martes, 27 de julio de 2010

Siempre quise ser un gángster (Samuel Benchetrit, 2007)




Pero no en el siglo 21.

Eso es lo que nos parece decir Samuel Benchetrit en esta nostálgica película llena de humor negro. Compuesta por 4 viñetas separadas más un epílogo, Siempre quise ser un gángster es un filme dedicado a criminales fracasados, ladrones amateur y delincuentes cuyos mejores momentos sucedieron hace mucho tiempo. Lejos de exaltar la figura del gángster, como hasta cierto punto lo hace la película que inspiró su nombre, lo que hace Benchetrit es demostrarnos humoristicamente que la era del criminal glamouroso, atractivo e ingenioso ya pasó a la historia.

Pero, más allá de las buenas actuaciones y el fino guión, lo que logró que la película se me grabara en la mente, hasta el punto que ya la he visto 3 veces, es la conexión que realiza entre la desaparición del clásico gángster y la creciente alienación urbana de los suburbios franceses. Benchetrit sitúa a su película no en una ciudad (ni siquiera sabemos en qué parte de Francia ocurre la acción) sino en un entramado interminable de autopistas, funcionales edificios de apartamentos y restaurantes al borde del camino. Todas estas carreteras y edificaciones se ven prácticamente iguales la una de la otra, lo que resalta el sentimiento generalizado de desorientación del que sufren estos criminales frustrados.



Esta desorientación se observa más explícitamente en el segmento dedicado a los viejos gánsters retirados, quienes, al volver a los lugares de sus antiguas fechorías, encuentran una cafetería (en vez de su escondite) y un McDonald's (en lugar de un banco al que solían robar). Su intento por un último golpe en ese restaurante se ve frustrado, como al igual se ven frustrados casi todas las fechorías retratadas en esta película.

El viejo arquetipo del gángster cinematográfico se encuentra a sí mismo perdido en el estéril entramado de concreto de los suburbios modernos. ¿La pérdida de un iluso sueño infantil como metáfora del fracaso del plan urbano modernista? ¿Un ejemplo cinematográfico de determinismo ambiental en la mente criminal? Siempre quise ser un gángster es un ejemplo de una película que trasciende su tema principal para explorar temas que afectan a nuestras sociedades y ciudades contemporáneas.



Viendo estas imágenes, es evidente la influencia de Antonioni (especialmente películas como L'Avventura y L'Eclisse) en la concepción visual de Benchetrit para esta película. Y al igual que las cintas de Antonioni, este filme tiene a una atractiva actriz en su centro. Sin tener esa expresión de vacío existencial que caracterizaba a Monica Vitti, Anna Mouglalis logra reflejar una combinación de seguridad, tristeza y humor que evita que la película se pierda en sus ocasionales diálogos Tarantinescos.

Mouglalis, además de ser su pareja en la vida real, también será la actriz principal de la próxima película de Benchetrit, Chez Gino. Ojalá que sea solo el inicio de una fructífera colaboración en la pantalla grande.



En el Corazón de la Ciudad (No Hay Amor)

Cuando era joven, más joven de lo que soy actualmente, solía decir que la ciudad no era lo mío. Que lo que a mí me gustaba era la vida en el campo. Una casa en la montaña, rodeada de pinos, envuelta en la bruma. Ese era el sueño. Pero con el paso del tiempo, y a pesar de mi disgusto generalizado por cosas como los molotes y ruidos excesivos que son características del entorno citadino, descubrí cada vez más que sufría de un inexplicable apego a la ciudad; llegando hasta el punto de darme cuenta que, si no estoy en la ciudad, me siento como un extraño.
-(No Hay Amor) En el Corazón de la Ciudad

Así empieza mi más reciente columna para 89db. En ella hablo un poco de mi relación ambivalente con la ciudad (en este caso, San José) al mismo tiempo que aprovecho para darle un repaso a algunas películas que han tocado el tema de la ciudad como eje central: Berlín: Sinfonía de una Gran Ciudad, Koyaanisqatsi, My Winnipeg, Of Time and the City, Los Angeles Plays Itself y London.

Aún cuando no soy una persona muy tolerante de aspectos como los gentíos, la contaminación y el ruido excesivo de las grandes ciudades del mundo, los intentos por capturarlas a estas en celuloide me fascinan. Es más, una película puede ser mediocre, que si logra capturar un ambiente urbano de alguna manera interesante, eso es todo lo que necesito para que me guste la película. En los próximos días espero exponer un poco más mi interés por la cinematografía urbana en este blog.

También el mes pasado publiqué una columna relacionada con el tema de los movimientos revolucionarios setenteros en los países desarrollados, utilizando como ejemplo a La Chinoise, The Baader-Meinhof Komplex y United Red Army. Pueden leer la columna aquí y el resto de mis columnas por acá.

domingo, 30 de mayo de 2010

Always for Pleasure (Les Blank, 1978)


Aquí en La Chop Shop hemos estado siguiendo fielmente a Tremé, la nueva serie de nuestro genio de la televisión favorito, David Simon (ya he hablado de mi apreciación por su trabajo aquí). Una exploración de la ciudad de New Orleans unos meses después del paso devastador del Huracán Katrina, Tremé hasta el momento ha dejado de lado la indagación acerca de las instituciones y estructuras de poder que caracterizó a The Wire para enfocarse en las personas normales y corrientes de la ciudad que luchan por reconstruir sus vidas luego de la inundación.

Claro, el concepto de "normal y corriente" en New Orleans es un poco diferente al que nosotros probablemente podamos tener. Y eso es lo que en parte nos demuestra Always for Pleasure, un documental de Les Blank de 1978 que sirvió de inspiración para los creadores de Tremé a la hora de desarrollar la serie. A Blank lo conocía de un par de documentales centrados en el iconoclasta director alemán (y prócer aquí en el blog) Werner Herzog, Burden of Dreams y Werner Herzog Eats His Shoe, pero también ha hecho carrera realizando documentales acerca de algunas de las escenas musicales más incomprendidas de Estados Unidos como el tex-mex y la polka.

New Orleans y sus tradiciones culturales eran un tema natural para un documentalista como este y Always for Pleasure es el resultado de las grabaciones realizadas por Blank durante la época de carnaval en la ciudad. La película cuenta con pocas entrevistas y las que hay usualmente son muy cortas, lo que el documental intenta hacer no es tanto explicar New Orleans, sino experimentar New Orleans, vivirlo, de cierta manera. Por lo tanto, la cámara participa como uno más en los funerales característicos de la ciudad (jazz funerals, les dicen algunos), en las alegres segunda-líneas, en las celebraciones callejeras del Día de San Patricio (en NOLA, hasta los blancos bailan jazz en la calle) y, claro, en el famoso Mardi Gras.

Buena parte del documental se enfoca en los tribus indias de Mardi Gras, grupos de afro-americanos que se disfrazan con elaborados trajes de indios en fechas especiales como Mardi Gras y el Día de San José. Se dice que la tradición de vestirse como indios empezó como un tributo por parte de los negros a las tribus nativas que acogieron a esclavos fugitivos y lucharon contra el hombre blanco. Y como no puede faltar, también hay un segmento dedicado a la comida de New Orleans en el que nos enseñan como preparar "red beans and rice" y la manera correcta de comer crawfish (o "cangrejo de río").

Para los que han visto Tremé, algunas de estas cosas no serán nuevas. Pero siempre es más interesante ver estas tradiciones y expresiones culturales de primera mano. Si algo tiene de malo este documental, más bien, es que es muy corto. Con apenas 58 minutos de duración, uno se queda pidiendo más.

Otro documental que inspiró a David Simon para hacer Tremé es "Faubourg Tremé: The Untold Story of Black New Orleans" pero no lo he logrado encontrar. Always for Pleasure sí lo encontré, después de mucho escudriñar la web. Queda ampliamente recomendado para todos aquellos fanáticos de Tremé, amantes de New Orleans o simplemente aquellos que quieran dar una mirada a una de las ciudades más idiosincráticas, anárquicas y sorpresivas del continente.

Banjenlo aquí (megaupload).


domingo, 9 de mayo de 2010

Cámara africana

De una forma similar, cuando los franceses y belgas introdujeron el cine a sus colonias en África, la proyección de películas estaba prohibida para los africanos. Esto porque se argumentaba que los africanos no entenderían lo que estaban viendo, se confundirían con las misteriosas imágenes y, por lo tanto, quemarían el lugar y se violarían a unas cuantas blancas. O, peor aún, a lo mejor a esos africanos se les ocurriría hacer sus propias películas y así podrían contar su propia versión de la historia. Para horror de aquellos viejos colonos europeos, lo que sucedió fue lo segundo.
-Luces africanas
A inicios de esta semana se publicó en 89decibeles mi más reciente columna, esta vez dedicada al cine africano. Ya que se asoma el Mundial y África está a punto de estar en la boca de todos, decidí acercarme al cine africano, del que honestamente no conocía prácticamente nada. Estas últimas semanas casi que solo me he dedicado a ver películas africanas y el resultado fue esa columna/artículo. A lo mejor en los próximos días escriba en este blog un poco más acerca de las películas que ví, pero por el momento les dejo la columna.

Y si quedaron con ganas de más, recuerden que pueden revisar todas las columnas que he escrito para 89decibeles aquí.

sábado, 3 de abril de 2010

The White Stripes: Under Great White Northern Lights

Si alguien me pregunta cuál es la banda más importante de la década pasada, seguro le respondería que son los White Stripes o Radiohead. Pero, si me presionan, probablemente me incline por los Stripes. A mí es que la música estadounidense tradicional me encanta y la forma en que los White Stripes la mezclan con ese sonido garage de Detroit termina por ganarle el pulso a las experimentaciones sónicas de los ingleses. Igual, mejor no compararlos.

En el departamento en que los Stripes definitivamente ganan es en el de la idiosincrasia. Desde las restricciones en su paleta de colores (solo usan el blanco, rojo y negro) hasta la historia de la supuesta relación hermano-hermana entre Meg y Jack, estos tipos han confundido a periodistas y fanáticos desde que se hicieron conocidos en la época del White Blood Cells.

Pues bueno, ahora, y después de un par de años en silencio, los Stripes regresan con un documental-concierto acerca de la gira que realizaron por Canadá en el 2007 para celebrar el décimo aniversario de la banda y de una vez promocionar su disco Icky Thump. Aunque siendo los Stripes lo que son, esta no iba a ser una gira como cualquier otra. No, la idea era visitar CADA UNA de las regiones y provincias canadienses (nada más el segundo país más grande del mundo) y, además de los shows programados, realizar mini-conciertos sorpresa en cualquier cafetería, parque o asilo de ancianos que se encontraran.

La premisa es suculenta y si algo se puede lamentar de este documental es que no vemos suficiente de estos conciertos improvisados ya que solo unos cuantos son presentados. El resto son amontonados en un montaje de, si acaso, 3 o 4 minutos. Es más, hay provincias enteras como Ontario y Saskatchewan de las que no vemos prácticamente nada. Uno asume que la banda las visitó pero en el documental brillan por su ausencia.

Ahora, eso es lo que no está, pero lo que SÍ está en el documental es oro. El documental básicamente está compuesto por tres fuentes de metraje: backstage de la gira, los conciertos y una entrevista en alguna cabina en quién-sabe-donde (dato curioso: en una parte de la entrevista aparece un tipo desconocido durmiendo en una cama detrás de Jack y Meg). De la entrevista no vamos a conocer nada muy personal acerca de Meg y Jack. O sea, Jack todavía asegura que Meg es su hermana mayor y el documental no va a contradecir nada de eso. Aunque sí es interesante escucharlo a Jack hablar de su gusto por las limitaciones auto-impuestas y como estas ayudan a que la creatividad florezca.

Lo más interesante del documental, entonces, son los conciertos y el backstage de la gira. Los Stripes son tremenda banda en vivo y las cámaras lo documentan de una manera espectacular. Aquí no hay nada de tecnología digital ni tomas acrobáticas al estilo de Shine a Light, no, para estar acorde con la preferencia análoga de la banda, casi todo está filmado en 16mm en blanco y negro (y un poco de rojo) que hace recordar a viejos rockumentales como Don't Look Back y Gimme Shelter. El resultado es una imagen granulada casi monocromática que le queda perfecta a la banda.

Con respecto al metraje de la gira, aquí es donde se nos presenta más a fondo la historia de dos tipos llamados Jack y Meg. En medio de las idiosincrasias de la gira (viajes en biplanos, conversaciones con alcaldes/traileros, bailes con miembros de los pueblos nativos canadienses), es en los momentos silenciosos en los que podemos conocer un poco más de la personalidad de los "hermanos". Por un lado, Jack, extrovertido, energético, inquieto; el ringleader de este circo. Por el otro lado, Meg, introvertida, tímida, silenciosa hasta el punto en que lo poco que dice tiene que ser subtitulado. En la escena final, Jack canta "White Moon" en un piano con Meg a su lado. Para quién exactamente están tocando no queda claro. El lugar pareciera ser alguna sala o salón sin audiencia aparente. Pero mientras Jack canta, Meg llora. Al final de la canción, Jack trata de consolar a Meg y la abraza.

La relación entre los dos, que en apariencia aparece distante pero que en realidad pareciera ser producto de una compenetración tan profunda que ya las palabras pasan a ser superfluas, bien puede considerarse como una relación entre hermana y hermano. Semanas después del fin de la gira por Canadá, Meg cayó en depresión y el resto de la gira fue cancelada. Los White Stripes se han mantenido en silencio desde entonces.

Bajenlo aquí o, si están forrados, compren el box set desde la página oficial de la banda.

sábado, 20 de marzo de 2010

Freaknik: The Musical


Hubo una época, cuando tenía unos 15 años, en la que me convertí en un adicto a Adult Swim. Mientras otros esperaban el fin de semana para embarcarse en sus primeras experiencias alcohólicas y libidinosas, yo lo esperaba para ver a una albóndiga parlante. Y si estaba en una fiesta u otra actividad social, me devolvía corriendo a cachear la repetición.

Bueno, eso fue como por tres meses. Después de ese tiempo, llegué a la realización de que Adult Swim era una completa estupidez, excepto que uno se encontrara completamente drogado en algún dorm universitario. Y como yo no estaba ni drogado ni en un dorm universitario, decidí separarme amigablemente de Adult Swim.

Cinco años después, nuestros caminos se volvieron a unir brevemente. Esto porque a T-Pain, el bufón oficial de la corte del hip-hop, se le ocurrió producir un especial animado para Adult Swim llamado "Freaknik: The Musical". Freaknik era un festival de spring break iniciado en los 90's por los estudiantes de las universidades históricamente negras de Atlanta que creció tan rápidamente que para fin de esa década atraía a 250.000 fiesteros. Evidentemente, las autoridades de Atlanta no iban a soportar a 250.000 borrachos deambulando por su ciudad y le cerraron el chinamo a Freaknik.

Pues bueno, aquí T-Pain interpreta al Fantasma de Freaknik (Freaknizzle) quién regresa a la Tierra para realizar una última y definitiva versión del famoso festival. Parte del festival incluye una batalla de rap, por lo que un grupo de jóvenes raperos de Florida realizarán el viaje hasta Atlanta con la esperanza de ganarse un "lifetime supply of money, clothes, and hoes". Por otro lado, los miembros de la Boule, sociedad secreta formada por las vacas sagradas de la comunidad afroamericana, intentarán por todos los medios arruinar los planes de Freaknizzle.

El humor, en general, es bastante estúpido. Y el especial no es tan divertido como pudo ser. Pero T-Pain como Freaknizzle es una cosa brillante (con Auto-Tune y todo!). Si el programa se hubiera enfocado más en Freaknizzle y menos en en el viaje de los raperos, Freaknik: The Musical sería desde ya un clásico de culto moderno. A como quedó, es una entretenida curiosidad.

Incluye las voces de T-Pain, Lil' Wayne, Snoop Dogg, Big Boi, Cee-Lo, Lil' Jon, Andy Samberg y Bill Hader, entre otros.

Este clip TODAVÍA me mata de la risa:



Si no lo han visto (y probablemente no lo han visto), bajen el show entero aquí (en hotfile).

viernes, 5 de marzo de 2010

Nuevos Cineastas Latinoamericanos: Claudia Llosa (Perú)

Visiten nuestro blog hermano, Discos La Chop Shop, para leer, bajar y escuchar un poco de la música "tradicional" peruana que aparece en estas películas.

Claudia Llosa nació el 15 de noviembre de 1976 en Lima, Perú. Es hija del director de cine Luis Llosa y sobrina del renombrado escritor y político peruano Mario Vargas Llosa. Se graduó como licenciada en Dirección de Cine en la Universidad de Lima y luego viajó a España para continuar sus estudios de cine en la Escuela de Artes y Cine TAI de Madrid. Luego tuvo la oportunidad de asistir al laboratorio de guiones del Festival de Sundance, en el que empezó a desarrollar el guión de lo que vendría a ser su ópera prima.

Madeinusa, lanzada en el 2006, se sitúa en un pequeño poblado indígena en los Andes peruanos llamado Manacuyana. Hasta ahí llega un hombre limeño, Salvador (Carlos de la Torre), quién, al no poder seguir su camino hasta una mina debido al mal tiempo, decide quedarse unos días en el pueblo. Ahí conoce a Madeinusa (Magaly Solier), quién se siente atraída por el extraño y tiene esperanzas de que él la lleve de regreso a Lima para buscar a su madre desaparecida. Aprovechando que se encuentran en la festividad del Tiempo Santo (los tres días desde Viernes Santo hasta el Domingo de Resurrección en los que, según la tradición del pueblo, Dios está muerto y por lo tanto puede ver los pecados), Madeinusa decide perder la virginidad con Salvador. Al mismo tiempo, Salvador encuentra una hostilidad cada vez mayor por parte de los pueblerinos quienes no están muy contentos con que un extraño haya arribado durante el Tiempo Santo.

Salgamos de lo evidente primero. La película se ve bellísima. Los dorados que uno imagina son comunes en un poblado a tanta altura sobre el nivel del mar (ya saben, el sol pega más directamente) están hermosamente retratados. Lo que es más, la locación en la que está filmada la película es idílica. Verdes campos, montañas nevadas, lagos cristalinos. Todos se ven hermosos. El primer tercio de la película incluso parece un documental etnográfico, todo es dedicado a las costumbres indígenas y el paisaje que los envuelve. La música es buen acompañante, lo único que pedimos de ella, y las actuaciones funcionan, especialmente la de Magaly Solier, que con suscara angulada y expresivos ojos negros puede decir mucho sin abrir la boca.

Bueno, todo eso muy lindo y correcto. Pero vamos a lo interesante. Como habrán notado al leer la sinopsis, la película está situada enteramente en un pueblo indígena durante la festividad del Tiempo Santo. Durante esta festividad, los indígenas, seguros de que Dios no los está viendo, le dan rienda suelta a sus instintos más primitivos. Toman chicha hasta el vómito, se roban los chanchos de las vecinas, manosean a las mujeres del pueblo y fornican con sus propias hijas. Difícilmente una muy buena imagen de los indígenas. ¿Qué termina de complicar el asunto? Que la fiesta del Tiempo Santo no existe. Ni tampoco existe el pueblo de Manacuyana. Todo es un invento de Llosa. Es cierto que los indígenas son bastante ignorados en la estrecha historia del cine peruano. Pero aquí llega Llosa, una limeña blanca de clase alta, al fin mostrándolos en el cine, pero como un grupo de borrachos y aprovechados incestuosos.

Y aquí entra en escena el personaje de Salvador. Éste es un personaje incomodo, colérico e ignorante de las tradiciones indígenas pero a la vez atraído por la belleza "exótica" de Madeinusa. El tipo nada más anda deambulando por el pueblo, tratando de perder el tiempo al mismo tiempo que se burla de los pueblerinos y, en una de esas, se la coge a Madeinusa mientras ésta está vestida de virgen (ya saben, por el Tiempo Santo y todo eso). ¿Qué nos quiere decir Llosa con este personaje y su interacción con los indígenas?

Aquí podemos escoger dos caminos: considerar que Llosa es racista (como más de uno considera a su tío) o que más bien está usando la ironía para criticar la típica representación del contacto entre blancos e indígenas. Veamos: el blanco limeño se llama Salvador (sí, el blanco protector de la civilización) quién llega al pueblo durante Tiempo Santo (en el que los indígenas caen en el oscurantismo) para salvar a Madeinusa (virginal, pura) de los indígenas primitivos con los que tiene que convivir y llevarla de regreso a Lima (la civilización, el centro). Eso es lo que la película nos presenta a primera vista. Pero me parece muy superficial considerar a esta como la lectura apropiada de la película.

Yo prefiero verlo así: el uso de Salvador como nombre del limeño blanco es irónico. Salvador no es ningún salvador ni mucho menos, es un tipo egoísta e incomprensivo que no soporta a los indígenas y cuyo destino final es una mina (o sea, la explotación). Lo único que consigue en el pueblo es cogerse (la forma en que tienen sexo solo merece el verbo coger) a la indígena atractiva y luego, un poco apenado, accede a llevarla a Lima con él. Pero Salvador no entiende a los indígenas y no solo no los entiende sino que no quiere entenderlos. Sus deseos, motivaciones y costumbres son inexplicables para él por lo que aún su tardía buena intención resulta fútil. Pero los indígenas no son ningunos santos, tampoco. Como los blancos, pueden ser egoístas, aprovechados e ignorantes.

Nadie se salva del ojo inquisidor de Llosa aunque su mensaje final resulta ser ambiguo. Es difícil negar que ante los ojos del público los indígenas quedan en una peor posición moral que Salvador. En mi opinión, y como ya lo expresé, Llosa está criticando solapadamente esa costumbre a simpatizar con el blanco y a horrorizarnos por las "salvajes" tradiciones indígenas. Pero es debatible si ese es el mensaje que la mayoría de la audiencia se va a llevar a casa.

La segunda película de Llosa, La Teta Asustada (2009), se enfoca en Fausta (Magaly Solier, de nuevo), una joven que vive con su familia en uno de los pueblos jóvenes a las orillas de Lima, asentamientos informales fundados a partir de los años 80 por inmigrantes del campo que huían de la violencia de las guerrillas. Fausta sufre lo que se conoce como "la teta asustada", una enfermedad en la que las madres que fueron violadas por los guerrilleros (o el Ejército) le transmiten el miedo y el sufrimiento a sus hijos por medio de la leche materna. Tal es el miedo que le tiene Fausta a la violación que recurre a meterse una papa en la vagina como forma de asegurarse que ningún hombre la querrá penetrar. La película comienza con la muerte de la madre de Fausta y sigue los esfuerzos de ésta para conseguir el dinero que le permita darle sepultura a su madre en el pueblo del que son originarias.

La Teta Asustada guarda muchas similitudes con su predecesora. Primero, cuenta con Magaly Soler en el papel principal. Segundo, se enfoca en una comunidad indígena. Tercero, presta gran atención a las costumbres y tradiciones de sus personajes. Cuarto, tiene influencias del realismo mágico, en el que la superstición se mezcla con la realidad para conformar las creencias de los indígenas. Pero si Madeinusa llevaba a un limeño a los Andes peruanos, en esta ocasión son los indígenas los que arribaron hasta Lima. Y llegaron para quedarse.

Como lo explica la sinopsis, los indígenas de La Teta Asustada emigraron debido a la violencia terrorista que castigó las zonas rurales del Perú, provocado por el largo conflicto entre la guerrilla del Sendero Luminoso y el Ejército peruano. A raíz de eso se provocaron gran cantidad de atrocidades, como las violaciones indiscriminadas, que obligaron a los habitantes de esas zonas a migrar a las dunas que rodean Lima. Esto provocó que las tradiciones propias de los indígenas y campesinos rurales se vieran mezcladas con las influencias modernizantes de la gran capital peruana.

Llosa le presta amplia atención a las prácticas culturales de estos personajes ya que la familia de Fausta tiene un negocio de planificación de matrimonios. Estas fiestas inevitablemente le parecerán, a nuestros ojos occidentalizados de clase media pa' arriba, como algo increíblemente kitsch y poco sofisticado, en el que los pobres de los barrios marginales intentan sin éxito imitar las costumbres de los citadinos al mismo tiempo que se niegan a eliminar a algunas de sus tradicionales rurales.

Esto le valió muchas críticas a Llosa, a quién acusaron de querer explotar una imagen atrasada del Perú para gusto de los mercados europeos en busca de exotismo tercermundista. A mí eso me parece a la típica reacción de la élite aburguesada que responde con escándalo ante cualquier trabajo que no presente a su país como una "sociedad moderna y avanzada". La película, al igual que Madeinusa, tiene una vocación etnográfica que me parece rescatable. Si así celebran sus matrimonios los habitantes de estos pueblos jóvenes, pues entonces vale la pena mostrarlo.

Con respecto a la película en sí, pues tiene un ritmo lento, más lento que Madeinusa. Llosa es una directora de lo que gusta llamarse cine-arte/cine-de-autor/cine-de-repertorio y esto usualmente implica que las películas se salen de los patrones convencionales de representación del tiempo y espacio. La cámara elige prestar su atención la mayor parte del tiempo a Fausta, la vemos cantando, caminando, limpiando, observando, cortándose las raíces de la papa que tiene en la vagina (no explícitamente, claro), etc. Toda la película descansa entonces en los hombres de Magaly Soler.

Para mí Soler cumple. Pero fiel al estilo de la película, su actuación es muy discreta y callada. El personaje de Fausta canta en quechua más de lo que habla. Pero como ya lo mencioné en relación con Madeinusa, el rostro y los ojos de Soler se me hacen muy expresivos y la joven guarda una belleza innegable. Más allá de los elementos culturales y etnográficos, esta es la historia de Fausta y de su miedo paralizante hacia los hombres y al mundo exterior en general. La represión interna de su personaje y de la actuación de Soler tienen sentido dentro del mundo de la película y, de alguna manera, representan la forma en que las heridas del pasado impiden a sociedad latinoamericanas como la peruana de avanzar en el camino al llamado progreso (sea lo que sea).

Claudia Llosa es una cineasta controversial que ha sido acusada de presentar una visión exótica del Perú, enfocándose en sus aspectos regresivos, primitivos y ordinarios. Pero también es de las pocas directoras latinas que se ha enfocado en las comunidades indígenas y en su cultura, incluso escogiendo a una indígena como actriz protagonista de sus dos películas (algo todavía más raro). En mi opinión, la mayoría de las críticas que le han sido dirigidas provienen de aquellos que estallan en furia ante cualquier representación negativa de su país o que consideran que los indígenas solo deben ser presentados como seres angelicales que viven en un contacto lírico con la naturaleza y que escapan de todos los vicios de nuestra vida moderna. O sea, los indígenas son todo lo que nosotros no somos. Llosa nos dice que no son tan distintos en ciertos aspectos como algunos piensan.

El asunto es complejo y se presta para mucha discusión. Yo no soy peruano ni experto en culturas indígenas por lo que puede que este análisis esté muy equivocado. Lo único que puedo afirmar es que Llosa me parece una cineasta valiente al tocar estos temas como el indigenismo, la pobreza y las secuelas del terrorismo y, aunque ninguna de sus dos películas me ha parecido particularmente sobresaliente, ciertamente la establecen como una de las cineastas más interesantes y comentadas de Latinoámerica. Para bien o para mal. Decídanlo ustedes, vean las películas.

La Teta Asustada se encuentra nominada al Premio Oscar a Mejor Película Extanjera. Es la primera película peruana en lograr esa distinción.