martes, 21 de septiembre de 2010

Cine en migración

Este mini-ensayo fue publicado originalmente hace unos días en el blog del Observatorio de Migración de Costa Rica. Lo reproduzco aquí con unas mínimas alteraciones.

El Norte (dir. Gregory Nava, 1983)

La migración es un proceso que suele ser desestabilizador y doloroso para aquellos que deben emprenderlo, los cuales se ven obligados a abandonar sus lugares de origen para arribar a países en los que muchas veces son discriminados o tratados como inferiores. Pero las migraciones también esconden un potencial creativo enorme, dando la oportunidad de que las tradiciones autóctonas de los migrantes y la cultura propia del país que los recibe se combinen de las maneras más interesantes, muchas veces creando expresiones artísticas enteramente originales.

El cine no escapa de esa tendencia. Solo basta con observar la vasta influencia en que tuvieron en los anales del cine directores como Fritz Lang, Billy Wilder y Ernst Lubitsch, alemanes que huyeron de la Alemania Nazi para afincarse en Estados Unidos y dejar una marca indeleble en la historia de Hollywood.

Hoy en día los directores migrantes y las películas que exploran el tema de la migración son más predominantes que nunca, en parte gracias a un mundo cada vez más globalizado en el que las fronteras se hacen difusas y la migración (legal e ilegal) se convierte cada vez más en un tópico de discusión común.

Tal vez una de las primeras películas contemporáneas en explorar el tema de la migración fue El Norte (1983), dirigida por el mexicano-estadounidense Gregory Nava, en la que un par de hermanos huyen de una Guatemala en plena guerra civil para tratar de encontrar un mejor futuro en “el norte”. La película combina elementos del realismo mágico con la “road movie” para presentar una visión por momentos optimista, pero finalmente trágica, de la migración ilegal hacia los Estados Unidos.

El director japonés-estadounidense Cary Fukunaga años después realizaría Sin Nombre (2009), una película de temática similar a El Norte pero que involucra elementos actuales como, por ejemplo, la pertenencia a las Maras.

Goodbye Solo (dir. Ramin Bahrani, 2008)

Ramin Bahrani
, un director iraní-estadounidense, es sin duda el principal exponente del cine de migrantes actualmente en Estados Unidos. Con películas como Man Push Cart (2005), Chop Shop (2007) y Goodbye Solo (2008), Bahrani explora las vicisitudes de diversos inmigrantes ilegales, ya sean pakistaníes, guatemaltecos o senegaleses, que intentan ganarse la vida de manera honrada en un ambiente muchas veces hostil pero que, finalmente, termina siendo un espacio para la amistad, la empatía y la superación.

En Europa, Fatih Akin, el director turco-alemán que recientemente fue el sujeto de un ciclo de cine en nuestro país, es uno de loso cineastas jóvenes más aclamados del continente. Reconocido por sus frenéticas películas en las que alemanes de origen turco se enfrentan a las diferencias culturales entre su nación de nacimiento y el hogar de origen de sus padres, Akin brinda una perspectiva diferente y fresca a un cine alemán que últimamente ha sido más conocido por explorar de su turbulento pasado político y militar.

La Haine (dir. Mathie Kassovitz, 1995)

Francia
se ha dado a conocer en los últimos años por sus problemas con la integración social y cultural de sus minorías migrantes, especialmente árabes y africanos. El cine de ese país no se ha mantenido al margen del tema y ya desde 1995 el director Mathieu Kassovitz impactó al mundo cinematográfico con La Haine (El Odio), una visión cruda y realista de la vida de tres amigos en los problemáticos y segregados banlieue a las afueras de París. Otros directores de origen africano, como el argelino Rachid Bouchareb y el tunesino Abdellatif Kechiche, han continuado resaltando en celuloide la vida de los inmigrantes y su contribución a la historia francesa.

Latinoamérica también tiene su sub-género de películas de migrantes, si bien no cuentan con el alto perfil de sus contrapartes estadounidenses y europeas. Ejemplos recientes de esto se encuentran en Bolivia (2001), del argentino Israel Adrián Caetano, un retrato neorrealista de un inmigrante boliviano tratando de ganarse la vida en Buenos Aires, y en El Camino (2008) de la directora costarricense (nacida en Rusia y de origen iraquí y chileno) Ishtar Yasin, el cual vuelve al formato de la road movie para presentarnos la travesía de un hermano y hermana que salen de Nicaragua hacia Costa Rica en busca de su madre.

El Camino (dir. Ishtar Yasin, 2008)

Estas últimas dos películas (al igual que varias de las otras aquí mencionadas) tienen finales que acaban en desdicha y falsas promesas. Pero una visión más optimista e idiosincrática se encuentra en Jonas Mekas, uno de mis cineastas preferidos. Mekas es un inmigrante lituano que se convirtió en una de las figuras principales de la escena avant-garde neoyorquina de los 60’s y 70’s. Sus filmes cuentan con la particularidad de que en realidad son collages de las películas caseras filmadas compulsivamente por Mekas desde el momento en que llegó a Nueva York.

Películas como “Lost, Lost, Lost” (1976) y “Walden” (1969) no solo son sirven como documentación de la escena artística de Nueva York de su época, sino que también son un registro singular de la experiencia del inmigrante en una nueva tierra, llena de oportunidades y de novedosas posibilidades de expresión.

Jonas Mekas y su cámara

Mekas es uno de los fundadores de Anthology Film Archives, uno de los archivos de cine experimental más importantes del mundo, y recientemente volvió a Lituania , en medio de una gran expectativa, para inaugurar el Jonas Mekas Visual Arts Center, el espacio de experimentación artístico más notorio de ese país del Báltico. Un ejemplo más del hijo pródigo que regresa triunfal a su país luego de alcanzar el éxito afuera. La esperanza de todo inmigrante.

domingo, 29 de agosto de 2010

Requiem por Detroit? (Julien Temple, 2010)


En posts anteriores en Discos La Chop Shop he tocado brevemente temas relacionados con afro-futurismo y distopía musical post-industrial, principalmente en relación con Robert Hood, su más reciente disco Omega y su trabajo en general con Underground Resistance, la agrupación de detroit techno más militante y políticamente provocadora.

En esa ocasión mencioné que el hecho de que el lugar de nacimiento del techno haya sido en Detroit no fue ningún accidente, ya que los inquietantes sonidos del género se corresponden con la lenta caída y ruina de la que supo ser una de las mayores ciudades norteamericanas. La música básicamente nos presenta una visión de Detroit como ciudad pionera de la post-industrialización primermundista.

Es ese carácter de Detroit como ciudad post-industrial que el cineasta Julien Temple explora en su reciente documental "Requiem for Detroit?", el cual fue realizado para la BBC y estrenado a inicios de este año. La tesis del documental es que Detroit es una ciudad en ruinas, desierta, peligrosa, sumida en la pobreza y abandonada a su suerte por sus antiguos ciudadanos adinerados (la mayoría blancos) que decidieron irse a vivir a los apacibles suburbios situados en las afueras de la urbe.

La película aprovecha para realizar un repaso por la historia de Detroit, poniéndole especial atención a los inicios de la industria automotriz y su impacto en el desarrollo de la ciudad. Cuna del fordismo, de la línea de ensamblaje y hogar de las Tres Grandes compañías automovilisticas de Estados Unidos, Detroit era un símbolo del futuro de la humanidad, una ciudad a la vanguardia mundial en los campos de mecanización y tecnología. Debido a esto, miles de personas migraron hacia la ciudad en busca de trabajo, convirtiendo a Detroit en la cuarta ciudad más grande de los Estados Unidos a mediados de siglo pasado. Dentro de esos trabajadores, se encontraba una gran cantidad de negros quienes, huyendo de la pobreza y la discriminación que sufrían en el Sur del país, realizaron la Gran Migración hacia Detroit (entre otras ciudades del Norte y Pacífico).


Pero la discriminación y el prejuicio no estaban ausentes en Detroit y los trabajadores negros y sus familias fueron obligados a vivir en barrios designados especialmente para su raza. Si un negro quería pasarse a vivir a un barrio de blancos, Temple nos cuenta, estos lo acosaban de tal manera que no había remedio más que irse del barrio. Lo que había en Detroit, como en muchas otras ciudades estadounidenses, era un estado virtual de apartheid en el que las zonas pobladas por negros contaban con servicios de menor calidad, provocando el descontento de su población.

Además, varios barrios afroamericanos fueron destruidos por el gobierno local con la intención de construir más carreteras y autopistas, aprovechando así el ímpetu automovilistico de la ciudad. Eventualmente los ghettos estallarían en llamas en 1967 en rebelión abierta contra los intereses políticos, económicos y sociales que los seguían discriminando.

Ante esta revuelta, la mayoría de blancos abandonaron la ciudad por los suburbios, al punto de que actualmente Detroit es una ciudad con una población negra del 81.3%. Pronto, la industria automotriz se vería severamente afectada por la competencia europea y japonesa y, al no poder reestructurarse, comenzó a perder su cuota de mercado. Las fábricas empezaron a cerrar, el desempleo aumentó vertiginosamente y con él también lo hizo la pobreza y la criminalidad. Por mucho tiempo dependiente de una sola industria, Detroit no encontró forma de superar la caída de las Tres Grandes. La crisis inmobiliaria y financiera de los últimos años vendría a ser el golpe final a los ya falseados cimientos de la ciudad.


El documental le dedica buena parte de su tiempo a relatar toda esta historia, con base en fotografías, newsreels, extractos de otras películas, sonidos de la variada tradición musical de la ciudad y entrevistas con algunos de sus habitantes nativos. Pero lo que en realidad le interesa a Temple es el presente de Detroit y la aparentemente desesperada situación en la que se encuentra.

Y es aquí cuando la película entra en terreno problemático. La estrategia seguida por Temple para mostrarnos la degradación de la ciudad es la de filmar a varios de sus entrevistados mientras conducen, usualmente en descapotados, por las calles de Detroit. Pero no son cualquier calle ya que, con unas pocas excepciones, da la impresión de que las áreas más visitadas por nuestros conductores-guías son aquellas que pertenecen a los barrios más económicamente deprimidos de la ciudad.

No solo eso, sino que Temple siente la necesidad de enfatizar el aspecto post-apocalíptico de estos barrios con la introducción de efectos de sonido "dramáticos" y "peligrosos" como balazos y el ruido de vidrios rompiéndose, lo cual le da un aspecto artificial al documental y da la impresión de de que la película no es tanto una visión de la ciudad tal como es, sino que sigue una visión particular de sus creadores.


Eso no tiene en sí nada de malo. Todos sabemos que es mentira que los documentales son completamente objetivos, tal cosa es imposible. Pero Temple, quién no conocía Detroit hasta unos meses antes de empezar a filmar el documental, evidentemente quedó fascinado por aquellas zonas de la ciudad que más han sufrido las vicisitudes económicas y por lo tanto enfocó su película en esa dirección. Esto va unido con un pensamiento que se encuentra plasmado por todo el documental de que Detroit es el primer ejemplo de la ciudad desarrollada del futuro, una ciudad "post-Americana" y post-industrial en la que las ruinas de los edificios abandonados empiezan a ser tomadas por la vegetación, las bandas de criminales peligrosos controlan los barrios y las calles de la ciudad se encuentran perturbadoramente vacías.

El último ejemplo, el de las calles de la ciudad en estado de solitud, parece especialmente manipulado por el director. En una escena, uno de los conductores asegura estar manejando por una de las arterias principales de Detroit en "hora pico" y la imagen nos muestra si acaso a 3 o 4 carros más pasando por la autopista. Cierto, Detroit ha perdido casi 2/3 de la población que tenía en los 50's. Pero esta es una ciudad que todavía cuenta con más de 900.000 habitantes. Ciudades más pequeñas como la nuestra, San José, sufren de congestiones viales considerables a todas esas horas. Es imposible que una ciudad como Detroit no las experimente.


Ese ejemplo se inscribe en esa línea de mostrar a Detroit como una ciudad de un futuro distópico. Al ver el documental, uno jura que en Detroit ya no vive nadie, excepto negros desempleados y drogadictos, pero eso claramente no es así. Detroit se sabe que es una ciudad problemática que enfrenta enormes desafíos pero Temple parece encontrar particular interés en los aspectos negativos de la ciudad, dejando de lado cualquier otro tipo de consideración acerca del presente de la ciudad. A excepción de, y esto vale la pena resaltarlo, un breve rayo de esperanza al final del documental, básicamente la razón por la que el título de la película tiene un signo de interrogación al final.

No, el futuro de Detroit no está en la revitalización económica e infraestructural del centro de la ciudad, ni en la atracción de mayores inversiones o en un mejoramiento del servicio de transporte público. El futuro de la ciudad, según Temple, pareciera encontrarse en actividades innovadoras como la agricultura urbana, la cual ha tomado auge en algunos sectores de la ciudad, especialmente en aquellos en que propiedades han sido quemadas o abandonadas. Esos terrenos dejados al olvido ahora son utilizados por los habitantes de esos barrios para sembrar huertas, ayudando a regenerar el aspecto visual y social de los barrios al mismo tiempo que garantiza una alimentación saludable a quienes se benefician de los productos del huerto, incluso con la posibilidad de comerciar el excedente.

Lamentablemente la película no ahonda en detalle acerca de iniciativas como esta o la del Projecto Heidelberg, un proyecto artístico ideado por Tyree Guyton que busca regenerar un barrio de Detroit por medio del arte. Las menciones a estas actividades son incluidas en una especie de epílogo que busca dejar espacio para la esperanza, pero el grueso de la película se enfoca en el "réquiem" más que en el "?".


Requiem for Detroit? es un documental interesante y provocador, recomendado para aquellos que quieran conocer más del ascenso y caída de una gran ciudad. Pero una más profunda exploración de las posibilidades de regeneración e innovación en las ciudades post-industriales del siglo XXI quedará como tarea pendiente para otro documental.

Requiem for Detroit? se puede ver entera aquí por medio de YouTube.


martes, 24 de agosto de 2010

Café Lumiére / Reflexiones de un escritor improvisado / El Portalvoz

La última vez que fuimos a Disneyworld, hace ya algunos años, mis padres decidieron rentar un carro y conducir ellos mismos. Por consiguiente, nos perdíamos casi diariamente. Mi padrastro, como todo hombre de cualquier clase social, no se inmutaba y nos aseguraba que no había de qué preocuparse, que pronto encontraría el hotel. Durante estos frecuentes paseos nocturnos por las calles de Orlando, yo miraba por la ventana, cegado por las brillantes luces del Primer Mundo.

Pero después de algunos días, el panorama me empezó a aburrir y poco a poco me fui dando cuenta de la razón por la que siempre nos perdíamos. No era exactamente porque mi padrastro fuera un conductor incompetente. Era, más que todo, porque cada entrada, cada cuadra y cada avenida eran prácticamente iguales la una de la otra.

- Las ciudades del futuro


Mi más reciente columna para 89decibeles fue publicada el jueves de la semana pasada. En ella hablo de las "ciudades del futuro" y de algunas películas que muestran una visión particular acerca de lo que el futuro puede traer para nuestra ciudades, con especial énfasis en Requiem for Detroit, un interesante documental del británico Julien Temple acerca de una de las ciudades más peligrosas y deprimidas de Estados Unidos (espero colgar un review de ese documental en los próximos días).

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La escritura de esta última columna fue interesante para mí ya que mi modus operandi al escribir estas columnas usualmente consiste en escoger un tema un par de semanas antes de la fecha de publicación, hacer una lista de películas vinculadas a ese tema, verlas y luego escribir la columna la noche antes o, incluso, en la madrugada del día de publicación.

Pero esta vez no escogí un tema sino que decidí enlazar varias de las películas que estuve viendo últimamente con la música de la que he escrito en Discos La Chop Shop y tratar de encontrar los puntos en común. Además, la empecé a escribir con varios días de antelación. El resultado de eso fue que la columna estaba quedando como una incoherente y fragmentada meditación acerca de Detroit, el techno, el afrofuturismo y la música militarista, ENTRE OTRAS COSAS.

Por ahí de las 2 de la mañana del mismo jueves pasado me di cuenta que no me gustaba para nada como estaba quedando, le alteré algunas cosas, agregué un par de menciones a películas y una que otra anécdota y, voilá, terminé con una columna dedicada a las ciudades del futuro.

Por alguna razón encuentro más beneficiosa esa manera un poco improvisada de escribir estas columnas. No es exactamente improvisada, las cosas de las que escribo llevan en mi mente un buen rato, pero el escribir la noche o madrugada antes del día de publicación me obliga a darle coherencia a mis pensamientos en una carrera contra el tiempo. Lo cual es bueno para un procrastinador como yo.

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Se me había olvidado anunciarlo, pero desde hace un par de semanas algunos de los posts de este blog y de Discos La Chop Shop serán re-publicados por El Porta (L) Voz, una revista cultural digital de la Asociación de Televisiones Educativas y Culturales Iberoamericanas. Hace un par de semanas re-publicaron un repaso a la filmografía del director chileno Andrés Wood que había escrito originalmente en este blog hace ya varios meses.

Pueden encontrarlo aquí, con fotos más grandes y, en general, una publicación más atractiva que la de este blog (y una mini-biografía de yours truly!).

martes, 27 de julio de 2010

Siempre quise ser un gángster (Samuel Benchetrit, 2007)




Pero no en el siglo 21.

Eso es lo que nos parece decir Samuel Benchetrit en esta nostálgica película llena de humor negro. Compuesta por 4 viñetas separadas más un epílogo, Siempre quise ser un gángster es un filme dedicado a criminales fracasados, ladrones amateur y delincuentes cuyos mejores momentos sucedieron hace mucho tiempo. Lejos de exaltar la figura del gángster, como hasta cierto punto lo hace la película que inspiró su nombre, lo que hace Benchetrit es demostrarnos humoristicamente que la era del criminal glamouroso, atractivo e ingenioso ya pasó a la historia.

Pero, más allá de las buenas actuaciones y el fino guión, lo que logró que la película se me grabara en la mente, hasta el punto que ya la he visto 3 veces, es la conexión que realiza entre la desaparición del clásico gángster y la creciente alienación urbana de los suburbios franceses. Benchetrit sitúa a su película no en una ciudad (ni siquiera sabemos en qué parte de Francia ocurre la acción) sino en un entramado interminable de autopistas, funcionales edificios de apartamentos y restaurantes al borde del camino. Todas estas carreteras y edificaciones se ven prácticamente iguales la una de la otra, lo que resalta el sentimiento generalizado de desorientación del que sufren estos criminales frustrados.



Esta desorientación se observa más explícitamente en el segmento dedicado a los viejos gánsters retirados, quienes, al volver a los lugares de sus antiguas fechorías, encuentran una cafetería (en vez de su escondite) y un McDonald's (en lugar de un banco al que solían robar). Su intento por un último golpe en ese restaurante se ve frustrado, como al igual se ven frustrados casi todas las fechorías retratadas en esta película.

El viejo arquetipo del gángster cinematográfico se encuentra a sí mismo perdido en el estéril entramado de concreto de los suburbios modernos. ¿La pérdida de un iluso sueño infantil como metáfora del fracaso del plan urbano modernista? ¿Un ejemplo cinematográfico de determinismo ambiental en la mente criminal? Siempre quise ser un gángster es un ejemplo de una película que trasciende su tema principal para explorar temas que afectan a nuestras sociedades y ciudades contemporáneas.



Viendo estas imágenes, es evidente la influencia de Antonioni (especialmente películas como L'Avventura y L'Eclisse) en la concepción visual de Benchetrit para esta película. Y al igual que las cintas de Antonioni, este filme tiene a una atractiva actriz en su centro. Sin tener esa expresión de vacío existencial que caracterizaba a Monica Vitti, Anna Mouglalis logra reflejar una combinación de seguridad, tristeza y humor que evita que la película se pierda en sus ocasionales diálogos Tarantinescos.

Mouglalis, además de ser su pareja en la vida real, también será la actriz principal de la próxima película de Benchetrit, Chez Gino. Ojalá que sea solo el inicio de una fructífera colaboración en la pantalla grande.



En el Corazón de la Ciudad (No Hay Amor)

Cuando era joven, más joven de lo que soy actualmente, solía decir que la ciudad no era lo mío. Que lo que a mí me gustaba era la vida en el campo. Una casa en la montaña, rodeada de pinos, envuelta en la bruma. Ese era el sueño. Pero con el paso del tiempo, y a pesar de mi disgusto generalizado por cosas como los molotes y ruidos excesivos que son características del entorno citadino, descubrí cada vez más que sufría de un inexplicable apego a la ciudad; llegando hasta el punto de darme cuenta que, si no estoy en la ciudad, me siento como un extraño.
-(No Hay Amor) En el Corazón de la Ciudad

Así empieza mi más reciente columna para 89db. En ella hablo un poco de mi relación ambivalente con la ciudad (en este caso, San José) al mismo tiempo que aprovecho para darle un repaso a algunas películas que han tocado el tema de la ciudad como eje central: Berlín: Sinfonía de una Gran Ciudad, Koyaanisqatsi, My Winnipeg, Of Time and the City, Los Angeles Plays Itself y London.

Aún cuando no soy una persona muy tolerante de aspectos como los gentíos, la contaminación y el ruido excesivo de las grandes ciudades del mundo, los intentos por capturarlas a estas en celuloide me fascinan. Es más, una película puede ser mediocre, que si logra capturar un ambiente urbano de alguna manera interesante, eso es todo lo que necesito para que me guste la película. En los próximos días espero exponer un poco más mi interés por la cinematografía urbana en este blog.

También el mes pasado publiqué una columna relacionada con el tema de los movimientos revolucionarios setenteros en los países desarrollados, utilizando como ejemplo a La Chinoise, The Baader-Meinhof Komplex y United Red Army. Pueden leer la columna aquí y el resto de mis columnas por acá.

domingo, 30 de mayo de 2010

Always for Pleasure (Les Blank, 1978)


Aquí en La Chop Shop hemos estado siguiendo fielmente a Tremé, la nueva serie de nuestro genio de la televisión favorito, David Simon (ya he hablado de mi apreciación por su trabajo aquí). Una exploración de la ciudad de New Orleans unos meses después del paso devastador del Huracán Katrina, Tremé hasta el momento ha dejado de lado la indagación acerca de las instituciones y estructuras de poder que caracterizó a The Wire para enfocarse en las personas normales y corrientes de la ciudad que luchan por reconstruir sus vidas luego de la inundación.

Claro, el concepto de "normal y corriente" en New Orleans es un poco diferente al que nosotros probablemente podamos tener. Y eso es lo que en parte nos demuestra Always for Pleasure, un documental de Les Blank de 1978 que sirvió de inspiración para los creadores de Tremé a la hora de desarrollar la serie. A Blank lo conocía de un par de documentales centrados en el iconoclasta director alemán (y prócer aquí en el blog) Werner Herzog, Burden of Dreams y Werner Herzog Eats His Shoe, pero también ha hecho carrera realizando documentales acerca de algunas de las escenas musicales más incomprendidas de Estados Unidos como el tex-mex y la polka.

New Orleans y sus tradiciones culturales eran un tema natural para un documentalista como este y Always for Pleasure es el resultado de las grabaciones realizadas por Blank durante la época de carnaval en la ciudad. La película cuenta con pocas entrevistas y las que hay usualmente son muy cortas, lo que el documental intenta hacer no es tanto explicar New Orleans, sino experimentar New Orleans, vivirlo, de cierta manera. Por lo tanto, la cámara participa como uno más en los funerales característicos de la ciudad (jazz funerals, les dicen algunos), en las alegres segunda-líneas, en las celebraciones callejeras del Día de San Patricio (en NOLA, hasta los blancos bailan jazz en la calle) y, claro, en el famoso Mardi Gras.

Buena parte del documental se enfoca en los tribus indias de Mardi Gras, grupos de afro-americanos que se disfrazan con elaborados trajes de indios en fechas especiales como Mardi Gras y el Día de San José. Se dice que la tradición de vestirse como indios empezó como un tributo por parte de los negros a las tribus nativas que acogieron a esclavos fugitivos y lucharon contra el hombre blanco. Y como no puede faltar, también hay un segmento dedicado a la comida de New Orleans en el que nos enseñan como preparar "red beans and rice" y la manera correcta de comer crawfish (o "cangrejo de río").

Para los que han visto Tremé, algunas de estas cosas no serán nuevas. Pero siempre es más interesante ver estas tradiciones y expresiones culturales de primera mano. Si algo tiene de malo este documental, más bien, es que es muy corto. Con apenas 58 minutos de duración, uno se queda pidiendo más.

Otro documental que inspiró a David Simon para hacer Tremé es "Faubourg Tremé: The Untold Story of Black New Orleans" pero no lo he logrado encontrar. Always for Pleasure sí lo encontré, después de mucho escudriñar la web. Queda ampliamente recomendado para todos aquellos fanáticos de Tremé, amantes de New Orleans o simplemente aquellos que quieran dar una mirada a una de las ciudades más idiosincráticas, anárquicas y sorpresivas del continente.

Banjenlo aquí (megaupload).


domingo, 9 de mayo de 2010

Cámara africana

De una forma similar, cuando los franceses y belgas introdujeron el cine a sus colonias en África, la proyección de películas estaba prohibida para los africanos. Esto porque se argumentaba que los africanos no entenderían lo que estaban viendo, se confundirían con las misteriosas imágenes y, por lo tanto, quemarían el lugar y se violarían a unas cuantas blancas. O, peor aún, a lo mejor a esos africanos se les ocurriría hacer sus propias películas y así podrían contar su propia versión de la historia. Para horror de aquellos viejos colonos europeos, lo que sucedió fue lo segundo.
-Luces africanas
A inicios de esta semana se publicó en 89decibeles mi más reciente columna, esta vez dedicada al cine africano. Ya que se asoma el Mundial y África está a punto de estar en la boca de todos, decidí acercarme al cine africano, del que honestamente no conocía prácticamente nada. Estas últimas semanas casi que solo me he dedicado a ver películas africanas y el resultado fue esa columna/artículo. A lo mejor en los próximos días escriba en este blog un poco más acerca de las películas que ví, pero por el momento les dejo la columna.

Y si quedaron con ganas de más, recuerden que pueden revisar todas las columnas que he escrito para 89decibeles aquí.