo Jorge. Al mismo tiempo, un barco de prostitutas ancla en Puerto Gala con la intención de aprovechar la fuerte mezcla de deseo carnal y dinero que envuelve a los pobladores durante la caza del loco.

Más allá de que la película tenga sus personajes principales que son los encargados de realizar los eventos catalizadores de la trama, La Fiebre del Loco se enfoca más que todo en la comunidad entera de Puerto Gala y los efectos que la avaricia causada por la caza del loco tiene sobre ellos. Por supuesto, está el hombre capaz de engañar a su propio pueblo con tal de hacer dinero. Pero también están los demás hombres del pueblo quienes alegremente celebran su cacería acostándose con prostitutas sin siquiera tratar de escondérselo a sus esposas. Y estas últimas, las cuales al final de la película confrontan violentamente a las prostitutas, parecen estar más enojadas por el dineral que gastaron sus maridos en ellas más que por el hecho de que estos les hayan sido infieles. La avaricia lleva a estos personajes a herir a sus seres queridos. Los hombres hieren a sus esposas. Las esposas a las prostitutas. Y el Canuto a toda su comunidad. Todo por el dinero. Todo por la fiebre del Loco.

La Fiebre del Loco probablemente es mi película preferida de Wood. Aunque su trama principal no sea nada del otro mundo ni tenga el peso dramático de Machuca, su construcción de una comunidad pesquera en un lugar olvidado de Chile es memorable, llena de personajes idiosincráticos y de pequeños toques, como el programa de radio que se transmite cada noche en el pueblo, que le dan gran vitalidad a la película. Ya quisiera uno quedarse en Puerto Gala por más tiempo.

La tercera y más exitosa película de Wood es Machuca. Lanzada en el 2004 pero ambientada en el Chile de 1973, el filme se enfoca en los convulsos últimos meses del gobierno de Allende y los inicios del golpe de Estado de Augusto Pinochet. Gonzalo (Matías Quer) es un chico de clase media-alta que asiste a Saint Patrick, un exclusivo colegio católico de Santiago. El director de este colegio, el Padre McEnroe, decide adoptar una política de integración social que consiste en integrar gratuitamente a niños de clase baja provenientes de las poblaciones cercanas al colegio. Uno de estos niños es Pedro Machuca (Ariel Mateluna) quien desarrolla una amistad con Gonzalo, amistad que se verá amenazada conforme la sociedad chilena se va polarizando cada vez más y más.

Machuca es políticamente simplista, la película se reduce a presentar todo el conflicto chileno como si fuera solo una disputa entre ricos y pobres, con los ricos vestidos con ropas a la moda y siendo infieles con sus maridos y los pobres viviendo entre latas y sin siquiera agua potable. La misma película no busca tomar posiciones políticas muy fuertes pero aún así queda claro de que Wood (quien, al igual que el personaje de Gonzalo, estuvo en un colegio católico muy parecido al retratado en la película) tiene una visión negativa de los golpistas y de un sector de las clases altas a las que considera egoístas e insensibles con el sufrimiento de los menos afortunados. Pero esto no significa que el filme sea un panfleto izquierdista pro-Allende. Los héroes de la película no son los simpatizantes de uno u otro movimiento político, sino que son aquellos individuos, como el Padre McEnroe (basado en el director del colegio católico al que asistió Wood en su juventud), que buscaban la unión y la solidaridad entre todos los chilenos, sin importar su origen o condición socioeconómica.

Más allá del mensaje sociopolítico que nos quiera transmitir o no esta película, su éxito radica en lo humana y poderosa que es su trama principal. Abstrayéndose lo más que pueden del oscuro panorama político que se avecinaba, Gonzalo y Machuca buscan divertirse como los chicos que son, incluso experimentando los inicios de su despertar sexual. Pero esta amistad idílica y apolítica mucho no podría durar. Pronto incluso Gonzalo y Machuca se verían afectados por las fuerzas que llevaron a la partición de una sociedad, a la victoria de unos y a la derrota de otros. Fuerzas que provocaron heridas que perduran en la sociedad chilena, cicatrices que no han sanado.

Su ultima película, y probablemente la más ambiciosa, es La Buena Vida del 2008. Basada en historias verdaderas, la película relata eventos en la vida de cuatro personas que parecieran no tener nada que ver la una con la otra pero que inevitablemente se encontrarán en algún punto de la gran metrópolis santiagueña. Seguimos a Teresa (Aline Kuppenheim), una educadora sexual que sorpresivamente se da cuenta de que su hija quinceañera (Manuela Martelli) , con la que tiene una relación difícil, se encuentra embarazada. También tenemos a Edmundo (Roberto Farías), un cosmetólogo que sueña con abrir su propio salón de belleza por lo que solicita un préstamo al banco y ahí se enamora de Esmeralda (Manuela Oyarzún), la empleada bancaria que lo atiende. Mario (Eduardo Paxeco), por su parte, es un clarinetista talentoso y educado en Alemania pero que ve como su deseo de pertenecer a la Orquesta Filarmónica de Chile se desvanece en el aire al ser inexplicablemente rechazado después de realizar su audición. Y, por ultimo, está la historia de una prostituta (Paula Sotelo) afectada por algún tipo de enfermedad venérea pero que no puede recibir tratamiento ya que no tiene con quien dejar a su hijo pequeño.

Generalmente le tengo una gran desconfianza a las películas “corales”. Muchas veces el exceso de personajes, la gran cantidad de mini-tramas y la dependencia en convenientes coincidencia para que estas tengan sentido hacen que estas películas traten de hablar mucho pero sin decir nada. La Buena Vida, lamentablemente, no es la excepción. Todas las cuatro historias se sienten incompletas y no hay mayor hilo que las una. Cierto, todas tienen que ver con personajes que han experimentado algún tipo de perdida y que buscan cambios en su vida. También tienen en común que se sitúan en la ciudad de Santiago. Pero nada más. No se profundiza en las motivaciones y vicisitudes de estos personajes (los cuales, con la posible excepción de Edmundo, no son particularmente simpáticos ni interesantes), las historias no presentan nada nuevo y, lo más devastador en una película como esta, ninguna tiene algún “punch” emocional ya que no hay incentivo para involucrarse emocionalmente.

El personaje de la prostituta enferma es el más grande ejemplo de todos estos problemas. Ella pareciera representar a la parte de Santiago que es olvidada, por la que nada se hace, aquellos para los que los imponentes rascacielos de la ciudad son poco más que una imagen lejana que ven por su ventana. Pero hasta ahí llega la caracterización. El personaje no es más que un símbolo. No sabemos nada de ella. Aparece en un par de escenas y ya. Y se supone que tenemos que sentir algo ante su inevitable destino?

La Buena Vida sufre debido a que sus historias individuales no son lo suficientemente interesantes y dependen demasiado de las coincidencias y los encuentros aleatorios entre personajes para provocar un efecto emocional, como todas las películas corales. Pero, en este caso, no hay ningún efecto emocional. La película parece limitarse a decir “en Santiago viven toda clase de personas y todos están interconectados”. También dicen que existe el agua tibia, eh.

Andrés Wood se podría decir que es uno de esos directores que traen lo mejor de dos mundos: sus películas son lo suficientemente entretenidas y emocionales como para ser disfrutadas por el público en general pero son lo suficientemente estimulantes intelectualmente como para apaciguar a los snobs (como yo). Pero esa habilidad para entretener, emocionar y poner a pensar pareciera estar disminuyendo para pasar a una sensibilidad no tanto Hollywood-esca sino que más bien Miramax-esca, por definirlo de algún modo. Con esto me refiero a que pareciera compartir algunos atributos (como lo son el sobre-uso de música dramática, exceso de histrionismo; en fin, abuso de efectismos cinematográficos) con esas típicas películas que llegan a nuestros cines a fines e inicios de año con la expresa intención de lograr premios Oscar.

Algunas de esas tendencias ya se encuentran en Machuca (como ejemplo: ver la escena de la represión en la población en que vive Machuca casi al final de la película) pero ahí el hilo dramático era lo suficientemente fuerte como para sobreponerse. En su ultima película el hilo dramático es inexistente y tanto personaje y recurso técnico lo que pareciera buscar más bien es esconder la mediocridad inherente al guión. Aunque valga la aclaración La Buena Vida fue aclamada por muchos y ganó premios importantes, incluido el Goya a Mejor Película Extranjera. Seguro estoy en la minoría. Pero, por mi parte, espero que Wood se recupere de ese traspié y continué haciendo películas tan conmovedoras, interesantes y únicas como sus tres primeras.

martes, 21 de julio de 2009

Imaginadores

Argentina, sin duda, es para Latinoámerica la vanguardia en lo que a producción de cómics se refiere por lo que se tenía merecido un documental que empezara el trabajo de recopilar visualmente su larga historia. Ese documental, dirigido por Daniela Fiore y lanzado el año pasado, es Imaginadores. Para aquellos interesados en el cómic (venga de donde venga) es imperdible ya que incluye entrevistas con algunos de los mejores guionistas y dibujantes que le ha dado la Argentina al mundo. Además tiene un diseño visual muy atractivo, lleno de animaciones, colores, cuadros y dibujos.

El aspecto negativo del documental es que se siente incompleto ya que no toma en cuenta ninguna historieta creada antes de 1940 y le pone mucha atención (merecidamente) a la llamada "edad de oro" del cómic argentino pero le dedica muy poco al estado de la industria en las ultimas dos décadas. Aún así, es un documental atractivo e informativo recomendado para todos aquellos que pensaban que solo en Estados Unidos o Europa se creaban cómics de calidad.

Aquí pueden encontrar los links para descargar la película (gracias al muy buen blog Café y Cigarillos).

Continuando con la importancia del cómic argentino en el contexto mundial, el caricaturista colombiano-costarricense Oki (Oscar Sierra Quintero) escribió un interesante artículo para el suplemento Ancora de La Nación que habla acerca de las contribuciones de este país sudamericano al cómic europeo. Lo pueden leer aquí.

Para seguir en Costa Rica, el Sistema Nacional de Bibliotecas (o Sinabi) subió a su página de internet algunos trabajos de 14 caricaturistas costarricenses de fines del siglo 19 e inicios del siglo 20. Todo un tesoro que demuestra que aquí mismo en Costa Rica la historieta siempre estuvo presente. Los pueden encontrar acá.

Por ultimo, un poco de historia acerca de la caricatura costarricense. Del ya mencionado Oki, tenemos dos artículos diferentes: uno habla de la lenta evolución de la historieta en nuestro país mientras que el otro trata la situación actual del cómic nacional (actual = 2003). Y de Ana Cecilia Sánchez, autora de la Historia del Humor Gráfico en Costa Rica (libro que no he podido conseguir), tenemos parte de su libro Caricatura y Prensa Nacional en Google Books. Como es usual, no se pueden leer todas las páginas. Pero como no creo que sea muy fácil de conseguir, permite por lo menos echarle una ojeada y disfrutar de las múltiples ilustraciones y caricaturas que contiene.

jueves, 16 de julio de 2009

Interrumpimos Nuestra Programación Habitual...

...para celebrar al Pincha campeón de América.

A pesar de no ser argentino, a Estudiantes lo sigo desde aquel Apertura 2006 en el que vinieron desde atrás para ganar un título que ya muchos le daban a Boca. Usualmente cuando veo alguna liga extranjera, me atrae más apoyar a los equipos subestimados. Ese Apertura fue el primer torneo argentino al que le puse atención de principio a fin y resultó que Estudiantes fue el equipo subestimado ante el poderío tradicional de Boca Juniors.

A partir de ese diciembre en que Estudiantes ganó la final en cancha de Vélez, le he puesto atención a las actuaciones del Pincha en todas las competencias que ha disputado, he visto todos los partidos que han transmitido por aquí y he leído bastante de la historia del club. El año pasado ví con desazón como se escapó la Sudamericana en Porto Alegre, a pesar de un valiente esfuerzo del equipo al llevar el partido al alargue.

Ayer, estaba que temblada de los nervios y la emoción durante los ultimos minutos del partido. Pero finalmente se dió, Estudiantes silenció las 60.000 almas que colmaron el Mineirao y volvió a ser campeón de todo un continente, repitiendo esas hazañas coperas de las que tanto he leído en los últimos años. A pura garra, huevos y talento, y de la mano de un líder envidiable como lo es Verón, Estudiantes vuelve a las primeras planas del fútbol mundial. Al lugar que le pertenece.


Salud Campeón!

P.D.: Uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol costarricense, José Rafael "Fello" Meza, tuvo un breve paso por Estudiantes en la decáda de los 40's. Aquí pueden encontrar un pequeño repaso (con algunas citas de la prensa argentina de la época) escrito por Rodrigo Calvo de La Nación acerca del tiempo que estuvo Fello en el campeón de América.

viernes, 10 de julio de 2009

Nuevos Cineastas Latinoamericanos: Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll (Uruguay)

Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll nacieron en Montevideo en 1974. Se conocieron en la Universidad Católica de esa ciudad mientras estudiaban Comunicaciones, ahí empezaron a colaborar en cortometrajes. Luego de graduarse, pasarían a trabajar en publicidad y televisión, co-escribiendo y dirigiendo una serie animada titulada “El Service” y dos aclamados cortos: “Buenos y Santos” y “Victor y los Elegidos”. Al mismo tiempo, empezaron a trabajar en lo que vendría a ser su primera película.

25 Watts (2001), filmada en blanco y negro de 16 mm con un presupuesto de 200.000 dólares, retrata un día en la vida de tres jóvenes montevideanos: Leche (Daniel Hendler), un aparente bueno-para-nada quién está enamorado de su tutora de italiano, Javi (Jorge Temponi), quien tiene un trabajo conduciendo un carro cuyo altavoz anuncia las delicias de una marca de pasta y Seba (Alfonso Tort), un chico en plena (y retardada) maduración sexual que nunca ha visto una porno en su vida. A lo largo del día se encuentran con un sinnúmero de personajes, que van desde el vecino “especial” de Leche quien busca a su perro perdido por todo el vecindario hasta un frenético vendedor de droga conocido del hermano de Seba pasando por un repartidor de pizzas esquizofrénico y un chico que dice ser capaz de romper el record mundial de series con su bola de futbol.

La película es divertida y entretenida, con un estilo de comedia muy parecido al de las películas independientes americanas de finales de los 80’s e inicios de los 90’s. Directores como Richard Linklater, Kevin Smith y especialmente Jim Jarmusch (quién es mencionado en los créditos) aparecen como influencias, tanto en la manera de contar la historia como en el aspecto visual. Lo más aplaudible de la película es la naturalidad de sus actuaciones pero también lo bien estructurado de su guion. Algunas películas como estas dependen mucho del carisma de sus actores para tapar las carencias de un guión que no va a ninguna parte. Aquí Stoll y Rebella llevan a sus personajes a ninguna parte pero con un guión lleno de sutiles detalles comédicos (la película es dedicada a las abuelas de cada uno pero el personaje de la abuela pareciera estar en un permanente estado catatónico), ingeniosos hechos recurrentes (como la visión del perro en un coche de supermercado) y personajes secundarios que con sus breves apariciones dejan una gran impresión (como el patrón de Javi).

Por supuesto, 25 Watts es más que una simple comedia de chicos en el barrio. Al igual que los directores de la escena indie americana noventera, lo que Stoll y Rebella quieren reflejar es el vacío existencial de estos jóvenes, de ellos mismos y de la juventud uruguaya en general. No saben adonde ir ni adonde pertenecen ni cuales son las expectativas que se tiene de ellos ni cual es el futuro que un país como Uruguay les puede dar. Una anécdota contada repetidamente a lo largo del filme, que dice que el único uruguayo en el libro de records Guinness es un hombre que aplaudió sin parar por cinco días, representa este sentimiento de desencanto con una sociedad mediocre y conformista a la que no quieren pertenecer pero de la que tampoco parecieran poder escapar.

25 Watts obtuvo varios reconocimientos en festivales y se presentó en muchos de ellos pero fue con Whisky (2004) que Rebella y Stoll pondrían firmemente a Uruguay en el mapa cinematográfico mundial. El filme cuenta la historia de Jacobo Koller (Andrés Pazos), un solitario judío dueño de una pequeña fabrica de medias en un sector dilapidado de Montevideo, y de Marta (Mirella Pascual), la atenta y fiel supervisora de la fabrica. Ante la inminente visita de su hermano Herman (Jorge Bolani) quien viene desde Brasil para una ceremonia en honor de su difunta madre, Jacobo le pide a Marta que pretenda ser su esposa por unos días. Herman es un exitoso hombre de negocios, cuya fábrica de medias exporta a todo el Cono Sur, además de que se encuentra felizmente casado con dos hijas ya adultas. Jacobo es todo lo contrario a esto por lo que en un intento desesperado por no mostrarse tan patético ante su hermano, busca en Marta el papel de esposa temporal.

Si 25 Watts se inspiró en gente como Jarmusch, Whisky se inspira en directores como Aki Kaurismaki. Al igual que las películas del gran director finés, Whisky es un filme triste y, si no fuera por las constantes sonrisas que nos saca, se podría decir que es francamente deprimente. Jacobo bien podría ser una versión envejecida de alguno de los personajes de 25 Watts; viejo, solitario, antisocial, envidioso, en guerra con el mundo. Los mejores y más melancólicos momentos de la película ocurren en su segunda mitad cuando los tres viajan a Piriapolis, un balneario uruguayo que evidentemente ha vivido mejores épocas en el que los dos hermanos y Marta parecen querer recuperar un poco de su espíritu de juventud. El final, apropiadamente, es agridulce. Whisky nos habla de la soledad y de la tristeza de una manera sutil y económica en la que, para usar una frase cliché, un solo gesto de sus personajes dice más que mil palabras.

Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella, con solo dos películas, estaban dejando claro que su destino era convertirse en unos de los mejores y más aclamados cineastas contemporáneos de Latinoamérica. Sus películas presentaban una visión divertida, crítica y melancólica de la vida en un país pequeño como Uruguay y, aunque sus influencias eran evidentes, lograban mostrar una voz particular que los diferenciaba del resto.

Lamentablemente, ese futuro de premios y aclamación no pudo concretarse. El 5 de julio del 2006, Rebella fue encontrado muerto de un disparo en la cabeza en su apartamento en Montevideo. Tenía una pistola a su lado y aparentemente, antes de suicidarse, había consumido media botella de whisky. Apenas tenía 32 años. Una gran pérdida para el cine uruguayo y latinoamericano.


Al momento de su muerte, Rebella y Stoll se encontraban trabajando en el guión de lo que sería su tercera película juntos. Stoll ahora se dedica a dirigir anuncios publicitarios.

jueves, 25 de junio de 2009

Nuevos Cineastas Latinoamericanos: Lisandro Alonso (Argentina)

Lisandro Alonso, el más minimalista de los nuevos directores argentinos, nació en Buenos Aires en 1975. Estudió cine en la Universidad del Cine y trabajó como sonidista a finales de los 90’s en Mundo Grúa de Pablo Trapero. También fungió como director asistente en Sobre la Tierra de Nicolás Sarquis hasta que en el 2001, a los 26 años, logró realizar su primera película.

La Libertad nos muestra un día en la vida de Misael (interpretado por Misael Saavedra), un solitario leñador que trabaja en una finca en La Pampa argentina. Vemos a Misael cortando leña, defecando, almorzando, mojándose el pelo para combatir el calor, entregando troncos a un comprador de madera, conduciendo un carro, llenando el tanque de gasolina, matando un armadillo, escuchando la radio, etc. Y eso es básicamente todo. La película es sumamente naturalista y documentalesca con la cámara posicionada sobre Misael prácticamente durante la totalidad de su duración (excepto por una breve escena en que la cámara se “libera” y da vueltas por todo el bosque mientras Misael descansa), documentando todos sus movimientos y sus mínimas interacciones con otras personas (Alonso en general no es muy amigo del dialogo). Pero a pesar de su simplicidad, la película es también una exploración de la relación del hombre con la naturaleza.

Micael, quien vive solo adentro de la finca en que trabaja, pareciera tener una relación conflictiva con la vegetación que le rodea. No hay armonía, no hay sostenibilidad; el bosque es amenazante y hostil lleno de una cacofonía de sonidos que inundan los oídos en todo momento y no dan espacio para la tranquilidad. Micael responde quemando leña para sus fogatas, cortando arboles desde la raíz para ganarse su vida y cazando animales para alimentarse (en este caso, un armadillo). En la escena final de la película, el resplandor de los relámpagos de una tormenta en formación inunda la pantalla mientras Micael come armadillo. La naturaleza amenaza, Micael no claudica. La confrontación está puesta.

Alonso seguiría explorando la relación entre el hombre y la naturaleza en su segunda película, Los Muertos (2004), en la que un hombre llamado Argentino Vargas (interpretado por Argentino Vargas) es liberado de una prisión en Corrientes y viaja en búsqueda de su hija y nietos quienes viven en unas islas internadas en el corazón de un lago. Siguiendo el formato naturalista de su anterior película, aquí seguimos a Vargas en todas sus labores y predicamentos (incluida una extendida escena en la que degolla y destripa a una cabra). Pero si La Libertad llevaba esa contemplación a un punto de tedio, aquí la historia se mueve con un mejor ritmo que evita el aburrimiento (probablemente gracias a que esta es una road movie mientras que la anterior era, bueno, un tipo cortando leña).

En Los Muertos, la batalla entre la naturaleza y el hombre pareciera haber sido ganada por este último. Argentino es un hombre tranquilo y taciturno que, aún así, pareciera tener completo dominio sobre su entorno. Las islas y el lago en el que viaja durante gran parte de la película podrán ser calientes, misteriosas, llenas de insectos y de animales extraños para el espectador; pero Vargas pareciera conocer todos sus secretos. Aún cuando un enjambre de mosquitos o abejas se hace presente, Vargas ni se inmuta: sigue en su camino confiado de que nada le pasará. Pero si esa batalla parece haber sido ganado por el hombre, Los Muertos sugiere un confrontamiento mayor entre los mismos humanos: un personaje sugiere que el crimen por el que Vargas acabó en prisión fue el homicidio de sus hermanos, Vargas tiene sexo con una prostituta mientras las hijas de esta juegan semi-vestidas cerca de donde se consume el acto, la película inicia con cuerpos humanos ensangrentado en la selva mientras un hombre camina con sus manos llenas de sangre, en la ambigua escena final Argentino sostiene un machete antes de entrar a la choza con su nieto; todas estas escenas son un indicador de esa nueva tensión. Una vez que el hombre dominó a la naturaleza y los animales, solo le quedaba dominar a su propia especie.


Fantasma (2006), de apenas una hora de duración, es una especie de conclusión a la historia de Misael y Argentino, una manera para Alonso de unir el destino de estos dos personajes. A diferencia de los campos abiertos de las dos anteriores películas, el escenario de Fantasma se reduce a un solo edificio en el que se encuentra un pequeño cine en el cual se está exhibiendo Los Muertos. El actor principal de esa película, Argentino Vargas, deambula desorientado por el edificio hasta llegar a la sala en la que él y una joven, cuyo nombre y profesión nunca conocemos, son los únicos espectadores de la función. Al mismo tiempo, Misael ronda sin destino aparente los pasillos oscuros del edificio, algunos de los cuales parecen tan amenazantes y hostiles como la vegetación salvaje de La Libertad.

Lo que Alonso hace en Fantasma es resaltar la alienación del ser humano en la sociedad contemporánea. Lejos de la vitalidad y hostilidad con el entorno natural que los acompañaba en sus películas anteriores, Misael y Vargas se encuentran perdidos en un ambiente frío, estéril, descuidado y alienante. Fuera de su elemento natural, estos dos personajes no hacen más que perderse en esta selva de concreto. Pero Fantasma también pareciera cumplir una doble función: por un lado se puede considerar como un experimento con el que Alonso juega con las percepciones de naturalismo documentalista de sus películas. Al presentar a los actores (interpretándose a si mismos) viéndose pasivamente en la pantalla (interpretándose a si mismos), Alonso resalta el carácter ambiguo de sus películas, en el que los personajes no son tanto personajes sino que son figuras detenidas en el punto limítrofe entre la realidad y la ficción. Y por otro lado, Fantasma, muy al estilo de Goodbye Dragon Inn de Tsai Ming Liang, funciona como un comentario acerca de la muerte de los cines alternativos. Alonso se pone a sí mismo como ejemplo, poniendo en el centro de su película a un viejo cine casi desierto exhibiendo Los Muertos. Las audiencias abandonan los cines alternativos. Estos cines alternativos cierran. Y lo único que queda son fantasmas de un tiempo pasado.


En Liverpool (2008), seguimos a un marinero de nombre Farrel quien, al atracar su barco en el puerto patagónico de Ushuaia, decide bajar a tierra y visitar a su familia con la cual no tiene contacto desde hace mucho tiempo. Al mejor estilo de Alonso, la cámara se queda en Farrel recorriendo Ushuaia, viajando hasta el pueblito en el que vive su familia, comiendo, tomando licor (una botella es su fiel acompañante), durmiendo, viendo al horizonte, etc. Una vez que Farrel llega adonde su familia, queda claro que la conexión emocional entre estas personas es nula por lo que a la primera oportunidad él decide escabullirse de la casa y volver a su barco. Si esto fuera Los Muertos o La Libertad, seguiríamos con Farrel en el barco hasta que la película llegara a su fin. Pero en Liverpool Alonso hace algo que no había hecho en sus películas anteriores: cambia el punto de vista. Le decimos adiós a nuestro personaje principal y por los últimos 20-30 minutos de la película nos quedamos con su distanciada familia en el pequeño y frío pueblo en el que pasan su existencia, alejados de todo símbolo de civilización o de argentinidad.

Liverpool es notable también por su desarrollo de personajes, algo casi inexistente en sus anteriores películas. Aquí, si bien mínimamente, somos llamados a hacer una conexión emocional con los personajes, nos vemos forzados a reaccionar de alguna manera ante sus vicisitudes y su estilo de vida. Liverpool no es una película de conflictos entre el hombre contra la naturaleza o del hombre contra el hombre, es una película de la soledad de un hombre y su incapacidad para forjar relaciones afectivas con sus “seres queridos” ni con los lugares que visita. Un día es Ushuaia, otro día es Liverpool. No hay diferencia. Pero su familia, que se queda atrás, no tiene otra opción más que seguir con las labores diarias en un lugar congelado y olvidado por el tiempo.

Lisandro Alonso es un director único en el cine Latinoamericano. Jugando entre el límite de la ficción y el documental, se va meses antes de empezar la filmación a conocer la locación de sus películas, se queda viviendo ahí un tiempo, se mezcla con los nativos, aprende de su forma de vida y de su manera de pensar y los utiliza como actores principales en sus filmes. Sus películas se enriquecen de este naturalismo pero no se limitan a simplemente documentar, están llenas de subtextos y de significados cuya interpretación puede variar de espectador a espectador. La filmografía de Lisandro Alonso nos presenta un mundo en conflicto con la naturaleza, con los animales, con los seres humanos, con las emociones y con la cultura. Pocos directores latinos actuales han comunicado tanto con tan poca parafernalia técnica o histriónica.

En el próximo artículo de esta serie cruzamos el Río de la Plata para realizar una breve visita al cine de Uruguay.

lunes, 8 de junio de 2009

Nuevos Cineastas Latinoamericanos: Pablo Trapero (Argentina)

Continuamos este repaso por los nuevos cineastas latinoamericanos con un director desconocido para mí hasta este momento: Pablo Trapero. Nacido en Ramos Mejía, provincia de Buenos Aires en 1971, realiza sus estudios como director en la Universidad del Cine en Buenos Aires. Durante este tiempo, filma dos cortometrajes: Mocoso Malcriado (1991) y Negocios (1993). En 1996 fundó junto con otros directores la compañía de producción “Cinematográfica Sargentina” con la que produjo en 1999 su opera prima.


En Mundo Grúa, Luis Margani interpreta a Rulo, un exitoso músico en la década de los 70’s que ahora se ve reducido a ser un obeso y divorciado desempleado en busca de cualquier trabajo que le permita ganar un poco de dinero. Con él vive su hijo veinteañero Claudio (Federico Esquerro, frecuente colaborador de Trapero tanto detrás como delante de la cámara), un perezoso y desmotivado músico de rock que pareciera estar siguiendo el mismo camino de su padre hacia un futuro de penurias económicas. El nombre de la película viene de un trabajo que consigue Rulo operando grúas en proyectos de construcción en Buenos Aires.

Mundo Grúa es una película en la tradición neorrealista más pura. Filmada en blanco y negro en stock de 16 mm, con varios actores no profesionales y un presupuesto casi inexistente; Trapero presenta la vida de la clase trabajadora argentina con un tono cómico y afectivo pero también presentando su lado más oscuro y desesperante (la ultima toma de la película muestra la mitad de la cara del Rulo iluminada por la luz y la mitad oscurecida por la sombra). La trama de la película es mínima, la película viene a preocuparse más por estos personajes lo cual puede llevar a escenas extendidas que parecen no adelantar la historia. Usualmente soy abierto a este tipo de enfoque narrativo, pero en algunas partes me dio la impresión de ser un mediometraje extendido innecesariamente. Algunos personajes no son lo suficientemente desarrollados como Adriana (con quien Rulo pareciera empezar una relación) o el mismo Claudio. Pero a pesar de mis reservas, Mundo Grúa es un debut muy auspicioso, con un personaje central memorable, que sorprendió a propios y extraños cuando fue estrenada en 1999.

El buen recibimiento obtenido por su debut le permitió a Trapero más recursos para realizar su segunda película, El Bonaerense (2002), la cual incluso fue seleccionada para la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes. Aquí el personaje principal es el Zapa, un cerrajero de un pequeño pueblo que se ve involucrado en un robo por lo que, para evitar ser apresado, huye a Buenos Aires. Una vez ahí, y gracias a las conexiones de su tío, logra entrar a la academia policial a pesar de tener una edad mayor al límite.

El Bonaerense es filmada a color pero con un estilo neo-realista, crudo y granulado muy parecido a Mundo Grúa. Pero si esa película se enfocó más que todo en el tema del desempleo, está trata este tema pero lo une con el problema de la corrupción sistematizada del aparato policial argentino. Pero la corrupción no se encuentra solo en la policía, esto es solo un síntoma de un problema cuyas raíces se encuentran en lo más profundo de las clases gobernantes. Para Trapero, Buenos Aires, el centro político y económico de Argentina, es sinónimo de corrupción y esta logra manchar tanto al político más ladrón como al policía de la estación más cercana. Pero por toda su crítica, El Bonaerense no moraliza, sino que toma un paso atrás y simplemente se encarga de mostrarnos su historia con una impersonalidad casi objetiva. Esta es la película más aclamada y conocida de Tropero; y con buena razón.

Justo cuando pensábamos que Trapero se iba a convertir en el director de la degradación social, nos tira una bola curva con Familia Rodante (2004), película en la que, como bien lo indica su nombre, una familia hace un viaje en una casa rodante de Buenos Aires hasta Misiones con la intención de asistir a una boda de un familiar que ni siquiera conocen. Esta es la película más light y accesible de Trapero por lo que tal vez pueda ser considerada como su menos estimulante. Pero si bien no es tan cargada como sus otros filmes, Familia Rodante es muy entretenida y disfrutable; con un gran ensemble de personajes que logran que los minutos se pasen volando.

Si bien la película no puede evitar caer en algunos clichés del genero de road movies (los desperfectos mecánicos del carro son la orden del día) las conflictivas relaciones entre los personajes y un subtexto de tensión sexual entre algunos de ellos mantienen la tensión dramática en un alto nivel. Mención especial tiene que ir para Graciana Chironi, la abuela de Trapero en la vida real, que interpreta a la matriarca de la familia y es la responsable de mantener unida a esta disparatada amalgama de personajes. Su expresión facial en los segundos finales de la película, que pareciera resumir todo su descontento con su familia y el estado de la sociedad en general, es un momento sobresaliente de toda la filmografía de Trapero.

Nacido y Criado, su cuarta película lanzada en el 2006, inicia de la manera más blanda y poco interesante posible: con una joven pareja de acaudalados y atractivos diseñadores de interiores quienes viven en su impecable casa modernista con su adorable hija de 7 años. Los primeros quince minutos de la película se encargan de presentar con lujo de detalles lo idílicamente aburrida que puede ser la cotidianidad de esta familia, hasta el punto que rápido se hace evidente que una catástrofe es inminente. En esto Trapero no falla: la familia sufre un grave accidente automovilístico y todo se va a la mierda.

En un tiempo indeterminado después del accidente, nos volvemos a encontrar con Santiago, el padre de la familia, quien ahora está viviendo una existencia precaria trabajando como operario de un aeropuerto prácticamente abandonado en la Patagonia argentina. Las condiciones climatológicas son hostiles, el trabajo es casi inexistente, el entretenimiento se reduce a una sola taberna de pueblo y la única compañía son sus compañeros de trabajo Robert y Cacique. Rápidamente se hace claro que Santiago está escapando de la memoria del accidente, por lo que frecuentemente es victima de ataques de rabia, convulsiones y alucinaciones. Nacido y Criado es una exploración de la culpa y el conflicto emocional en el que la severidad y adversidad del paisaje patagónico funcionan como reflejos del conflicto emocional que sufre Santiago en su interior. Un filme difícil, desconcertante y doloroso, Nacido y Criado es, en mi opinión, el punto alto de la filmografía de Trapero (aunque no sea una opinión muy compartida) y un gran ejemplo de su creciente dominio del lenguaje cinematográfico.

Leonera es la ultima película de Trapero y tuvo el merito de haber competido en la Selección Oficial del Festival de Cannes del año pasado. Julia (interpretada de una manera casi visceral por Martina Gusman, esposa de Trapero en la vida real y quien, en un mundo perfecto, se hubiera ganado toda clase de premios por esta actuación) es una joven acusada por el asesinato de su novio en confusas circunstancias que no quedan del todo claras. Mientras se determina si es inocente o culpable de ese delito, Julia es enviada a una prisión para mujeres en las afueras de Buenos Aires. Pero hay un dato de no menor importancia: Julia está embarazada por lo que es recluida con las demás prisioneras embarazadas o con hijos (aparentemente según la ley argentina, una mujer encarcelada puede criar a su hijo en prisión hasta que este cumpla 4 años) . Julia, quien al inicio no pensaba en otra cosa más que abortar, se ve confrontada con la obligación de criar a su hijo en un ambiente completamente inapropiado para esta labor.

Leonera es muchas cosas: una critica del sistema judicial argentino, una mirada a las deplorables condiciones carcelarias, una exploración de la organización social y personal formada por las reclusas de estos centros de detención. Pero, principalmente, Leonera trata de una mujer y el amor que tiene por su hijo. Instinto maternal a su más crudo es lo que Trapero nos presenta en esta película por medio de la habilidad de estas madres para hacer todo por sus hijos aún en las condiciones más desfavorables. Con Leonera, Trapero termina de explotar en la escena cinematográfica mundial con un trabajo maduro que demuestra notable seguridad narrativa y una excelente dirección de actores.

Antes de cerrar este articulo, un par de consideraciones con respecto a la filmografía en general de Trapero. La primera tiene que ver con la manera casi impresionista en que se desarrollan los personajes en estas películas. No siendo amigo de dar demasiado trasfondo en la vida de estos, Trapero se limita a darnos en cada escena breves pinceladas de la vida y personalidad de estos personajes, pinceladas que para el final de la película terminan formando un cuadro entero en el que nos sentimos familiarizados con estos personas aún cuando sabemos relativamente poco de su vida pasada. Los personajes son desarrollados poco a poco, sus cambios y sus transformaciones son manejadas de manera sutil y casi que sorpresiva; Trapero humaniza a estos personajes frente a nuestros propios ojos de una manera casi imperceptible.

El segundo aspecto tiene que ver con las locaciones en las que se desarrollan estas películas. En una reciente entrevista que leí, un músico holandés que vivió durante varios años en Argentina respondía a una de las preguntas (no recuerdo exactamente cuál era) diciendo que los bonaerenses, por su condición de vivir en un puerto, siempre habían tenido su mirada dirigida hacia afuera, hacia el otro lado del Atlántico. Pero que desde la crisis política y económica de inicios de década, los bonaerenses cada vez más veían para adentro y mostraban más interés por los encantos que guardaba su inmenso país. No sé que tan cierto sea esto, pero a como sea, Trapero es el representante cinematográfico de ese “ver para adentro”. Identificando a la ciudad capital directamente con esa corrupción que llevó a la crisis, Pablo Trapero busca en el interior de su país un lugar para exorcizarse de esa desintegración social con la que relaciona a los conglomerados urbanos de Buenos Aires. Ya sea Comodoro Rivadavia en el caso de Mundo Grúa, o Misiones en Familia Rodante, la Patagonia en Nacido y Criado o la frontera con Paraguay en Leonera; los personajes de estas películas siempre buscan escapar hacia un lugar más seguro, más inocente, más humano.

Si este artículo suena excesivamente positivo en algunas partes, me tendrán que disculpar. Estas películas no son perfectas y a todas se le pueden encontrar problemas, ya sea en su pacing, en el desarrollo de sus personajes secundarios o en su tendencia a dar vueltas alrededor de la trama antes de llegar al desenlace. Pero mi entusiasmo se debe a la siempre grata sorpresa de encontrar a un director del que no conocía nada y del que ahora ya no puedo esperar para ver su siguiente propuesta.

viernes, 29 de mayo de 2009

El Eternauta

El Eternauta es una historieta argentina escrita por Hector Germán Oesterheld y dibujada por Francisco Solano Lopez. Fue publicada de 1957 a 1959 en la revista Hora Cero Semanal y ha sido reeditada en forma de libro varias veces a lo largo de los años. Se le considera uno de los trabajos más importantes de la historia del cómic argentino.

A grandes rasgos, El Eternauta trata de una invasión extraterrestre a la Tierra y de los esfuerzos de un puñado de argentinos para proteger al planeta y, de paso, salvarse a ellos mismos. Los extraterrestres, para apoderarse del planeta y esclavizar a los humanos, utilizan todo un arsenal de malévolas herramientas como nevadas radioactivas (prácticamente toda la historia se sitúa en una desolada Buenos Aires cubierta por la nieve), temibles bestias llamadas Gurbos que destruyen el pavimento con solo caminar en él, lanzarayos pulverizadores, etc. Pero a pesar de que las posibilidades de victoria son casi nulas, los pocos humanos sobrevivientes siguen luchando convencidos de que es mejor morir valientemente en batalla antes que pasar el resto de sus días como esclavos a merced de los invasores.

El Eternauta es una obra profundamente humanista en la que se rescatan valores como el coraje, la esperanza y, especialmente, la solidaridad al mismo tiempo que funciona como una critica contra el imperialismo y la amenaza de los golpes de estado militares que siempre estuvo latente en la Argentina de los tiempos de Oesterheld. Después de esta primera parte del Eternauta, Oesterheld publicaría una secuela con un contenido político más marcado lo que lo llevó a tener problemas con los regímenes autoritarios que gobernaron Argentina durante los años 60's y 70's.

El mismo Oesterheld resultó ser una víctima más de estos regímenes militares al ser secuestrado por la junta del llamado Proceso de Reorganización Social en 1977. Sus restos nunca fueron encontrados. Pero antes de morir, dejó una marcada influencia en el cómic argentino siendo El Eternauta probablemente su obra cumbre. Entretenida, emotiva, inconformista, triste y, a la vez, esperanzadora; El Eternauta es una prueba más del gran poder subversivo que pueden tener las historietas en nuestras sociedades.

Si pueden, comprenlo. Pero si no, en Taringa es posible encontrar muchos links para bajar el cómic original y sus secuelas. Aquí va uno de ellos y otros links de interés.

El Eternauta en Taringa
Hector German Oesterheld en Wiki
El Eternauta en Wiki

Lucrecia Martel actualmente se encuentra en pre-producción de una adaptación para el cine de El Eternauta. Se espera que sea estrenada en el 2010/2011.